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La vaquera de la Finojosa vuelve a la Catedral de la Sierra


Imagen de la última edición de 'La vaquera de la Finojosa'.

Mañana jueves 31 de julio se estrena en Hinojosa del Duque la VI edición de La vaquera de la Finojosa, un espectáculo multidisciplinar basado en la serranilla VI del Marqués de Santillana, aquella que comienza: "Moça tan fermosa/ non vi en la frontera,/ como una vaquera/ de la Finojosa". La representación de este año cuenta con un gran aparato publicitario y una marcada presencia en las redes sociales (especialmente Facebook y Twitter), reflejo de la gran importancia cultural y económica que desde la organización se concede a este evento: independientemente de sus componentes artísticos y de implicación popular, el espectáculo se concibe como un destacado reclamo turístico de cierta relevancia estratégica para la localidad.

Desde el punto de vista literario, la representación de este año se basará principalmente en la obra La vaquera de la Finojosa (1874) de Luis de Eguílaz, aunque conservando una escena de la versión homónima de Francisco Benítez, correspondiente al encuentro entre la Vaquera y el Maestro de obras de la catedral. Aun así, toda la trama argumental se ha renovado con la inclusión de un proemio y de nuevos personajes, entre los que cobra especial relevancia Aldonza (papel interpretado por Mª Carmen Fernández Nogales). En el proemio se han utilizado varias historias tradicionales de Hinojosa, como la explicación a la denominación de “Calle Reinas”. Además, aparece en esta edición el Conde de Belalcázar (Raúl Arellano Romero), que estableció relación con el Marqués de Satillana en la Batalla de Olmedo, y, acompañando a la reina en su visita, el Cardenal Mendoza (Agustín Barrera Aranda), poderoso en la época de Isabel la Católica (Mª Victoria Luque Cañero), impulsor de su subida al trono e hijo del Marqués de Santillana. Será él quien cuente la historia, por lo que el espectador verá la obra del Marqués (Rubén Moreno Florido) y la Vaquera (Patricia Muñoz Murillo) contada por su propio hijo. Como curiosidad, señalaremos que en el proemio aparece también actuando en el papel de Alcalde José Fernández Nogales, actual alcalde de Hinojosa del Duque. La adaptación de la obra de Eguílaz ha corrido a cargo de Antonio Javier Cortés Jurado, autor también del proemio y de la inclusión del personaje de Doña Sancha (Inés Garrido Medina) y otras escenas marcadas por localismos ausentes en la obra original.

El aspecto musical de la representación corre a cargo de Miguel Cerro, director y compositor de las 28 composiciones que se interpretarán durante la obra, de las cuales cinco son nuevas para la edición de este año. La tuna de Hinojosa, junto a una fanfarria, compuesta por Joaquín Nevado y tocada por las agrupaciones musicales de Hinojosa, interpretarán el repertorio. Por su parte, el vestuario de los 200 actores que participan en la obra correrá a cargo una vez más del diseñador hinojoseño Francisco Tamaral.

El director de la edición de este año es José Manuel Murillo Fernández, Técnico de Cultura del Ayuntamiento de Hinojosa desde hace 19 años y director de su taller de teatro en la última década. Corresponsal de Diario Córdoba, José Manuel ha estado siempre ligado al mundo del teatro, siendo director de grupos amateur como el de la Asociación Juvenil Cultural Al-Sahala y el grupo Colodrín Colodrado. Se ha formado en interpretación y dirección teatral y ha estado dentro del equipo técnico de todas las ediciones de La Vaquera, participando al mismo tiempo como actor en el papel del maestro de obras de la Catedral de la Sierra, que se conserva en esta edición, siendo la primera vez que el director hace un pequeño papel en la obra.
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Se presenta la nueva edición de La vaquera de la Finojosa


Patricia Muñoz, que interpretará a la vaquera en la edición de este año. [Fotos: Facebook].

La Plaza de la Catedral de Hinojosa del Duque acogerá el próximo viernes, 18 de julio, a las 22:30h, la presentación de la VI edición de la obra de teatro popular La Vaquera de la Finojosa que se representará durante los días 31 de julio, 1, 2 y 3 de agosto [venta de localidades]. En el acto de presentación, al que asistirá el alcalde de Hinojosa, José Fernández Nogales, la corporación municipal y las asociaciones locales, podrán conocerse algunas de las novedades de esta VI edición de la obra de la mano de su director, José Manuel Murillo, y el ayudante de dirección y adaptador del texto, Antonio Javier Cortés Jurado. La edición de este año, que se anuncia más hinojoseña que en otras ocasiones, cuenta con una puesta en escena más espectacular, con la música dirigida por Miguel Cerro e interpretada por la Tuna de Hinojosa, el vestuario diseñado por Francisco Tamaral y los bailes tradicionales a cargo de la coreógrafa Manoli Chaves, así como con los decorados creados por Juan Andrés Molero. Todos ellos participarán también, junto a los personajes principales, en el acto de presentación de la obra.

Los personajes principales de la representación están encarnados este año por Patricia Muñoz Murillo y Rubén Moreno Florido. Patricia tiene 20 años y es estudiante de Biología. Ha participado en dos de las ediciones anteriores y es la vaquera más joven de las que han actuado. Añade frescura y espontaneidad a la obra. El director destaca de ella su disciplina. Su papel, además, gana mucho peso en esta edición. Rubén tiene 29 años y, casualmente, es vaquero de profesión y, además, monta a caballo. Es natural de Puente Genil pero vive en Hinojosa. Su personaje es muy joven y, en contra de lo que ocurriera en ediciones anteriores, no está casado en la ficción y el de la vaquera será su primer enamoramiento. Entre actores y músicos, en la obra participan más de 200 personas.


Rubén Moreno dará vida al Marqués de Santillana.

Críticas de La vaquera de la Finojosa en Solienses:

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La nueva vaquera y los nuevos tiempos, que parecen viejos


La vaquera de la Finojosa y el Marqués de Santillana, durante la representación de anoche.

