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El halcón y la columna

El halcón y la columna

Hay, lo primero, que vencer la tentación de comparar El halcón y la columna con La vaquera de la Finojosa, siendo que ambas sólo tienen en común el estar interpretadas por actores locales no profesionales y utilizar como decorados el marco monumental del rico patrimonio artístico de sus respectivas localidades. Pero, luego, la hinojoseña se desvela como un mero entretenimiento folklórico, ligero y hasta liviano, mientras que El halcón y la columna, a cuyo estreno asistimos ayer en Belalcázar, ha resultado ser una purísima obra de teatro histórico, que no sólo indaga, de modo más ameno a como podría esperarse en temas tan áridos, sobre los orígenes del condado de Belalcázar, sino que contiene una esmerada reflexión sobre temas tan eternos como el poder, la condición humana y la divinidad. La obra teatral de Francisco Benítez, con un lenguaje bello, elegante y armonioso, ha encontrado su marco perfecto de realización junto a la sorprendente galería porticada gótico-mudéjar del patio de la huerta del Convento de Santa Clara de la Columna, donde reposan en la realidad los restos mortales de los personajes protagonistas de la ficción. El pueblo de Belalcázar asumió un reto arriesgado, lanzándose a una actividad difícil que bien podía haberse resuelto al modo en que muchas veces se concluyen las cosas en nuestros pueblos, chapuceramente y con desgana. Pero la representación de ayer brilló como las estrellas que anudaban la noche del firmamento belalcazareño.

El halcón y la columna, dirigida por Javier Ossorio, está formada por tres piezas en torno cada una de ellas a uno de los tres primeros señores de Belalcázar: Gutierre de Sotomayor, cuyo innoble acceso al poder se nos cuentan en un flash-back a partir de su propio funeral; Alonso de Sotomayor, soberbio y ambicioso, casado con Elvira de Zúñiga tan sólo para hacerla desgraciada; y Juan de Sotomayor, llamado a la vida contemplativa con el nombre de fray Juan de la Puebla. En su desarrollo asistimos a los asuntos académicos que nos enseña la historia: el nacimiento del condado, las relaciones del concejo y pueblo de Belalcázar con sus señores, la usurpación de tierras comunales, el cambio de nombre del pueblo, la construcción del castillo, la fundación del convento. Y a su alrededor, la vida cortesana, con su chispa y sus miserias, su drama y su comedia, la villanía del noble y la nobleza del aldeano, el difícil arte de gobernar justamente, en fin, el sentido de la vida y la muerte. Y una inquietante reflexión estremecedoramente subrayada por un coro al más puro estilo de la tragedia griega, que con un lenguaje poético cargado de intensidad anticipa y rubrica el ser y el sentir de los personajes marcados en la trama con las señas del destino. Una acertadísima utilización del espacio escénico ha colocado a este coro en la galería superior del pórtico, lo que le concede a su presencia un aire fantasmal y a sus disposiciones morales una inexorabilidad inevitablemente fatal.

Para alabar el ajustado trabajo de todos los actores, baste decir que hasta el halcón ejecutó correctamente su papel. Nadie percibió allí falta de profesionalidad, al contrario, hubo interpretaciones de gran nivel y no nos extrañaría que más de una vocación se haya despertado con esta puesta en escena. Otros aspectos técnicos los dejo a la valoración de los entendidos en la materia, pero destáquese la inteligente iluminación, que no sólo marca espacios y ambientes, sino también caracteres y sentimientos, y la ambientación musical, que si bien adquiere en ciertos momentos un excesivo protagonismo cinematográfico, en su conjunto contribuye eficazmente a crear un clima acorde a lo que los personajes están viviendo y sintiendo.

