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Política

Aunque, por lo general, uno se entera mejor de los avatares de la política local a través de la información oficiosa y conscientemente parcial de los foros (los más útiles en este sentido son los de Pozoblanco, Hinojosa, Villanueva de Córdoba y, ocasionalmente, Añora), sorprende hoy la acumulativa presencia de políticos comarcales en los periódicos de la provincia. El Córdoba confirma el secreto a voces de las últimas semanas de que Antonio Fernández, alcalde de Pozoblanco, ha sido elegido por la Junta para el puesto de Delegado de Empleo en Córdoba. Ayer, además, publicaba una entrevista con Dolores Sánchez, alcaldesa de Villanueva de Córdoba. Por su parte, El día de Córdoba ofrece hoy una entrevista con Enrique González, alcalde de Dos Torres.

Todos ellos ofrecen perlas que el paciente lector encontrará fácilmente sin necesidad de guía. Pero anoto aquí dos que me llaman especialmente la atención como definitorias de la calidad política de sus autores:

* Se dice que el alcalde de Pozoblanco "tenía una asignatura pendiente y era la de encontrar a la persona idónea para la renovación interna de su partido. Parece que la ha encontrado" en la persona de Benito García, sin que, al parecer, ni el partido ni el resto de los concejales tengan nada que decir al respecto.

* La alcaldesa de Villanueva de Córdoba no tiene reparo en reconocer que están trabajando aún en los presupuestos de 2004 y que presentarán un borrador en junio. Ya sé que estas cosas funcionan así en los ayuntamientos, pero un mínimo de dignidad política obligaría a cualquier gestor público a reflexionar tras hacer esta declaración.
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El Soldado (versión ilustrada)

Cerro del Cuerno/19

La memoria a veces juega malas pasadas. Recuerdo que la primera vez que visité las minas de El Soldado y Las Morras, en el término de Villanueva del Duque, experimenté algo así como una inmersión en un escenario puramente romántico, en el sentido más literario del término. Un espíritu solitario, guiado por el azar en una tarde que amenazaba tormenta, se sumergía en un paisaje espectral de ruinas y abandono. Caminar junto a las casas semiderruidas o totalmente en escombros de un poblado que a comienzos del siglo XX vivió el esplendor de la minería se convertía en una ejemplar lección de la tornadiza evolución de los tiempos, y entre el polvo que lo cubría todo y los inmensos montones de escoria que daban volumen a la ausencia, uno se preguntaba si el papel de aquella fantasmal aldea en la historia no habría sido tan sólo servir de cuna al gran Aurelio Teno. Más allá, Las Morras ofrecían otra inquietud. Al pie de una enorme torre pude acercarme a una boca de mina que en mi fantasía me pareció abismal y el miedo al vacío no fue capaz de frenar la curiosidad innata de mirar y ver qué rumores de otro tiempo surgían de aquella oscuridad siempre insondable.

Ahora, al regresar al lugar años después, todo ha sido diferente. A pesar de que se anuncia en los folletos turísticos de la Mancomunidad y en la entrada del pueblo hay vistosas indicaciones que muestran la dirección, llegar no es fácil. Las señales desaparecen al pasar la ermita de San Gregorio y entonces queda ya tan sólo el instinto. Pero al llegar a donde las evidencias descubren el poblado minero, un cartel prohíbe el paso “a toda persona ajena a este cerco” y uno, que tiene la mala costumbre de ser respetuoso con las indicaciones, sólo encuentra ya el consuelo de la vieja estación del ferrocarril de vía estrecha Peñarroya-Puertollano, que todavía permanece altiva a la espera quizás de algún tren rezagado en la memoria. Lo que considero Las Morras resulta aún más desalentador, pues los dos caminos que llevan hasta allí están cortados, uno al menos de forma evidentemente ilegal. Ignoro si, como reza un cartel, aquel territorio es propiedad privada (¿puede serlo una aldea?), pero alguien debería alertar al viajero ávido de conocimientos de que no se le permitirá reencontrase con la historia ni disfrutar del placer novedoso que supone enfrentarse con los testimonios de la arqueología industrial, tan modernos y sin embargo ya tan antiguos. Pudiera ser que alguien fuera sumando frustraciones y decidiera que no merece la pena visitar una tierra donde todavía el turismo sólo es posible en los folletos publicitarios.