Cuando en todas las informaciones promocionales de la VI edición de La vaquera de la Finojosa se destacaba la renovación de su argumento como una de las principales novedades de la representación de este año, no podía imaginarme que lo fuera tanto. Pues, en realidad, no se trata de que haya cambios en la puesta en escena o nuevos detalles argumentales: La Vaquera que vimos ayer en la Plaza de la Catedral de Hinojosa del Duque es una obra completamente distinta de la representada, al menos, en sus dos anteriores ediciones (2006 y 2010). Sí, allí están los bailes populares, los trajes suntuosos y multicolores de Tamaral y la seductora música ambiental de Miguel Cerro, pero todo lo demás es nuevo, radicalmente nuevo, aunque parezca lo mismo. Y no solo porque en las ediciones anteriores la vaquera rechazara desdeñosamente al marqués, sin que supiéramos por qué, y en esta aparezca rendidamente enamorada a sus pies, contradiciendo la serranilla en la que se inspira.

Se ha hecho hincapié en que la versión de este año, aunque con algunas interpolaciones de Antonio Javier Cortés Jurado, se basaba en la obra de Luis de Eguílaz, abandonando, salvo en una escena, el texto de Francisco Benítez que sustentaba las anteriores ediciones y que nos parecía, sinceramente, carente de cualquier interés dramático. La obra de Eguílaz, en cambio, es un drama histórico de raíz calderoniana, tradicionalista y adoctrinador hasta tal punto que cuesta imaginar las razones que han llevado a recuperarlo como seña de identidad de un pueblo del siglo XXI, salvo que haya una voluntad ideológica de recuperar también ese mensaje moralizador que transmite. Pues, entre la trama de conflictos territoriales, lucha de legitimidades y enfrentamientos estamentales, el tema central de la representación deviene en que el honor del padre de la vaquera, como el del alcalde de Zalamea, depende de la honra de la hija y que la pérdida de virginidad de la doncella -que ni siquiera es real, sino producto de una calumnia- condiciona la legitimidad de un representante público, todo lo cual nos impacta más que la ucronía que representa la anagnórisis final del personaje de Alonso.

Por lo demás, como ya hemos advertido en otras ediciones, el trabajo actoral es inmenso, tratándose de voluntariosos aficionados, y la dirección prodigiosa. Una vez más, admira que decenas de figurantes se muevan con tanta soltura por un espacio escénico tan poco teatral, por sus dimensiones, y que el ritmo de la obra, a pesar de su larga duración (¡dos horas y media sin pausa!), no decaiga en ningún momento, favorecido por la alternancia de escenas cómicas, líricas y dramáticas. En el aspecto interpretativo, debe destacarse sin duda el trabajo colosal de Mª Carmen Fernández Nogales dando vida a la simpar Doña Aldonza, que consigue robar todo el protagonismo a una Vaquera (Patricia Muñoz Murillo) con un papel muy mermado y excesivamente inclinado al dramatismo.

El conjunto resulta, sin duda, un espectáculo deslumbrante, con una puesta en escena que se beneficia del escenario natural que representa la parroquia de San Juan Bautista y una acertada disposición de escenarios para las diversas acciones (aun haciéndose notar el anacronismo que supone la presencia del escudo de los Sotomayor y Zúñiga en la fuente, que reproduce la del Pilar de Los Llanos). El público acudió predispuesto a una convocatoria que tiene ya también mucho de reafirmación identitaria, al participar en ella 250 vecinos de la localidad. La nueva trama resultará, sin duda, más atractiva para el público ajeno que asista a la representación como a una muestra de teatro clásico sin más implicaciones, aunque quizás los más iniciados no dejen de sentir cierta nostalgia por la fina gracia de la vaquera desdeñando los requerimientos del marqués, en una actitud emancipadora no exenta de voluntad subversiva: "que ya bien entiendo / lo que demandades;/ non es deseosa/ de amar, nin lo espera,/ aquesa vaquera/ de la Finojosa". Pero, a lo que parece, ahora el signo de los tiempos es otro.


La fuente pública se convierte en uno de los puntos principales del escenario.


La fachada de la Catedral de la Sierra presta solemnidad a la representación.


Destaca el colorido de los trajes de Tamaral para las mozas.


Doña Aldonza se retira digna del escenario en su carruaje.
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Mucho espectáculo y una despedida

Efecto del 'video mapping' sobre la catedral de la Sierra [Fotos: Solienses].

He asistido a las cinco últimas ediciones de las ocho de La vaquera de la Finojosa que se han representado hasta hoy. Es decir, todas desde la de 2006, desde que existe Solienses. Y he escrito sobre cada una ellas: la de 2006, la de 2010, la de 2014 y la de 2018. En esas crónicas he destacado una serie de elementos comunes a todas las ediciones: el inmenso trabajo actoral de los vecinos de Hinojosa del Duque, que, sin ser profesionales, se esfuerzan por sacar adelante con mucho acierto un espectáculo teatral que sobrecoge por sus dimensiones; el talento creativo de hinojoseños como el diseñador Francisco Tamaral, la envolvente música de Miguel Cerro o las danzas ruralpop de Manoli Chaves; el acertado uso de la Plaza de la Catedral, que podría resultar una trampa escénica si no se tuviera la habilidad que han demostrado todos los directores hasta la fecha para que pareciera fácil lo que es muy complicado, esas masas de figurantes que entran y salen, los desfiles de caballos, los animales a su albedrío, los cortejos reales; y, en fin, el contenido argumentalmente insustancial de la obra representada y la paradoja que resulta invertir tanto esfuerzo y talento en un libreto tan poco meritorio. Todas esas ideas podrían de nuevo aplicarse a la VIII representación de La Vaquera de la Finojosa, que estos días ha vuelto a Hinojosa del Duque.


Y ello es así porque la representación de La vaquera se ha convertido ya en una seña principal de la identidad hinojoseña, en una tradición que se va asentando en los cimientos que fortalecen cada edición, con sus aportes novedosos, el rechazo de lo que no ha funcionado y la potenciación de lo que resulta teatralmente relevante. Cada nueva edición de La vaquera constituye, pues, una síntesis de todas las anteriores y un ensayo de nuevas aportaciones introducidas por el equipo de dirección y producción, que se esfuerza cada vez, como es lógico, por diferenciarse de las anteriores entregas, mejorándolas.


La reina y su corte asisten a la función teatral.

Dos elementos innovadores destacaría en la versión de La vaquera que pude ver antenoche, uno estructural y otro ambiental. En cuanto al primero, en la edición de este año me ha parecido advertir un pequeño juego teatral que no había percibido tan claramente en otras ediciones. Se trata de un recurso al 'teatro dentro del teatro' en varios niveles de muñeca rusa: hay un momento en que el marqués joven y la vaquera están siendo observados en flasback por el marqués adulto y su secretario, que a su vez están siendo mirados como representación teatral por la reina y su corte, a los que a su vez estamos viendo como gran espectáculo todos los espectadores. Algo que, en el universo cinematográfico, me recordó a la película Angustia de Bigas Luna.


