Los danzarines del Corpus de Porzuna
SERIE FIESTAS POPULARES SINGULARES ESPAÑOLAS
Danzarines de Porzuna (Ciudad Real) durante la procesión del Corpus, el domingo pasado [Fotos: Solienses].
Se cumple ya el medio año de 2026 y hasta ahora he cumplido el reto, asistiendo a la danza de las espadas de Obejo (enero), las botargas de Almiruete (febrero), la subasta de ofrendas a la Virgen de Abenójar (marzo), los armaos y el caracol de Almagro (abril), el encuentro de la Virgen y San José en el río Tirteafuera (mayo) y, ahora, el Corpus de Porzuna (junio), al que asistimos el domingo pasado. Ojalá pueda mantener este ritmo hasta diciembre.
Detalle de los danzantes de Porzuna en pleno baile.
Del Corpus de Porzuna (Ciudad Real) me atraía sobre todo la pervivencia de las danzas rituales a lo largo de toda la procesión. En Solienses ya hemos hablado en numerosas ocasiones del Corpus como celebración litúrgica durante la cual la Iglesia desea manifestar de forma simbólica su poder y dominio sobre el resto de estamentos sociales. A lo largo de los siglos, además, la Iglesia se ha ido adueñando de determinadas prácticas de carácter popular, revistiéndolas con ropaje religioso, para asimilarlas y, si no pudiera hacerlas desaparecer, al menos despojarlas de sus elementos simbólicos más representativos y otorgarles otros significados más acordes a la liturgia cristiana.
Entre estos elementos de carácter popular, hay dos que persisten especialmente. Por un lado, el componente natural, derivación de una antigua exaltación a la naturaleza inherente a multitud de celebraciones paganas de carácter agrícola que tenían lugar durante la primavera. Este componente se ha ido estilizando hasta convertirse en las actuales alfombras de sal y serrín coloreado, en sustitución de las hierbas y plantas con las que originalmente se confeccionaban las alfombras que tapizan el recorrido por el que ha de transcurrir la procesión de la custodia.
Y, por otro, las danzas. Las más famosas son las de los seises sevillanos, de las que hay testimonio desde el siglo XV, pero danzantes más o menos institucionalizados han existido también en muchísimas otras ciudades y pueblos. En Los Pedroches tenemos constancia de su presencia en las procesiones del Corpus de Torrecampo y Pedroche, Pozoblanco o Hinojosa del Duque. A nivel nacional, ya hemos dado cuenta también de mis visitas al Corpus de Camuñas (Toledo), Peñalsordo (Badajoz) y Valverde de los Arroyos (Guadalajara), donde se conservan danzas rituales practicadas durante la procesión, pero que no pueden esconder su origen pagano ni su carácter agrícola petitorio de buenas cosechas o lluvias abundantes.
Los bailes se realizan de cara a la custodia, por lo que los danzantes avanzan de espaldas durante todo el recorrido.
A este grupo pertenecen los "danzarines" del Corpus de Porzuna, una localidad situada en plena comarca de los Montes de Ciudad Real. La procesión tiene lugar durante la tarde del domingo siguiente al jueves del Corpus. Todas las calles por donde ha transcurrir han sido cubiertas desde la mañana con unas impresionantes alfombras de serrín coloreado que reproducen motivos geométricos, vegetales y litúrgicos. Las alfombras cubren todo el recorrido, donde también se han instalado numerosos altares con imágenes religiosas y decoración vegetal natural, entre ella plantas aromáticas como tomillo, romero y ajedrea.
Los danzantes ("danzarines") se sitúan delante de la custodia y durante todo el recorrido no cesarán de ejecutar sus bailes, con la particularidad de que lo hacen siempre mirando a la custodia y, por tanto, de espaldas al sentido de su progresión. Se trata de doce mozos de la localidad que no están vinculados a ninguna cofradía, ni obligados por cumplimiento de promesas, sino que se ofrecen de forma voluntaria para mantener la tradición que han conocido desde niños.
La danza comienza ya en el interior del templo, con los danzantes dispuestos en filas. El baile se desarrolla al son de las castañuelas que ellos mismos tocan, junto a la música de la rondalla, que les acompaña durante todo el recorrido tocando instrumentos de cuerda, especialmente guitarras y bandurrias. La música interpretada por la rondalla tiene aire de fandango, con un pasaje que se repite constante a lo largo de toda la procesión.
Los danzantes arrodillados delante de la custodia y sobre la alfombra que ocupa todo el recorrido de la procesión.
La indumentaria de los danzarines constituye uno de los elementos más vistosos: está compuesta por una camisa blanca, faja, calzón negro corto hasta debajo de la rodilla y adornado con botones plateados, puntilla y lentejuelas. Medias bordadas y alpargatas, cuyas cintas van cosidas a las medias para evitar que se caigan durante el baile. Cruzándoles el pecho llevan un mantón de Manila sujeto con alfileres, prenda de la indumentaria femenina festiva que en esta localidad se muestra como símbolo de riqueza. En la cabeza se atan un pañuelo sobre las sienes con la misma flor que llevan bordada en las alpargatas. Por debajo del pantalón se colocan unas rodilleras para protegerse, pues a lo largo del recorrido son muchas las ocasiones en que deben arrodillarse.
La fiesta del Corpus de Porzuna fue declarada en 2017 Bien de Interés Cultural con categoría de Bien Inmaterial.
Uno de los altares que jalonan el recorrido.


















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