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El folklore que nos avergüenza y nos enorgullece

El pasado sábado tuve la suerte de poder ver actuar en un mismo día a los dos grupos de música tradicional de Los Pedroches con más solera. En la celebración del 25 aniversario de la Mancomunidad en Pedroche, Jara y Granito interpretaron tres canciones que nos supieron a poco. Aun así, la primera de ellas ("Jota cortijera") volvió a poner de relieve la distancia que hay entre la vida real y la institucional. Allí, delante del presidente del Parlamento Andaluz, de la delegada del Gobierno de España y de la vicepresidenta de la Diputación, los amigos de Jara y Granito trinaron sobre la mujer del herrero, que dicen que tiene "por delante la fragua, detrás el fuelle", y lindezas semejantes a cual más políticamente incorrecta, que si la vieja corre y el viejo trota, que si el bigote de la mocita y cómo tendrá lo otro, que si arrancando garbanzos te he visto no sé qué, y todo en este plan. Ya en otras ocasiones hemos comentado que el folklore, en general, es machista, pues responde a la sociedad de la que surge, y conviene en estos tiempos en que las sensibilidades han alcanzado un mayor grado de concienciación igualitaria prescindir de algunas piezas de la tradición que pudieran quizás disgustar a la susceptibilidad contemporánea, pero tratándose dicho acto de una reivindicación histórica, no estuvo seguramente mal aquel regreso a las más rancias esencias. También abundaron en ello los chicos de Los Mejía, que representaron el cuento "El hijo del pastor". Y sí, allí estaba el cura enseñando el culo por la ventana para que se lo besara el marido cornudo. Vale, hubo un momento en que uno pudo sentir una punzada de vergüenza, porque esto son cosas como para que nos riamos de ellas así entre nosotros y da un poco pudor enseñárselas sin anestesia a forasteros de tanta alcurnia, que debieron quizás imaginarse con razón en lo más hondo de la Andalucía profunda. Pero me gustó ese brutal contraste entre la realidad y la ficción, porque por un momento parecía que la astracanada de los cómicos y la grosería de las jotillas era la vida real y los discursos de los políticos la representación. Los Pedroches son así. Al fin y al cabo, fue la propia Rafaela Valenzuela la que dijo en su intervención: "yo creo que en Córdoba quien más defiende el folklore es el Valle de Los Pedroches". Y uno se siente orgulloso de que así sea.

Muestra de ello dieron también luego por la noche en Pozoblanco tanto Aliara como su grupo invitado, Nativitas. Los castellanos hicieron gala una vez más de la sobriedad y elegancia del repertorio tradicional de aquellas tierras de las que tanto hemos bebido, mientras que los de Pozoblanco nos trajeron la bulla y jarana habitual de nuestro cancionero, por muy navideño que sea. Entre sus bellas interpretaciones figuró este villancico recogido en Añora, que recuperamos en una grabación de 2014 y que nos sirve, una vez más, para desear feliz Navidad a todos los lectores de Solienses.

3 comentarios :

Anónimo | lunes, diciembre 24, 2018 2:59:00 p. m.

Cierto. Los Pedroches son así. España profunda pura y dura.

Anónimo | lunes, diciembre 24, 2018 3:07:00 p. m.

Conservar el folklore en su más pura esencia es así. Si queremos revivir el pasado tal cual fue no podemos ir cambiando letrillas y desvirtuando la interpretación. Una forma de arreglar las cosas ante un público tan selecto y entendido, quizá se hizo y no lo sé, es comentar lo que se va a escuchar: "Señoras y señores, vamos a regresar por unos momentos a una de las escenas más tradicionales en la vida de los Pedroches, cuando se recogía la aceituna. Allí, por las noches, se reunían en los cortijos y cantaban... Así, nuestros queridos representantes se verían transportados a unos tiempos donde estos chascarrillos era el pan nuestro de cada día. Por cierto, que el grupo Jara y Granito actúa el día 29 en la Mezquita-Catedral en una muestra de grupos musicales.

Anónimo | lunes, diciembre 24, 2018 5:19:00 p. m.

Curioso, realista y muy buen artículo.

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