La otra novedad en la representación de este año son los elementos de video mapping proyectados sobre los muros y la torre de la catedral de la Sierra, que adquiere así mayor protagonismo que en otras ocasiones. Se trata de una innovación que no añade nada a la representación teatral propiamente (aunque tiene especial significado en escenas como la prolepsis histórica sobre la construcción de la propia catedral), pero sí al espectáculo total en que quiere convertirse La vaquera, y utilizamos la palabra espectáculo en el mejor de sus sentidos. 


Llegada del marqués de Santillana, interpretado por Matías González, alcalde de Hinojosa del Duque.

Teatro dentro del teatro, música, danza, desfiles, diseños, grafismo... La representación parece querer volcarse definitivamente hacia el puro espectáculo por encima de la trama argumental o de la mera teatralización de la serranilla del Marqués de Santillana, que se ha simplificado al máximo en el conjunto de la producción. La mayoría de los personajes aparecen algo desdibujados, porque su papel se ha reducido a meras secuencias a veces inconexas (incluso el propio marqués y la vaquera llegan a parecer personajes secundarios en el total de la representación). Se han potenciado los personajes cómicos que más agradan al público, con diálogos simples y efectistas que provocan la risa fácil en parte de los espectadores: el posadero, el secretario del marqués, los vecinos despertados en plena noche, fray Soponcio... Entre todos estos destacaría a la madre de la vaquera, que ha sido capaz -en su breve papel- de crear un tipo reconocible de madre volcada en la felicidad de su hija (cualquiera que sea el camino por el que esta llegue) y acomodaticia hasta la sumisión a los requerimientos del poderoso (sus exageradas reverencias al noble no se olvidan). La aparición espectral de Malicia no supera a la vieja alcahueta de pueblo de toda la vida ni hace olvidar al coro de mujeres murmuradoras. 


Incluso las escenas de las danzas de mozas y mozos, con los asombrosos vestidos de Tamaral, aparecen como arrancadas de todo contexto y no se explica muy bien por qué ahora entran o salen, ni por qué pasan por allí esos caballos ni qué pinta ahora desfilando la banda de música, sin otra razón acaso que añadir movimiento y color al espectáculo. La VIII edición de La vaquera ha resultado, pues, un lujoso collage de secuencias aisladas que solo adquieren unidad en la mente del espectador histórico de esta representación, que alcanza a comprender de dónde viene cada una y a dónde lleva, y que constituyen en su conjunto una exaltación de la historia y la cultura autóctona de Hinojosa del Duque, ligeramente exagerada en algunas ocasiones. En este Much ado about nothing, argumentalmente, por fortuna, ya ni siquiera se insiste en el tema de la honra de la muchacha, que a nadie interesa, y la obstinación del marqués por conquistar a la vaquera se reduce finalmente a entregarle un manuscrito con los versos de la famosa serranilla. Frente a la tradicional dominación masculina, la vaquera expresa esta vez un punto de empoderamiento, pero tan rutinario como barrer la puerta de la casa cada mañana.


De pronto, sin que nada haya pasado y nada se espere, entre fastuosos movimientos de los danzantes y caballos al galope, la función ha terminado y toca decir adiós. Cuando en plena apoteosis popular el de Santillana, subido majestuoso a su caballo, grita entre lágrimas "¡Adiós, Finojosa!", todos comprendemos que quien se está despidiendo tan emocionadamente no es Íñigo, el marqués rechazado, sino Matías, el alcalde, que ha querido quizás con esta actuación poner el término necesario a un ciclo vital, para comenzar otro, ya no tan público, y es entonces quizás cuando al fin se justifica el porqué de tanto espectáculo.


Mozos y mozas al final de la representación.
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La fábula del escorpión y la del parto de los montes


Alegría y colorido en 'La vaquera de la Finojosa', anoche en Hinojosa del Duque.

Richard Pfeilstetter es un joven antropólogo alemán que anda haciendo una tesis doctoral en la que Solienses se convierte también en materia de estudio. Hace algo más de un año, en el transcurso de una placentera entrevista en los acogedores muros del recinto de la Virgen de la Peña de Añora, me preguntó que por qué hacía yo esto. Es una necesidad, vine a decirle, yo veo cosas y necesito contarlas, comunicar al mundo que Los Pedroches existen, dar a conocer mi pueblo y sus gentes, su grandeza, a pesar de su miseria. Sí, pero y por qué, insistió. Y yo hube de decirle entonces, si acaso no lo hice, lo mismo que el escorpión de la fábula: es más fuerte que yo, está en mi naturaleza.



La Vaquera 2010 , que anoche se estrenó en Hinojosa del Duque, constituye un grandioso espectáculo. Un grandioso espectáculo de luz, de sonido, de música, de danzas, de colorido en los vestuarios. Una explosión de vitalidad, de alegría contagiosa. Los caballos entran y salen con sus vistosas monturas y sus engalanados jinetes, gallardos hasta romper. La reina llega y se va, sin que alcancemos a entender para qué, pero rodeada de cortejos esplendentes acordes al multicolor de las chicas de la zambra o de los mozos del arroyo, a punto de reventar de sensualidad. José Caballero y Francisco Tamaral, con la ayuda inestimable de Susi Perea, han creado una Edad Media in wonderland que logra su momento más prodigioso con las villanas danzando al ritmo de Las Grecas, en una sublimación pop que será muy difícil olvidar en estas tierras nuestras de la Andalucía profunda.

En La vaquera de la Finojosa hay un trabajo inmenso de dirección escénica. Los actores entran y salen por decenas, sin que en ningún momento domine la sensación de desorden. En un escenario sobre el que podría representarse la Aída de Verdi, hay un exquisito equilibrio entre las escenas corales y las de personajes, con un juego de espacios que ha sabido combinar los ya existentes en el emplazamiento urbano con los creados a propósito para el espectáculo, todo ello con el fondo imponente de la catedral de la Sierra, que consigue tolerar doscientos actores a la vez sin fomentar la demofobia.