Entrada a El Soldado
La entrada a El Soldado presenta un cartel que prohíbe el paso


Escorial de El Soldado
Montaña de escoria de El Soldado, fotografiada desde fuera del recinto


Estación de ferrocarril de El Soldado
Estación de El Soldado de la antigua línea de FEVE Peñarroya-Puertollano


Camino a Las Morras
Camino prohibido hacia la mina de Las Morras


Camino a Las Morras
Y el otro camino, cortado.
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¿Qué hay detrás de este cartel?



La respuesta mañana.
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Agenda 21 de Cardeña

Cardeña es el primer municipio de Los Pedroches del que se publica la Propuesta de Agenda 21 Local, una vez realizada la Revisión Medioambiental Inicial para la elaboración de dicha Agenda y para la implantación de un Sistema de Gestión Medioambiental en su Ayuntamiento (aquí puede verse en qué punto del proceso se encuentran los demás municipios cordobeses; aquí pueden enterarse de qué es la Agenda 21). El documento se redacta a partir del Informe de Diagnosis Ambiental Técnica, que analiza la situación actual del municipio en base a diferentes factores clave agrupados en los de tipo ambiental, socioeconómico y organizativo, y el Informe de Diagnosis Ambiental Cualitativa, que pretende obtener la percepción de la población en relación a distintas cuestiones sociales, económicas, ambientales, municipales, etc. El resultado es el Documento de Diagnosis Ambiental Global, que incluye una primera propuesta de Plan de Acción Ambiental Local hacia la Sostenibilidad. La Propuesta de Agenda 21 Local se elabora a partir de la Diagnosis Ambiental Global, mejorada con el trabajo efectuado por la Comisión 21, un foro de representación ciudadana de los distintos agentes sociales, políticos, económicos y colectivos que operan en el municipio.

Puede leerse el documento completo (en formato PDF) a partir de los siguientes enlaces, tomados de la página de la Diputación de Córdoba:

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Al-Bitruji

Se cumplen 800 años de la muerte del astrónomo Al-Bitruji, conocido en Europa como Alpetragius y en España como Alpetragio. En realidad, como ocurre con frecuencia con personajes de la antigüedad, no se conocen con exactitud muchos datos de su vida, y, entre otros, se discute la fecha de su muerte. Sin embargo, la mayoría de los autores fijan ésta en el año 1204. Tampoco parece haber acuerdo total sobre su lugar de nacimiento, pues, aunque hasta el momento siempre había leído que Al-Bitruji nació en Pedroche, encuentro ahora que en algunas páginas web (por ejemplo ésta) se le hace natural de Marruecos. No obstante, autores de gran prestigio, como Menéndez Pidal o Julio Samsó coinciden en determinar el origen pedrocheño del astrónomo. Menéndez Pidal (España, eslabón entre la cristiandad y el Islam, Madrid, 1956, pág. 48) afirma que el nombre le viene al personaje "por haber nacido en Los Pedroches, al norte de Córdoba". El eminente arabista Julio Samsó, por su parte, afirma que "Al-Bitruji may have been from Los Pedroches (Bitraws), Córdoba province" (Dictionary of Scientific Biografy, vol. 15, New York, 1980, pág. 33).

Al-Bitruji pertenece a un grupo de eminentes estudiosos de la España islámica que protagonizan, en los dos últimos tercios del siglo XII, un florecimiento en la filosofía árabe de Al-Andalus. Estos autores, entre los que hay que citar a Avempace, Averroes o Maimónides, se distinguieron por su crítica profunda al sistema ptolemaico y su defensa de un sistema del mundo físicamente real, viéndose fuertemente influidos por el racionalismo aristotélico. Rechazaron la teoría de Ptolomeo del epiciclo basándose en que los planetas han de girar en torno a un cuerpo central físicamente real y no en torno a un punto geométrico. Por ello, elaboraronn un sistema de los cielos basado en Eudoxo, que había adoptado Aristóteles.

Sistema astronómico de Al-Bitruji El sistema astronómico de Al-Bitruji, expuesto en su obra Tratado de astronomía, está compuesto por una serie de esferas homocéntricas que se organizan en torno a la llamada "novena esfera", que constituiría el "primer motor", la cual transmite movimiento a las esferas inferiores en proporción a su distancia. También aportó nuevas interpretaciones sobre el orden de los planetas inferiores y sobre el modelo solar.

