Feliz 2004 en Los Pedroches
Plaza de la Villa y Parroquia de la Asunción de Dos Torres
CULTURA Y PENSAMIENTO EN LOS PEDROCHES
Abujálid Saíd ben Soleiman ben Habib era originario de la ciudad de Gafiq. Había sido juez en Mérida y en otras partes antes de ocupar el cargo de juez de Córdoba; luego el monarca Abderrahman II le nombró juez de la aljama de Córdoba (...). A Saíd ben Soleiman le nombró juez de la aljama de Córdoba Abderrahman II; y fue juez hasta que murió Abderrahman II; luego, Mohámed I le confirmó en el cargo; y lo ejerció cerca de dos años; al fin, murió en Córdoba siendo juez, no cesante. No he oído decir la fecha en que fue nombrado, pero sin duda alguna debió de ser después del año 234 (...).
Cuando el monarca Abderrahman II quiso nombrar a Saíd juez de Córdoba, le envió un emisario, el cual encontró a Saíd arando con su yunta de bueyes en el cortijo que poseía en el Llano de las Bellotas. El emisario le dijo:
-Ponte a caballo inmediatamente para ir a Córdoba, porque el monarca tiene el propósito de nombrarte juez.
-Déjame ir antes a mi casa -le contestó Saíd- a preparar lo que sea preciso.
-Estate tú aquí conmigo -le dijo el emisario no queriendo dejarle marchar- y envía a alguien que vaya a tu casa por la caballería que hayas de montar y las provisiones que necesites.
Así se hizo; y cuando llegó a Córdoba, el soberano le nombró juez.
Iba a la mezquita, donde tenía la curia, vistiendo una chupa blanca, llevando en la cabeza un alto bonete de forma cónica, también blanco, y una capa blanca de la misma clase. Cuando los curiales le vieron con aquella vestimenta les pareció, a primera vista, un hombre despreciable y hasta se atrevieron, en un rato en que él no estaba en la mezquita, a traer una espuerta llena de cortezas de bellotas y ponerlas debajo de la estera sobre la que había de colocarse el juez para rezar. Al venir éste, después de realizada esta fechoría y ponerse encima de la estera, sintió que allí debajo había una cosa que se resquebrajaba y, cuando acabó de rezar, levantó la estera y vio las cortezas de bellotas. Alguien le dijo que unos curiales habían hecho aquello, y el juez, persuadido de que efectivamente así habría sido, al presentársele aquéllos, les dijo:
-Oh asamblea de curiales, vosotros me echáis en cara el que yo sea del Llano de las Bellotas; os prometo que he de ser, pardiez, tan duro como la madera de encina, que no se resquebraja.
Luego, tras estas palabras, les juró que ellos no ejercerían el oficio de abogado ni procurador en su curia durante un año. Eso hizo que estuviesen a punto de arruinarse, quedando pobres.
El debate de la memoria
¿Un revival de naftalina?, por Marc Carrillo.
Una generación en el poder sin memoria histórica, por Alvin Toffler.
¿Recordar para mejor olvidar?, por Reyes Mate.
La hora de las víctimas, por Paloma Aguilar.
[Enlaces tomados de Bitácora Almendrón]
Asociación para la recuperación de la memoria histórica
Caminamos con todo el gusto que pudimos mis mercaderes y yo, buscando por el camino ocasiones en que tenerlo: llegamos a la Conquista, que es un pueblecito que se comenzaba entonces, un domingo por la mañana: entramos a oír misa, que la estaba diciendo un clérigo que pronunciaba la lengua latina como gallego. La misa era de Requiem, porque habían enterrado aquella mañana un pobre, y ayudábale un sacristán, que sobre un sayo pardo muy rozagante traía una sobrepelliz de cañamazo. Acabada la misa, diciendo el responso sobre la sepultura, acabó el clérigo diciendo: "Requiescat in pace, alleluja, alleluja". El sacristán le respondió con muchos pasos de garganta: "Amen, alleluja, alleluja". Lleguéme al buen hombre, y díjele: "Mire, padre, que en misa de Requiem no hay alleluja". Respondióme muy confiadamente: "Arre allá, señor estudiante; ¿no ve que es entre Pascua y Pascua?". Fuimonos cayendo de risa por todo el camino.
En 1641, las Siete Villas de los Pedroches se ven obligadas a comprar sus tierras a la Corona, aunque hasta el mes de noviembre de 1724, no se llevó a cabo el deslinde de sus términos. Poco después , en 1747, va a desaparecer la jurisdicción de los Marqueses de El Carpìo sobre las villas de los Pedroches, y entre éstas la de Pozoblanco. En el siglo XVIII Pozoblanco había alcanzado ya cierta supremacía sobre el resto de las villas de la Comarca y así, en 1771, se convierte en capital de Los Pedroches y Carlos II le concederá la instalación en la villa del juzgado y el corregimiento, hasta entonces en la vecina villa de Torremilano.
La memoria colectiva es diferente según los diferentes lugares del mundo, debido en parte a las diferencias en sus ritmos de cambio. En los lugares en los que la evolución es lenta, el proceso de olvido generacional es asimismo lento y los recuerdos perduran durante mucho tiempo. Los ancianos merecen respeto porque tienen la facultad de recordar el pasado y de extraer enseñanzas de él. Estas enseñanzas representan un regalo de inestimable valor para las nuevas generaciones porque, si poco o nada ha cambiado, los métodos antiguos, perfeccionados a lo largo de los siglos, mantienen su vigencia. En los lugares donde la evolución es lentísima, los grupos tribales alimentan sus rencores de generación en generación y se cobran sus venganzas entre sí. El pasado sigue ejerciendo una poderosa influencia sobre el presente. (Alvin Toffler, "Una generación en el poder sin memoria histórica", El Mundo, 4-XII-2003)
Antonio Merino, 2003-2025