La valoración de los actores ha de hacerse necesariamente atendiendo más al mérito de una voluntariedad por levantar una iniciativa local de semejante alcance que por sus cualidades dramáticas, no ausentes tampoco en algunos casos. La voz dulce de Mª Ángeles Aranda enamora en su primer encuentro con el marqués, y no extraña que el noble caiga rendido a tales encantos. El director ha presentado un marqués más próximo a un Romeo manchado de Don Juan que al anciano calavera de otras ediciones, por lo que aún se entiende menos el por qué la vaquera "non es deseosa/de amar, nin lo espera", ese misterio que perdura en los siglos y que tampoco este año logramos descifrar.


Mª Ángeles Aranda (la vaquera) y Juan Antonio Antón (el marqués).

El espectáculo, pues, lo tiene todo. Una apuesta tecnológica envidiable, una inversión publicitaria infrecuente, una producción de antes de la crisis, un ramillete de responsables artísticos de primera categoría, un cuerpo actoral descomunal, cuajado de posibilidades, una banda sonora envidiable y una ejecución musical impecable, una fantasía Tamaral en forma de vestuario, una dirección valiente que prefiere los riesgos de la innovación a la comodidad de lo sabido, y todo ello puesto al servicio... de la nada. Porque, digámoslo ya, la obra de Luis Eguilaz y Francisco Benítez, tal como se representa, resulta una bagatela insustancial, que intenta el difícil reto de construir una historia sobre un poema de 43 versos y no lo consigue. Todo lo que allí ocurre es gratuito y no conduce a nada que pueda despertar interés, si quitamos la escena del pícaro glotón del mercado y una vez desaparecido el castizo coro de mujeres murmuradoras. Señales tan asombrosas envuelven un pequeño ratón, que condiciona injustamente la percepción final que se deriva del espectáculo total. Pienso que el de Mendoza, tan horaciano, opinaría igual.


Llega la reina con los oficiales de la Inquisición.


Un momento de la fiesta del mercado.


Vista de la Catedral de la Sierra, a cuyos pies se desarrolla la representación.



El vestuario de Tamaral resulta espectacular.


Uno de los mozos del arroyo.


José Caballero, director de la obra.

[Este artículo se publicó originalmente en el blog "Cerro del cuerno"]
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La inversión y la cosecha




La Vaquera y el Marqués ante la portada de la Catedral de la Sierra, durante el ensayo de ayer.

La vaquera de la Finojosa es ya, veinte años después de la primera representación y una vez alcanzada la séptima edición, una ceremonia de integración en el ámbito local y un rito de reafirmación de la identidad colectiva de Hinojosa del Duque. Ha traspasado la mera propuesta teatral como reclamo turístico para convertirse en una actividad de raigambre popular en la que el pueblo expone al espectador sus señas de identidad y al mismo tiempo, al mostrarlas a los demás, las asume y reconoce como propias. La catedral de la sierra (omnipresente en toda la representación), la construcción de la torre atribuida a Hernán Ruiz o la propia serranilla del Marqués de Santillana son ya referencias cultas indiscutibles en la conformación de la personalidad cultural de Hinojosa. En el ámbito popular sobresalen las alusiones gastronómicas, el orgullo de la leyenda de la vaquera y hasta la misma representación, que, en una especie de prolepsis, se anuncia en la propia obra como un referente futuro de la identidad hinojoseña.

En esta edición, el montaje se ha simplificado considerablemente y el argumento se ha desprovisto de las referencias históricas de otras ocasiones, quedando solo como testimonio la presencia del condestable Álvaro de Luna, cuya intervención, no obstante, está pensada más para contribuir al (ligerísimo) enredo amoroso que para plantear conflictos estamentales, territoriales o sucesorios. La suntuosidad de otras ediciones ha desaparecido en parte y en la representación de este año abundan más las escenas puramente teatrales de diálogo entre personajes. No faltan los bailes corales, convertidos en éxtasis pop gracias al vestuario lisérgico de Tamaral, una explosión de colorido que convierte toda la representación en una alucinación dadaísta. Y, en especial, se ha querido hacer hincapié en esta edición en el subtema de la crítica cotidiana como rasgo consustancial a la vida de los pueblos, las habladurías y cotilleos capaces de torcer voluntades y condicionar comportamientos, aspecto que estuvo también muy presente en la edición de 2006 (dirigida asimismo por José Caballero) representado en el inolvidable coro de las mujeres murmuradoras. Afortunadamente, también se ha abandonado el contenido moralizante que se impuso en la de 2014, aunque se mantiene el desvío de la serranilla original, donde la vaquera no correspondía a los amores del Marqués.

Se aprecia un esfuerzo en la dirección por innovar, por presentar un espectáculo que no sea igual al de otros años, aunque la tarea es compleja partiendo del libreto que tenemos. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones: el inmenso esfuerzo de producción, la colosal tarea de poner en pie una representación en la que participan varios centenares de personas, se desluce por la simpleza de la historia a cuyo servicio está. Digámoslo claro: los amores de la Vaquera y el Marqués le importan un pimiento al espectador. Lo que interesa realmente es todo lo demás: la fastuosidad de los diseños deTamaral; la música de Miguel Cerro, que alcanza ya proporciones wagnerianas por su extensión (suena durante casi las dos horas y pico de la representación), y la propia voz del compositor, tan acorde a la de un juglar medieval según nuestro imaginario; las coreografías tradicionalistas de Susi Perea; los efectistas juegos de luces que enseñorean la fachada de la Catedral y los esfuerzos de José Caballero para manejar esas masas actorales que inundan el escenario en varios momentos de la puesta en escena.

La representación a la que asistimos anoche fue la del último ensayo general, en el que todavía se advirtieron algunos errores y desajustes que con toda seguridad desaparecerán en el estreno de esta noche, donde el entusiasmo de tan formidable empresa colectiva llevará a cada participante a brillar en su papel, en la tarea que tenga encomendada. Al juzgar la actuación hemos de considerar que estamos ante actores aficionados, que suplen con entusiasmo y dedicación sus posibles deficiencias escénicas, contribuyendo a una inmensa realización colectiva merecedora de todo elogio y de ningún reproche. La única objeción que surge tras las más de dos horas de representación se refiere, una vez más, al porqué de todo esto. Montar tal derroche de energía, tal despilfarro de creación artística (donde se reúne lo mejor de Hinojosa del Duque, demostrándonos la valía de sus responsables en aspectos musicales, coreográficos, escénicos, técnicos, de diseño y de dirección) para una obra teatral tan insípida, nos deja como un regusto amargo, como una oportunidad perdida y el haber dilapidado una excesiva inversión de talento para una cosecha más bien escasa.