El sistema astronómico de A-Bitruji se extendió ampliamente por Europa durante el siglo XIII. Alberto Magno, Dante, Roger Bacon y Copérnico conocieron y estudiaron sus ideas.
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La Colada

Presa de la Colada

Hace tiempo que no salen noticias nuevas sobre la presa de la Colada, antaño tan rica en polémicas. La página del Ayuntamiento de El Viso ofrece una interesante sección de fotografías aéreas de dicha presa, que ofrecen una visión privilegiada e inédita de las obras que allí se están realizando.
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Silencio

Qué silencio. ¿Es así
el mundo?
(Luis Cernuda)


Hay días en los que el silencio se vuelve insoportable. No sólo porque derrumba castillos fabulosos y desencanta palacios encantados, sino porque se convierte en prueba definitiva de un presente merecido y un futuro sin esperanza.
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Un día para el patrimonio inmaterial

Hoy se celebra el Día Internacional del Museo, que este año está especialmente dedicado al patrimonio inmaterial, con el deseo de destacar la importancia de las expresiones orales, el teatro, la danza, la música, los valores éticos, las fiestas, los mercados, las tradiciones y las lenguas. La Unesco quiere llamar así la atención sobre "esta herencia cultural que, por inmaterial, puede llegar a perderse". La propuesta está patrocinada por el Consejo Internacional de Museos (ICOM). La propia Unesco creó en 1998 la distinción de patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, entre cuyas obras maestras se cuenta ya, por parte de España, el Misterio de Elche .

Ya en otra ocasión hablé del patrimonio inmaterial en general y del nuestro en particular. Si con frecuencia nos quejamos del deterioro de los monumentos de nuestra comarca, qué decir de este otro patrimonio tan frágil, tan leve. Fiestas, costumbres, tradiciones, folklore... manifestaciones singulares que van pasando al desván del olvido sin que podamos quizás hacer nada por evitarlo.

Hoy, como modesta colaboración en esta alerta sobre la pérdida del patrimonio inmaterial, quiero aportar un testimonio sonoro excepcional. Se trata de una mujer de 83 años, que resulta ser mi madre, cantando el "Romance de la molinera y el cura", al que ella llama "El entremés". Es un romance muy popular en la mitad sur de la península, cuyas fuentes literarias he estudiado en mi artículo

“Fuentes literarias escritas para dos romances de la tradición oral de Los Pedroches”, en Crónica de Córdoba y sus pueblos VI, Asociación Provincial Cordobesa de Cronistas Oficiales y Excma. Diputación Provincial de Córdoba, Córdoba, 2001, págs. 345-355.

en el que hago también una reivindicación del rico romancero de Los Pedroches, absolutamente falto de investigación y recopilación rigurosa.

El documento es un archivo de sonido en formato mp3 que ocupa 4853 kb, por lo que fuera de la banda ancha tardará bastante rato en descargarse. Dado el espacio que ocupa en el administrador de archivos de mi página web, cuyo alojamiento gratuito tiene el inconveniente de una memoria limitada, sólo podré mantenerlo unos pocos días, los suficientes, espero, para que alguien interesado se lo descargue y contribuya así a la conservación de esta pequeña joya literaria de nuestra transmisión oral. Dura 5.02 minutos y tiene evidentes deficiencias de sonido (todavía no he aprendido a limpiar archivos de sonido, pero todo se andará). Aun así, para los amantes del folklore tradicional de nuestros pueblos valdrá la pena.

romance.mp3

Para los que no puedan oirlo, adjunto aquí el texto:

Si usted me escuchara un rato le cantaba el entremés,
lo que le pasó a un tahonero un día con su mujer.
El clérigo don Fulano le quiso pisar el pie.
Le da cuenta a su marido y dice: " Mira, Isabel,
cítalo para esta noche, que traiga bien de comer".
Trajo un pavo emborrizado con mucha azúcar y miel.
Estando los dos cenando, el clérigo y la Isabel,
toquetean a la puerta y dicen: " -Abre, Isabel".
"-Mi marido es, fray Andrés, ¿dónde lo meto yo a usted?".
"-Méteme en ese costal y arrímame a una pared".
Estando los dos cenando, el marido y la Isabel,
"-¿Qué hay en aquel costal que hay sobre aquella pared?".
"-Eso es un poco de trigo que ha caído que moler".
"-Agarra el candil y alumbra que el trigo lo quiero ver".
Vido hábitos y coronas y el sombrero portugués.
"-Ole, ole, frailecito, qué bien ha caído usted.
El mulo ha caído cojo y ha caído que moler".
Lo pusieron a la una lo quitaron a las tres
y molió cajil y medio y una fanega después,
y luego una zurripanda que bien aviado fue.
A otro día por la mañana se va a misa la Isabel;
al arrodear una esquina se encuentra con fray Andrés.
"-Hola, hola, frailecito qué bien ha caído usted.
Vaya usted por casa luego que ha caído que moler".
"-Vaya el demonio y lo muela que yo no lo he de moler
que en los días de mi vida no me ha engañado mujer".