En definitiva, por su novedad, por su esmerada ejecución, por su eficaz y coherente utilización del marco monumental, por la corrección en la interpretación, por la hermosa plasmación literaria de un tema histórico de importancia comarcal, por la belleza poética del texto, por el empuje colectivo de todo un pueblo y por el armonioso conjunto resultante, el espectáculo de ayer nos parece, sin dudas, el acontecimiento cultural del año en Los Pedroches. Dicho queda, con su riesgo.

El halcón y la columna
Los juegos de luces marcan ambientes y espacios diferentes.


La galería porticada de la huerta de las monjas fue un marco perfecto para la representación.

El halcón y la columna
Los caballos dieron espectacularidad a la obra.
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Esperando "El halcón y la columna"


Actores de "El halcón y la columna" durante su presentación en la Diputación de Córdoba. [Foto: Diputación]

Cuando todavía no han terminado las representaciones de "La vaquera de la Finojosa", que concluyen esta misma noche con su cuarta sesión, ya nos preparamos para el estreno el próximo jueves de la recreación histórica del nacimiento del Condado de Belalcázar titulada "El halcón y la columna", de Francisco Benítez, que se pondrá escena del 7 al 10 de agosto en el entorno monumental del Patio de la Huerta del Convento de Santa Clara de Belalcázar. En la obra participan casi 150 vecinos de la localidad bajo la dirección de Rafael Patiño. El halcón y la columna, que se representó por primera vez en 2006, comienza con la muerte del Maestre de Alcántara, Gutierre de Sotomayor, y, después, se adentra en la unión entre Alfonso de Sotomayor y Doña Elvira de Zúñiga, para abordar finalmente las relaciones de Doña Elvira y su primogénito, primer Conde de Belalcázar, que pasó a la historia como Juan de la Puebla. Las entradas (8 euros) pueden adquirise en el Ayuntamiento de Belalcázar.



Críticas de las anteriores representaciones de "El halcón y la columna":

2006: "El halcón y la columna"
2010: "El halcón, la columna y todo un pueblo"
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Elogio de la sobriedad


Leonor de Guzmán (Paqui Jiménez González) llora la muerte de su esposo en la representación de ayer en Belalcázar.

He asistido a las tres ediciones de El halcón y la columna, desde que comenzaran las representaciones allá por 2006. Escribí mis pareceres de las dos primeras (2006 y 2010), dejando en ellos constancia de todo lo positivo que encontraba en unas puestas en escena muy meritorias al servicio de un texto muy bien construido y ejemplarmente ajustado al objetivo previsto: crear una obra emblemática que se erigiera como seña de identidad de un pueblo, indagando en sus orígenes históricos gracias a la presencia de unos personajes de carne y hueso que contienen todos los componentes esenciales de los prototipos dramáticos: la ambición, la crueldad, la nobleza, el despecho, la piedad… Hay en El halcón y la columna un profundo análisis de la compleja naturaleza del ser humano hilvanado a través de varias generaciones de nobles y vasallos en Gahete y Belalcázar, con un texto hermoso cargado de emocionantes reflexiones sobre el presente y el futuro, sobre el auténtico ser del hombre y sus inclinaciones.

Podemos asegurar que las representaciones de El halcón y la columna se han consolidado como la expresión cultural de un pueblo que la ha convertido en tradicional en solo tres ediciones. Belalcázar ha hecho suya en poco tiempo una inversión cultural que no solo implica un reclamo turístico para una localidad que tiene ya muchos, sino que exige además una predisposición a la reflexión histórica y filosófica, no siempre fácil de alcanzar. Los organizadores deberían, por ello, no dejarse vencer por la engañosa tentación de rebajar los contenidos más complejos de la propuesta escénica buscando agradar al mayor público posible, sino, aprovechando la sólida implantación que la iniciativa parece haber logrado, obligar al espectador a realizar ese esfuerzo de comprensión suplementario que con frecuencia se evita en las propuestas veraniegas, que alguien ha decidido que deben ser tópicamente ligeras.