Una de las numerosas danzas de la representación.


El director José Caballero da instrucciones a dos actores durante el ensayo.


Diego de Burgos y Álvaro de Luna pasean por el mercado.


Todos los participantes al finalizar la obra.


Carmen Verónica Leal González (Vaquera) y Ángel Aranda Gómez (Marqués) posan para Solienses al finalizar la representación.
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"La vaquera de la Finojosa" se presenta como el evento cultural del verano en Los Pedroches


El alcalde de Hinojosa del Duque, Matías González, entre "la Vaquera" Carmen Verónica Leal González y "el Marqués" Ángel Aranda Gómez, anoche en Hinojosa del Duque [Fotos: Solienses].

Con la fachada de la Catedral de la Sierra como fondo de escena, anoche se presentó en Hinojosa del Duque la séptima edición de las representaciones de La vaquera de la Finojosa, una muestra de teatro popular inspirada en la serranilla V del Marqués de Santillana que se pondrá en escena en ese mismo lugar del 2 al 5 de agosto [ver Programa completo]. En el acto han participado el alcalde de la localidad, Matías González; los responsables de la representación (José Caballero, director; Miguel Cerro, director musical; Susi Perea, coreógrafa; y Francisco Tamaral, responsable de vestuario) y representantes de algunas de las firmas patrocinadoras (Cajasur, Prode y La Caixa). Todos han señalado como muy relevante el hecho de que una iniciativa cultural de esta naturaleza cumpla su veinte aniversario manteniéndose viva y renovada en cada edición. Se ha destacado la implicación del pueblo de Hinojosa del Duque, sin cuyo compromiso, desvelo y generosidad sería imposible sacar adelante una propuesta escénica del tal envergadura y complejidad. El acto finalizó con un emotivo homenaje a la figura de Francisco Benítez, autor del texto de la primera edición de La Vaquera, fallecido el año pasado. También se entregaron distinciones a los hinojoseños que han encarnado el papel de la Vaquera y del Márqués en todas las ediciones anteriores.


José Caballero, director de la obra.


Miguel Cerro, director musical y compositor de la "banda sonora" de la obra.


Susi Perea, coreógrafa.


Francisco Tamaral, responsable de vestuario y estilismo.


Actores que han encarnado a la Vaquera y el Marqués en anteriores ediciones.


Algunos de los principales actores que representarán "La Vaquera de la Finojosa" este año, ataviados con los trajes de Tamaral.


Todos los participantes en el acto de presentación.
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Un verano de "teatro popular" en Los Pedroches

Representación de "Asonada" en 2018 [Foto: Francisco Rubio Misas].

Hace tiempo que la entrada "Teatro popular", escrita en 2006, viene siendo una de las más visitadas y de las que aparece con mayor frecuencia en el top 5 de "Lo más leído en los últimos días". Allí reflexionaba en torno a ese concepto cultural a propósito de algunas representaciones teatrales que comenzaban entonces a despuntar en Los Pedroches y que hoy parecen propuestas más o menos consolidadas (La vaquera de Hinojosa y El halcón de Belalcázar).


Estas iniciativas de empuje institucional han gozado de cierta fortuna durante los últimos lustros y han conseguido bastante arraigo en la programación cultural de sus respectivas localidades, hasta convertirse no solo en hitos muy marcados de promoción turística, sino también en elementos constitutivos de la identidad local. Ello ha animado a otros pueblos a levantar propuestas semejantes (obras de carácter histórico representadas de modo coral por los propios vecinos), hasta el punto de que en los últimos días se han presentado dos nuevos proyectos de montajes teatrales que se pondrán en escena este próximo verano.


Por un lado, el Ayuntamiento de Pedroche ha presentado a los medios de comunicación la segunda edición de Asonada, una propuesta escénica sobre la destrucción del castillo de Pedroche que se estrenó con éxito en 2018. La intención era haberla representado de nuevo en 2020, con motivo de la celebración del 500 aniversario del comienzo de la construcción de la torre parroquial (emplazada en el mismo lugar donde se ubicó en su día el castillo), pero la pandemia de covid-19 lo impidió. Ahora volverá a llenar su escenario al aire libre del 25 al 28 de agosto de este próximo verano. Dirigida por Emilio Escribano, la obra cuenta con la participación de 120 personas (90 de ellos actores), en su mayoría naturales del propio Pedroche. La representación de Asonada tiene como base la obra homónima de Carlos Boves (candidata al Premio Solienses en 2010) y está inspirada en el episodio de toma y destrucción del castillo de Pedroche a manos de los propios vecinos de la localidad en tiempos de los Reyes Católicos.


En Belalcázar, por su parte, se ha dado a conocer también estos días la intención de llevar a cabo la representación de La leyenda de la Cueva de la Mora de Gafiq durante los días 5, 6 y 7 de agosto. La iniciativa parte de la Asociación Cultural Turdulia y persigue el estreno de una obra teatral escrita por el Cronista Oficial Joaquín Chamero Serena en torno a los amores prohibidos entre un caballero cristiano, que es apresado por los moros, y la hija del juez de Gafiq, una joven árabe que cae rendidamente enamorada de él y se ve por ello enfrentada a su familia. La versión local de esta leyenda castellana está apoyada por la existencia de determinados lugares en los alrededores del pueblo que la dotan de un marco físico transmitido oralmente durante generaciones. El alcalde de Belalcázar ha adelantado que si la nueva propuesta teatral tuviera éxito podría representarse periódicamente cada cuatro años, alternándose cada dos con la otra obra de carácter histórico que ya se pone en escena en la localidad, El halcón y la columna. Francisca Jiménez González será la encargada de la dirección.


No hay que olvidar que este verano corresponde también la representación cuatrienal en Hinojosa del Duque de La vaquera de la Finojosa, basada en una famosa serranilla del Marqués de Santillana. La puesta en escena, que alcanza ya su octava edición, estará en esta ocasión dirigida por Pedro Calvo Díaz y se llevará a cabo del 2 al 5 de agosto en el majestuoso escenario de la Plaza de la Catedral .


