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La Virgen de Luna, los pactos y el tiempo

Traída de la Virgen de Luna a Pozoblanco hace unos años [Foto: Cofradía].

En la puerta de entrada de la ermita de la Virgen de Guía, en Villanueva del Duque, se mantenía hasta hace poco expuesta una copia de un documento de 1983 firmado por los párrocos y los presidentes de las hermandades de las villas que comparten el patronazgo en el que se fijan con precisión las fechas de llevada y traída de la imagen a la ermita, con detalle de la hora exacta en que debería hacerse cada traslado. Una nota final advierte, sin embargo, que "si por alguna circunstancia imprevisible en las fechas y horarios señalados no se pudiera ir por la Venerada imagen, o devolverla a su ermita, ningún pueblo pierda los derechos contraídos por la tradición y por concesión", acabando así con siglos de incertidumbres a causa de posibles tormentas, crecidas de ríos u otros imponderables que impidieran hacer lo que debía ser hecho tal día a tal hora.

La tradición oral ha transmitido leyendas improbables en torno a la pérdida de derechos sobre determinada imagen a causa de no haber cumplido algún pueblo las condiciones que se habían impuesto. Por ejemplo, se dice que Pedroche habría perdido como patrona a la Virgen de Luna al no haber acudido un año a recogerla en la fecha establecida en las concordias con Pozoblanco y Villanueva de Córdoba. Algo parecido le habría ocurrido a Dos Torres con respecto a la Virgen de Guía. Y todavía se dice que si los vecinos de Belalcázar no acudieran a recoger a la Virgen de Alcantarilla en la fecha que corresponde, vendrían los de Monterrubio para llevársela. La historia mariana de Los Pedroches está llena de documentos (llamados concordias, acuerdos o pactos) en los que se perfilan con detalle las fechas de culto reservadas a cada localidad, las obligaciones y derechos que cada pueblo contraía y las sanciones que pudieran derivarse de su incumplimiento. 

Todavía en 2020 los párrocos de San Mateo en Villanueva del Duque, Santa Catalina en Fuente La Lancha, San Andrés en Alcaracejos y San Juan Baustista en Hinojosa del Duque firmaron un documento que atajaba ritualmente cualquier riesgo ante la suspensión obligatoria de celebraciones que la pandemia de coronavirus trajo consigo: "Que los traslados de la bendita imagen de la Santísima Virgen de Guía, ante la imposibilidad de efectuarlos como se viene haciendo por tradición, se realizarán de forma sencilla pero con toda la dignidad que merece Nuestra Madre de Guía, siendo el propio Párroco quien realice él solo el traslado de la imagen en las fechas correspondientes pero sin asistencia alguna de cofrades o pueblo fiel". Ante imponderables de la naturaleza, los ritos ceden, dan un paso atrás y esperan la restitución de las condiciones favorables para su regreso, sin miedo a perder derechos ancestrales ni privilegios devocionales.

Me acuerdo de todo esto siguiendo el fragor reglamentario que anda desarrollando la Cofradía de la Virgen de Luna de Pozoblanco ante su romería prevista para mañana. El sentido común dicta que las condiciones para su celebración no son las idóneas y que existe un alto riesgo de incidencias ante fenómenos meteorológicos infrecuentes. Ya se ha suspendido el acceso público al paraje de la ermita en vehículos particulares y se ha previsto la circulación de 18 autobuses para trasladar a los fieles que deseen asistir a unos actos que se limitaran a la misa en el interior de la ermita. Queda en el aire el traslado a pie de la imagen hasta Pozoblanco llevada a hombros de tres cuadrillas de porteadores por un camino embarrado e inundado en muchos tramos por la lluvia persistente de las últimas semanas. Los campos impracticables, los árboles ancianos de nuestra dehesa siempre en vilo. 

La tradiciones se reformulan al paso del tiempo, sin que ello implique la pérdida emocional que atribuimos a los ritos heredados. Quizás convendría este año la osadía de evitar cualquier riesgo, por remoto que pareciera, y anular todos los rituales que impliquen peligro para los devotos, porque inevitablemente han de venir días mejores, luminosos y radiantes para honrar a nuestra diosa de los bosques sin el acecho de una sombra de azarosa fatalidad. Y eso teniendo la seguridad de que, puesto que los pactos devocionales son hoy otros, o pueden ser modificados, ningún derecho se perdería por respetar las fuerzas de la naturaleza y que la Virgen, si fuera necesario, sabría esperar en su ermita firme y serena el regreso de los fieles, ajena a las estrictas contingencias temporales del ser humano. 

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