En el preestreno ayer de la tercera edición de El halcón de la columna, destinado especialmente al pueblo de Belalcázar, a las autoridades y a la prensa, me pareció advertir una ligera inclinación en este sentido que apunto. El primer acto se demoró plácidamente en vistosas ceremonias (una boda, un funeral, con especial dedicación a un ritual religioso cuyo fin dramático no alcanzo a entender), con exceso de figurantes, con bailes y caballos que entran y salen a lo largo de toda la representación. Me pareció como si quisiera acentuarse el factor espectáculo (buscando, quizás, semajarse a otras propuestas vecinas) en una obra que posee las suficientes cualidades literarias y teatrales como para no necesitar adornos que distraigan de lo principal, haciendo de la sobriedad su mayor valor. Porque lo principal son los duelos dialécticos entre los personajes, la desnuda representación de las miserias y grandezas humanas a través de la simple palabra arropada por las históricas arquerías del convento de Santa Clara, donde sobran caballos, estandartes y fanfarrias.

La representación de ayer, en fin, adoleció de algunos errores técnicos y de interpretación que sin duda serán corregidos en las funciones siguientes y que, desde luego, no restan brillantez al mérito inmenso de todo un pueblo poniendo en pie de modo tan colosal la historia remota de sus orígenes.


Cola Mª Bazurto (Jorge López de Medina) y el maestre Gutierre de Sotomayor (Antonio Murillo Navarro).


El halconero Paniagua (Francisco Jurado Rodríguez).


El coro lanza sus advertencias desde la galería superior.


Elvira de Stúñiga (Loles Moreno Gómez), el alcalde de Gahete (José Soto Caballero) y Alfonso de Sotomayor (Francisco Javier Blázquez Pascual).


El patio de la huerta del Convento de Santa Clara presta el decorado ideal a la representación.
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El halcón, la columna y todo un pueblo


Boda de don Alfonso de Sotomayor y Elvira de Stúñiga.

La circunstancia poco afortunada de asistir hace cuatro años a la primera representación de El halcón y la columna en Belalcázar desde la fila más alta del graderío me proporcionó el raro gusto de cotemplar en su perfección el vuelo dulce del halcón, que de las manos de Paniagua allá en la lejanía vino a posarse suavemente muy cerca de donde me hallaba. Anoche, en cambio, desde la primera fila, al pie del escenario, colmé el placer inmenso que proporciona sentirte salpicado por la emoción que despierta un personaje, por la sensibilidad exquisita que transmite un actor, cuando logra el prodigio del engaño perfecto y te hace olvidar que lo que contemplas es mentira, es ficción, es teatro. El mérito le corresponde a Loles Moreno Gómez, que en su encarnación de Doña Elvira de Stúñiga logró a mi parecer anoche la interpretación más destacada de la representación, durante la escena en que su hijo le comunica la intención de tomar los hábitos. Fueron acaso unos segundos: de esos que engrandecen toda una actuación.


Doña Elvira de Stúñiga (Loles Moreno) y el alcalde (José Soto).

El halcón y la columna no es una obra de teatro, sino tres, que podrían representarse individualmente y que unidas adquieren una justa coherencia. La historia de los dos primeros Señores de Gahete (don Gutierre y don Alfonso de Sotomayor) constituye una reflexión sobre el poder, la ambición, la soberbia y la violencia, con su venganza inexorable. La tercera parte, en cambio, centrada en Elvira de Stúñiga, esposa de don Alfonso, conforma el contrapunto de la templanza, con personajes menos dibujados, más obligados a justificar la historia y culpables todos ellos de que la obra representada no derive definitivamente en tragedia, condición a la que parecía abocada desde que, a la par de los dobles de campanas que anuncian la muerte del maestre de Alcántara, un coro de mancebas enmascaradas predicen las desgracias de un futuro sin tirano.