El propio alcalde de Hinojosa del Duque, Matías González, representará este año al Marqués de Santillana y Mónica González a la Vaquera (ambos en la foto durante la presentación de la obra realizada el asado 5 de febrero) [Foto: Ayuntamiento de Hinojosa del Duque].
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Presentación de la vaquera


Un momento de la representación en la anterior edición (2006). [Foto: Vaquera de la Finojosa]

Ayer se presentó en el Museo Etnológico de Hinojosa del Duque la V Edición de la representación teatral de "La vaquera de la Finojosa", que tendrá lugar del 5 al 8 de agosto en la Plaza de la Catedral. En el acto participaron Matías González, alcalde de Hinojosa, Miguel Cerro, autor de la música, y José Caballero, director de la obra.

En su intervención José Caballero afirmó que la versión que se prepara "no tiene nada que ver con la cuarta edición". El director ha concebido la representación de este año como la segunda parte de una trilogía que se habría iniciado en la anterior edición, que él mismo dirigió. Allí, con una novedosa mezcla de teatro y cine, se contó la llegada del marqués a la Finojosa del Pedroche, mientras que en esta nueva versión tendremos "al marqués como un huesped en la Finojosa".

Entre las novedades que se incorporan a la representación de este año figura un lenguaje y una gesticulación más acorde al vecindario real de la villa (con la intención de hacer la obra "muy nuestra") o la aparición de un nuevo personaje que promete ternura y comicidad (una vecina que quiere enterarse de todo lo que ha sucedido). En cuanto a los personajes principales de la obra (que interpretarán en esta ocasión Mª Ángeles Aranda y Juan Antonio Antón), Caballero afirma haber buscado una vaquera "mucho más humana, mucho más del pueblo, más humilde, sencilla, dulce, una vaquera diferente" y un marqués, más joven, "más en la línea actual".

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La Vaquera y Asonada protagonizan el verano cultural de Los Pedroches


Un año más, el teatro de corte histórico y popular será el protagonista de la actividad cultural del mes de agosto en Los Pedroches. Del 4 al 7 de ese mes se representará en la espectacular Plaza de la Catedral de Hinojosa del Duque la obra escrita por Francisco Benítez a partir de una serranilla del Marqués de Santillana bajo el nombre de La vaquera de la Finojosa. "La vaquera", que se representa cada cuatro años, ha llegado a convertirse en una seña de la identidad local y no es para menos: más de 250 personas participan cada año en la puesta en escena y se estima que unas 3.000 han intervenido hasta ahora en todas sus ediciones, incluyendo la de este año, que es la octava. La obra cuenta además con lo más selecto de la cultura hinojoseña: el vestuario de Francisco Tamaral, la música de Miguel Cerro, la coreografía de Manoli Chaves, la dirección de Pedro Calvo... Mónica González Moreno y Matías González López (sí, el propio alcalde) interpretarán este año los papeles protagonistas de la vaquera y el marqués.

La otra gran cita teatral será la segunda edición de Asonada, una recreación de Carlos Boves en torno a la destrucción del castillo de Pedroche, que fue llevada a cabo por los propios vecinos de la villa para intentar frenar los intentos expansionistas de la nobleza y conservar así su independencia como territorio de realengo. Se representará del 25 al 28 de agosto en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos que se dramatizan, en la explanada entre la ermita de Santa María del Castillo y la torre parroquial del Salvador, ambas construidas probablemente con restos de la fortaleza derruida. Dirigida por Emilio Escribano, la obra será interpretada por más de cien personas de Pedroche y otras localidades de la comarca. 

 
Vídeo promocional de "Asonada". 

Para casi las mismas fechas de La vaquera (5, 6 y 7 de agosto) se ha anunciado también un nuevo proyecto teatral de corte histórico que se desarrollará en Belalcázar. Se trata de la puesta en escena de La leyenda de la Cueva de la Mora de Gafiq, una obra original de Joaquín Chamero Serena basada en una leyenda popular de la localidad (la historia de un amor prohibido entre un caballero cristiano y una joven árabe, hija del juez de Gafiq -nombre antiguo de Belalcázar-). La representación estará dirigida por Francisca Jiménez González e interpretada por los actores del grupo de teatro local "Viríquilos" y el objetivo, además de ampliar la oferta cultural de la localidad, es recaudar fondos para erigir una estatua en la localidad dedicada al prestigioso oftalmólogo y científico andalusí Mohamed 'Al-Gafequi'.

Ya fuera de Los Pedroches, pero en esta misma línea de fomento del teatro de corte popular e historicista, debe destacarse que del 18 al 23 de agosto se representará en Fuenteovejuna la obra homónima de Lope de Vega sobre la sublevación del pueblo contra el comendador, dirigida por Pedro Hofhuis y José Carlos Cuevas. 
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La vaquera de la Finojosa


Un momento de la representación, con la fachada de la catedral al fondo.

Un crítico teatral comenzaría quizás estas líneas cuestionando la consistencia de una obra que fuerza dos horas de representación a partir de los 43 versos de un poema ligero, la pertinencia de unas secuencias cinematográficas que poco añaden y mucho distraen o la escasa utilización del marco monumental donde se escenifica la función. Pero, tras asistir anoche al estreno de La vaquera de la Finojosa en Hinojosa del Duque, uno debe dejar las exigencias del juez en el tintero para otro día y resaltar, en la justa medida que lo merece, el esfuerzo entusiasta de todo un pueblo al poner en pie un osado espectáculo interpretado por más de doscientas personas, que dan vida a personajes, bailarines, coros y figurantes. Tamaño reto merece una felicitación sin reservas, que personalizaremos en la figura de su director, José Caballero, quien, entre otros riesgos, ha sido capaz de colocar a doscientas personas a la vez en una escena sin que aquello degenerara en un caos ingobernable. Es cierto que la obra necesitaría, quizás, un replanteamiento argumental que diera mayor consistencia a la función y a sus episodios, pero lo visto anoche, llevado a cabo fundamentalmente por actores aficionados rebosantes de entusiasmo, resultó una explosión de color y vitalidad en una hermosísima noche finojoseña. Bien que entre los actores destacaría al dúo formado por el posadero y el mayordomo, así como a la madre de la vaquera, encarnando todos ellos personajes muy tradicionales del teatro clásico español; bien que resaltaría asímismo la ambientación e interpretación de unos músicos que, siendo cultos, suenan populares; o pondría de manifiesto la buena resolución de entradas y salidas de personajes y ocupación del escenario por parte de los actores, en un ámbito donde, por ser tan amplio y con distancias tan poco teatrales, hubiera sido fácil enredarse. Pero parece oportuno ahora, cuando aún quedan tres representaciones más, elogiar el conjunto medido de la representación como una muestra de esfuerzo colectivo, de empuje común para sacar adelante un objetivo cultural extraño en los tiempos que corren. El aplauso de 2.500 personas puestas en pie no admite réplicas estilísticas: es más fácil -e inútil- elaborar una crítica que levantar aquel espectáculo, tan complejo, tan hermoso. Hay un momento mágico, fuera ya de la representación, que resume bien el espíritu de lo visto ayer en Hinojosa. Cuando ya han finalizado los aplausos y todos los actores participantes permanecen aún en la plaza felicitándose gozosos por el trabajo realizado, el público comienza a bajar del graderío y se funde con los personajes de la obra en una plástica expresión de todo lo que allí se vive. Actores y público no eran diferentes, sino lo mismo, porque lo que era un escenario es ya una plaza, donde sigue la vida, sin distinguir ahora entre ficción y realidad. Cuando se apaguen los focos aún resonarán alrededor de la fuente las burlas sentenciosas del coro de mujeres murmuradoras, tan nuestras. Qué barbaridad.