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Premios Encina

Reconozco que, como decía un viejo amigo, mi incultura es enciclopédica, puesto que abarca todos los campos del saber. Sólo así se disculpa que jamás hubiera oído hablar de Eloy Teno, al parecer un reputado escultor de El Viso al que se le acaba de conceder uno de los premios Encina de los Pedroches en su cuarta edición, según su portavoz, "por desarrollar su creativa e innovadora obra en su tierra". Como todo está en internet, me puse manos a la obra y encontré la página oficial de Eloy Teno, donde para mi contrariedad se le presenta como un escultor de Campo de Criptana (Ciudad Real), localidad en la que en realidad desarrolla su creativa e innovadora obra. Todos sus trabajos destacados están en Castilla-La Mancha, y no consta ninguna exposición, no ya en Los Pedroches o Córdoba, sino ni siquiera en Andalucía. Si todo esto es así, bienvenido sea este premio que reivindica tal personalidad, pero no parece que el argumento de su concesión sea muy acertado.

Por lo demás, me reitero en todo lo que dije cuando la concesión de los premios en su tercera edición. Con todos mis respetos hacia su persona, considero que hay todavía personalidades e instituciones de más mérito sin haber recibido este premio como para tener que recurrir, ya, a "uno de los más reconocidos managers de jugadores y entrenadores de fútbol profesionales de Primera División", por cierto, también totalmente desconocido para mí. Pero, claro, puedo estar equivocado y mis apreciaciones ser sólo producto de mi ya declarada enciclopédica incultura.
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Atocha

Cerro del Cuerno/18

Digámoslo claro desde el principio: lloré. Hace unos días estuve por primera vez desde el 11-M en la estación de Atocha de Madrid y, aunque iba preparado y quería evitarlo, lloré. Grandes pancartas y pequeñas hojas de cuaderno, recortes de periódico y fotografías, algunas flores y sobre todo muchas, muchísimas, cientos de velas rojas. La cúpula linterna de la estación se ha convertido en un monumento espontáneo contra el olvido. En el trajín de los que van y vienen, la gente de pronto se detiene respetuosa a leer algo escrito en la pared, en los cristales, en el suelo. Cualquier lugar es bueno para dejar testimonio de solidaridad, de rabia, de apoyo. Y contra el olvido. Resulta curioso cómo entre los miles de mensajes que allí se han escrito, por gentes de todos los lugares, de todos los países, en todos los idiomas, predominan sobremanera los que se refieren a la necesidad de guardar la memoria de los muertos en el atentado, en la creencia de que mientras los recordemos no habrán desaparecido del todo. A veces, en la vorágine de los asuntos informativos, da la sensación de que hace años de aquel día en que explotaron unos trenes al amanecer y toda España, todo el mundo, aparecieron solidarios y compungidos. Sin embargo, apenas han transcurrido dos meses y hoy, mirando a la sociedad en su espejo, parece que lo único que importa ya es dilucidar responsabilidades políticas, mientras que el recuerdo de los muertos parece haberse reducido tan sólo a sus familias y amigos. Lo que fue una tragedia colectiva parece ser ya tan sólo un drama personal de aquellos a los que señaló la rueda de la fortuna.

Por eso, al pisar los andenes de Atocha uno siente de nuevo que los días no han pasado, porque allí sigue vivo el dolor. En ese joven que se acerca en silencio y pega en la pared una fotografía de una muchacha bajo la cual se han escrito unos versos en una lengua que no acierto a reconocer. En un caballero que aparta la verja para colocar junto a las demás su vela roja que ha de seguir alumbrando incluso cuando la estación cierre sus puertas al público. En una mujer que se hace triste una fotografía delante de una gran pancarta negra llena de nombres que rasgan como puñales. En todos ellos hay un grito contra el olvido, un grito que resuena por las estancias de la estación reclamando la memoria de los que han muerto sin saber por qué, un grito que acusa y hurga en las entrañas para exigir que al drama de la muerte no se una la injusticia del olvido, un grito que te detiene y te obliga a mirar y a leer los carteles que testimonian las pequeñas historias de tantas muertes y un grito que, aunque vayas preparado y quieras evitarlo, te hace llorar con lágrimas de culpabilidad.