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Tres segundos

El diario Lanza de Ciudad Real publica hoy en su edición digital este artículo mio sobre la próxima demolición de la monumental torre de refrigeración de la Central térmica de Elcogás en Puertollano. Reproduzco aquí el artículo en "versión hipertextual", con los enlaces oportunos que ayuden a comprender mejor el relato.



Torre de refrigeración de la Central de Elcogás en Puertollano.

Tres segundos

Es lo que tardó en derrumbarse, a decir de los cronistas, la gran chimenea (en realidad, la torre de refrigeración) de la Central Térmica de Viesgo, antigua Sevillana, en noviembre de 2015. Una carga explosiva hábilmente colocada en puntos estratégicos de la grandiosa estructura hiperboloide la derribó suavemente en apenas un parpadeo de ojo humano. Con ella no solo desaparecía un icono principal de la historia reciente de Puertollano y, a la vez, un elemento simbólico de su patrimonio cultural, sino que se contribuía de un modo desolador a la difuminación de la identidad social y cultural de la ciudad y a la pérdida de la memoria colectiva de la localidad, que veía desaparecer, en tan solo tres segundos, un símbolo destacado de un pasado que, siendo tan reciente, se contempla ya muy distante. Menos de tres años hace que la chimenea de Sevillana se vino abajo entre nubes de polvo y desconsuelo y sin embargo muchos, porque así de frágil es la memoria humana, ya han comenzado a olvidar su imponente presencia y pronto muy pocos la recordarán como testigo de que un día no lejano la economía y la sociedad de Puertollano ocuparon un lugar muy diferente al de hoy.



La Chimenea de Sevillana, aunque fuera construida en 1972, representaba un elemento muy significativo del patrimonio histórico-cultural de carácter industrial en Puertollano, una riqueza artística y monumental que los ciudadanos no han alcanzado a valorar suficientemente todavía. Precisamente, intentando contribuir a la formación de una sensibilidad favorable hacia la conservación de las obras arquitectónicas y tecnológicas industriales de carácter histórico, el Consejo de Europa había dedicado al Patrimonio Industrial y Técnico las Jornadas Europeas de Patrimonio 2015, siguiendo las recomendaciones de organizaciones como E-Faith, que declaró 2015 Año Europeo del Patrimonio Industrial y Técnico, o la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, gracias a la cual por primera vez en la historia de estas Jornadas (creadas en 1991) la mayoría de los países se adhirieron a la propuesta de poner en valor la industria y tecnología como patrimonio en 2015. La preocupación institucional por el patrimonio industrial se ha manifestado durante los últimos años mediante la elaboración de documentos programáticos como la Carta de Nizhny Tagil sobre el Patrimonio Industrial, de julio de 2003 o, ya en España, el Plan Nacional de Patrimonio Industrial, aprobado en marzo de 2011.

Puertollano tampoco había sido ajeno a esta reivindicación patrimonial de lo que inicialmente se llamó “arqueología industrial”, habiéndose producido en la ciudad y su entorno una atractiva recuperación de parte de su patrimonio histórico minero. Una de las últimas actuaciones fue la conversión de la antigua estación eléctrica de la Central térmica de Calatrava (1917) en Pabellón Ferial, lo que no sólo ha permitido recuperar una interesante arquitectura que se hallaba en estado de abandono total, sino también dotar a la ciudad de un recinto expositivo de primera categoría. Ello se suma a anteriores intervenciones en esa misma línea (algunas tan osadas y polémicas como la transformación de la antigua escombrera de El Terri en un parque periurbano), entre las que podemos destacar la creación del Museo de la Minería en una cuenca recuperada paisajísticamente, la señalización de rutas de senderismo por itinerarios industriales o la instalación del imponente castillete metálico del Pozo de Santa María a la entrada del casco urbano, que ha terminado convirtiéndose en un emblema de la ciudad. Tales realizaciones están en línea con la tendencia actual que se observa en toda Europa de recuperar el patrimonio histórico minero e industrial para usos básicamente culturales y de ocio y que en muchas ciudades ha supuesto la rehabilitación y revalorización de zonas urbanas deprimidas.

Por eso, precisamente, se entiende menos la impasibilidad institucional y social que en su día se vivió ante la destrucción de un elemento tan relevante de la arquitectura emblemática de Puertollano. Tras su derribo, entre las escasas denuncias que pudieron leerse en la prensa local, conmovieron particularmente algunos testimonios individuales evocadores de tiempos de mayor esplendor, prueba de que la implicación emocional de los trabajadores de Puertollano va más allá de la simple consideración física o económica del edificio, sino que obras como esta y otras que todavía subsisten (pero, ¿por cuánto tiempo?) representan la memoria de unos tiempos que constituyen parte esencial de las vivencias íntimas de muchos ciudadanos de Puertollano y que su desaparición contribuye no solo a empobrecernos culturalmente sino a borrar paulatinamente unas señas de identidad colectiva que nos identifican, nos individualizan y nos enorgullecen como ciudadanos y como personas.

El error de la chimenea de Sevillana, que, no obstante su imponente significación histórica, no gozaba de ningún tipo de protección patrimonial (al igual que sucede, incomprensiblemente, con los elementos aún no recuperados del conocido como Apartadero Calatrava, uno de los primeros complejos industriales de España, o los numerosos castilletes metálicos aún dispersos por las antiguas cuencas mineras), debería haber servido de alerta frente a futuras acciones similares que, por desgracia, amenazan de nuevo. El próximo 28 de junio –sin que nadie parezca dispuesto a hacer nada por evitarlo- se procederá, según anuncia la prensa, a la demolición de la torre de refrigeración de la Central termoeléctrica de Elcogás, similar en su grandiosidad y estructura a la desaparecida de Sevillana. La relativa juventud de esta construcción (1992) no afecta a su gran atractivo monumental, de tradición racionalista, que conjuga los valores estéticos con el interés arquitectónico de su singular estructura de aspecto catedralicio y la sabia aplicación de principios físicos para su finalidad industrial. La central de Elcogás forma parte ya también de la historia de Puertollano, no solo por la revolución tecnológica que supuso su puesta en funcionamiento, sino porque la lucha por evitar su cierre en 2016 constituye uno de los más conmovedores episodios de solidaridad y dignidad ciudadana que ha conocido la localidad. Su gran torre (120 metros de altura y 80 metros de base, soportada por 58 pilares) presenta una construcción de limpia belleza que alberga valores patrimoniales susceptibles de ser preservados y merecedores de medidas urgentes de protección y salvaguardia, a fin de no cometer dos veces el mismo error.

Puertollano ha perdido durante las últimas décadas una gran parte de su patrimonio industrial, probablemente por esa falta de valoración generalizada hacia este tipo de construcciones, pero también elementos muy significativos de su patrimonio urbano, que perecieron víctimas de la desidia o de un desarrollo urbanístico mal entendido. Las generaciones más jóvenes ignoran, por ejemplo, las muestras de arquitectura modernista e historicista que existieron en la calle Aduana, o la grandeza de su ecléctico Gran Teatro o hasta las marquesinas del Paseo San Gregorio, representativas de la arquitectura del hierro decimonónica. Todo esto son ya componentes históricos irrecuperables, pero esa condición debería encender las alarmas en el presente para evitar que, así, pausadamente, en acciones terribles de apenas tres segundos, ante la indiferencia general de la sociedad puertollanense, siga borrándose impunemente la identidad de una ciudad que tanto necesita un asidero firme al que aferrarse frente a un futuro cada día más incierto.


La torre de refrigeración será demolida el próximo jueves.

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