En la gran pantalla se proyectaron fragmentos de la trama grabados en paisajes y monumentos de la comarca.


José Caballero (con camisa blanca), director de la obra, ultima detalles momentos antes de comenzar la representación.


Uno de los momentos más complejos de la obra, con todos los actores en el escenario.


Personas de todas las edades participaron en la representación.
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Teatro popular en el verano de Los Pedroches


Actores que interpretarán "La vaquera de la Finojosa" este año [Foto: Ayuntamiento de Hinojosa del Duque].

Para este verano se está preparando la representación de dos obras de teatro popular en sendos pueblos de Los Pedroches. Por un lado, en Hinojosa del Duque se pondrá en escena un año más La vaquera de la Finojosa, del 2 al 5 de agosto. Se cumple este año la séptima representación de la obra, que se estrenó en 1998. Hace pocos días se dio a conocer quiénes serán los actores que este año encarnarán a los principales personajes: Carmen Victoria Leal González dará vida a la Vaquera y Ángel Aranda Gómez hará lo propio con el Marqués. La dirección correrá a cargo de José Caballero, que ya ha estado al frente de la representación en dos ocasiones anteriores.


Portada del disco.

A finales del año pasado se presentó también un disco recopilatorio de la música que ambienta la representación, compuesta por Miguel Cerro. Se trata de 16 temas de aire medieval que son interpretados en directo durante la puesta en escena de La Vaquera de la Finojosa y que ahora se han reunido en un CD que pasa a formar parte del patrimonio artístico inmaterial de Los Pedroches.

En Pedroche, por su parte, comenzará a representarse este año Asonada. Toma y destrucción del castillo de Pedroche, según la obra de Carlos Boves (que fue candidata al Premio Solienses en 2010). Se trata de la dramatización de un hecho histórico acaecido en Pedroche durante el reinado de los Reyes Católicos, la destrucción de su castillo a manos de sus propios vecinos, sublevados contra la tiranía de la nobleza. Dirigida por Emilio José Escribano Rubio, se representará los días 17, 18 y 19 de agosto en la explanada situada a los pies de la torre parroquial, junto a la ermita de Santa María del Castillo.

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Cerca de ti

Ventanas de la sacristía de la Catedral de la Sierra [Foto: Solienses].

Sin saber exactamente en qué consistía aquella convocatoria. Uno acude temeroso, receloso, quizás porque, en este mundo de la comunicación digital altruista, uno no está acostumbrado a la calidez de una invitación generosa, sino más bien a la aspereza de los desprecios. Teme, por lealtad, sentirse obligado luego a hablar bien de lo que se le ofrezca allí, incluso aunque observe aspectos negativos. Y, lo peor de todo, teme estarse entregando a un dulce soborno que le reclame buenas palabras a cambio de cordialidad, estando como estamos todos tan necesitados de afecto.


Todos estos temores desaparecieron de golpe en cuanto llegamos a Hinojosa. Habíamos sido convocados allí una quincena de personas de Los Pedroches de lo más variopinto, con el nexo común de nuestra presencia más o menos regular en las redes sociales y en la comunicación digital. Muchos ya nos conocíamos de otros eventos comarcales, pero era la primera vez que acudíamos a un acto como protagonistas, al que se nos había invitado para ser nosotros los agasajados, y no para agasajar a otros, como suele ser lo habitual. La concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Hinojosa del Duque estaba ensayando una fórmula novedosa para enseñar el potencial turístico de la localidad a través de los ojos de personas de la propia comarca. Era una apuesta por fomentar el turismo más cercano, de proximidad, en la que los participantes serían los encargados de contar, a través de sus cuentas de Instagram o Twitter, blogs o páginas de Facebook, todo lo que Hinojosa del Duque puede ofrecer como destino turístico.


Todos los temores, digo, desaparecieron cuando se nos recibió con respeto y un punto de admiración, y nadie nos exigió hacer nada. El encuentro había sido preparado con tanto mimo, con tanto cuidado al detalle, con tantos deseos de agradar, con tanto cariño, que al poco rato todos nos sentimos arropados en un universo de calor al que generalmente no estamos acostumbrados. Así, todo comenzó a fluir con franqueza y nuestra tendencia natural a enviarlo todo enseguida al mundo virtual surgió espontáneamente con la sorpresa de descubrir una Hinojosa del Duque que, a pesar de haberla visitado tantas veces, nos tenía aún reservado un amplio espacio para el asombro y el descubrimiento


Cúpula de la ermita de la Virgen del Castillo [Foto: Solienses].

Tras una breve recepción en el Ayuntamiento, con su alcalde Matías González, comenzó un recorrido por los principales atractivos monumentales de la localidad, explicados con solvencia y rigor por la guía turística Sara Aranda, que nos acompañó con su sabiduría durante toda la jornada. En primer lugar visitamos la ermita de la Virgen del Castillo, donde admiramos sobre todo el camarín barroco que acoge la imagen, una explosión de luz y color que dinamita la austeridad habitual de nuestros templos comarcales. Pudimos contemplar el suelo, habitualmente cubierto por alfombras, y sorprendernos por la anécdota de que debajo de ese camarín, en lo que antiguamente era la sacristía de la ermita, si sitúa ahora la cocina de un bar colindante. 


Detalle de los arcos en el interior de la Catedral de la Sierra [Foto: Solienses].

Luego pasamos a la iglesia de San Juan Bautista, la Catedral de la Sierra, contemplando primero su exterior, subrayado por la luz de una soleada mañana otoñal, y luego el interior, tan lleno de tesoros admirables. Pude subir por primera vez a la torre de la Catedral, a través de sus 85 escalones en espiral. Desde arriba se distingue el castillo de Belalcázar, las sierras de Santa Eufemia y hasta la fábrica de piensos de la Covap en Pozoblanco, a más de 30 kilómetros de distancia. El recorrido por la iglesia, además de lo fundamental, que es mucho, está salpicado de pequeños detalles y anécdotas: la puerta de la sacristía que estuvo policromada antiguamente, la intención de cubrir las naves con bóvedas que hubieron de sustituirse por artesonado, el coro que oculta los arranques de los arcos porque se construyó después del conjunto, la Inmaculada de un discípulo de Gaudí, los versos de Poliziano en el batisterio...


El grupo posa delante del santuario de la Virgen de la Antigua [Foto: Hinojosa es turismo].

Luego llevamos a cabo parcialmente la ruta de las ermitas, visitando la de Santo Domingo de Guzmán y la de Nuestra Señora de la Antigua. La primera nos trajo gratos recuerdos del Premio Solienses, que fue entregado allí en 2016. En esta ermita se reunían los concejos de Hinojosa del Duque y Belalcázar para tratar asuntos comunales y cada uno entraba por su puerta. En el santuario de la Antigua vimos las nuevas pinturas que decoran la bóveda del altar mayor, recientemente realizadas por Javier Aguilar. En el exterior, mientras el cielo se ennegrecía, probamos suerte con la campana, que ofreció su resistencia.


Era ya hora de comer y la organización nos había distribuido en tres restaurantes de la localidad: Mesón Brigadier El Condesito, Piedra y Luz y El cazador. A mí me correspondió el primero, junto con un encantador grupo de comensales (la mayoría de los cuales nos veíamos por primera vez) que elevó la situación a inolvidable. La comida que nos sirvieron era deliciosa y con mucho estilo, poco convencional por estas tierras nuestras, desde las berenjenas confitadas con queso de cabra, el pulpo a la plancha o el tartar de atún, sin olvidar las carnes tradicionales con su punto de modernidad. La antigua casona del brigadier está llena de misterios para quien crea en ellos y eso añade un plus de atractivo a un lugar ya de por sí con mucho encanto.


Tras la comida, dimos un paseo por algunas plazas y calles de la localidad, en obligada selección: la del convento de las Concepcionistas, la de la ermita de Santa Ana, la calle Corredera... Hubo referencias a muchos otros lugares que no alcanzamos a visitar por falta de tiempo y Sara nos contó que ha proyectado realizar un itinerario turístico por los mosaicos y hornacinas que ha localizado en todo el pueblo, de los que ha inventariado 22 y quién dice que no haya más. Surgió el tema del eterno problema del visitante en nuestros pueblos, que es encontrarse con los lugares cerrados, y convinimos en la necesidad de ponerse en contacto previamente con las oficinas de turismo, allí donde las haya, para garantizar horarios y evitar decepciones.


Así nos íbamos acercando a la guinda final de la jornada, uno de los lugares más extraordinarios de toda la comarca de Los Pedroches y que ningún turista (lejano o de aquí) debería dejar de visitar por encima de todo. Quien quiera conocer de dónde vienen Los Pedroches de hoy debe sumergirse en el Museo Etnológico de Hinojosa del Duque, que no es solo suyo, sino de toda la comarca. Lo visité por primera vez hace unos pocos años y al volver ahora lo he encontrado aún más evocador que entonces, más lleno de emociones en cada objeto. Serpentear entre todos los materiales allí expuestos es una tentación constante a captar una imagen tras otra, porque todo allí es fotografiable, todo seduce y reconforta a su modo.


El grupo, ya algo mermado, bajo las bóvedas del Museo Etnológico [Foto: Hinojosa es Turismo].

Se acercaba el final, pero antes de la despedida nos tenían preparado un encuentro con Pedro Calvo Díaz, que será el director de la próxima edición de la representación popular de La vaquera de la Finojosa, que se celebrará en agosto del año que viene. Pedro, con una solemnidad que contrastaba con los humildes cacharros de cocina colgados en las paredes del recinto que nos acogía, desgranó algunas claves del Marqués y la Vaquera, de su intención de fidelidad al texto de Francisco Benítez y de lo que significa esta puesta en escena para el pueblo de Hinojosa.


Al despedirnos, el Ayuntamiento nos obsequió con un ejemplar de La Ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque de Juan Ruiz, el libro que desde principios del siglo XX marca la senda de la historiografía local. Despedirnos con un libro fue un gesto hermoso, allí, al lado de la caja fuerte del museo que guarda un enigma, porque nadie ha conseguido abrirla aún. Ya era noche en el exterior y al frío serrano que se nos echó encima se añadió conocer en ese mismo momento la triste noticia de la muerte de Almudena Grandes. Aún restaba un último momento de cordialidad y confidencias en el bar Origen, frente a los silos iluminados, con gin-tonic e Izal. Pero esa es otra historia.


Un naranjo en la plaza del Convento de las Concepcionistas [Foto: Solienses].


Ahora, tres días después, me he sentado a escribir esta crónica de lo vivido el sábado pasado entre tantas emociones. Incluso ya cernido el entusiasmo del momento por el tamiz del tiempo, toda la jornada se recuerda como una experiencia maravillosa. Por la conjunción de monumentos extraordinarios, de explicaciones fundamentadas, de recibimientos cariñosos y de cordialidad. He leído o escuchado a alguno de los presentes decir que aquel encuentro hizo mucho por afianzar (¿o reconstruir?) el ideal de comarca, porque éramos gente de aquí, de diferentes pueblos, que nos reuníamos para apreciar a uno de los nuestros, para conocerlo mejor y extraer de él toda su esencia, para luego poderla contar con mayor conocimiento. Creo no equivocarme si digo que todos quedamos profundamente seducidos y atados para siempre a la historia y la cultura de Hinojosa. No niego que los dulces de boda de Moraño y el vino de pasas de Bodegas Barbero tuvieran mucho que ver en todo ello.


Recreación de una cocina tradicional en el Museo Etnológico [Foto: Solienses].

Plaza de la catedral vista desde la torre [Foto: Solienses].


Interior de la ermita de Santo Domingo [Foto: Solienses].