En la representación intervienen 93 actores y actrices no profesionales, absolutamente entregados a su labor colectiva de sacar adelante tan hermosa iniciativa comunal. Un extraño uso de la luz que impide ver la expresión de los actores en muchas ocasiones, algunas escenas que se desarrollan de espaldas al espectador y una utilización de la ambientación musical excesivamente cinematográfica ni siquiera consiguen enturbiar un trabajo global que no puede calificarse más que de sobresaliente. El patio de la huerta del Convento de Santa Clara, escenario donde se desarrolla la representación, se vuelve un personaje más de la obra, que gira en torno a él en buena parte. Y cuando todo acaba y el público abandona el lugar entre hachones encendidos, aún perdura en la retina el vuelo del halcón, las mancebas del piso superior asustando con sus desgarrados lamentos oscuros y el desconsuelo fatal de Doña Elvira que, abandonada por sus hijos, muere sola, como ha vivido. Pero, sobre todo, en la calurosa noche estrellada belalcazareña, lo que especialmente conmueve es este singular esfuerzo colectivo de todo un pueblo capaz de haber creado en tan poco tiempo una tradición con visos esperanzadores de firme arraigo popular.


Cola María Bazurto (Jorge López de Medina) regresa del otro mundo para ajustar sus cuentas.


Don Gutierre de Sotomayor (Andrés Murillo) habla con el maestre de Alcántara (Manuel Rodríguez).


En la galería superior actúa el coro de mancebas.


Don Alfonso de Sotomayor (Francisco Quintana) sometiendo al pueblo.


Gutierre (Francisco Herrera) lee su nombramiento como conde de Belalcázar.


Javier Ossorio, director de la obra (izquierda), junto con uno de los actores, al término de la representación.

[Este artículo se publicó originalmente en el blog "Cerro del cuerno"]
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Negociar el patrimonio



Representación de "El halcón y la columna" (2014) en el Patio de la Huerta del convento de Santa Clara.

El alcalde de Belalcázar lo expresó muy gráficamente en la última junta de la Mancomunidad: "Belalcázar tiene mucho patrimonio, pero suyo no tiene ninguno". Se refería Francisco Luis Fernández a que la mayoría de los monumentos (entre ellos, todos los más señeros) de una localidad tan rica en herencia histórica no son de titularidad municipal: el castillo los Sotomayor es propiedad de la Junta de Andalucía, el convento de Santa Clara pertenece a la comunidad de clarisas, las iglesias y ermitas dependen de la diócesis, incluso la Casa Grande de Corpus Barga corresponde todavía a sus herederos...

A un intento de administrar desde el municipio estos bienes patrimoniales con finalidad cultural y turística responde la iniciativa, de momento frustrada, para conseguir la cesión por parte de la Junta de Andalucía de la gestión del castillo. También el acuerdo adquirido con los herederos de Corpus Barga para expropiar la casona por la vía del bien de interés social. Y también el convenio suscrito con el convento de Santa Clara para la utilización de determinados espacios con fines culturales. Al menos, hasta ahora.

Según informaba ayer Ángel Robles en El día de Córdoba, la comunidad de clarisas ha decidido no renovar este convenio, firmado en 1984 con una duración de 35 años. Desde aquel año, el convento ha sido objeto de numerosas obras de restauración y rehabilitación a cargo de las administraciones públicas, lo que probablemente ha salvado al monumento de su ruina. A cambio, la comunidad de monjas ha permitido el uso de determinadas estancias con fines culturales, que no interferían la vida monacal y disponían de acceso independiente. Así, en el llamado Patio de la Huerta se han puesto en escena con gran éxito las cuatro ediciones de El halcón y la columna, en la sala del Barco o de las Columnas han tenido lugar diversas exposiciones y estaba previsto que se montara en ellas un museo arqueológico y de costumbres populares, e incluso todas estas dependencias fueron cedidas durante unos años para la instalación en ellas de la residencia de artistas La Fragua. Allí se celebró también la entrega del Premio Solienses en 2012. "No queríamos seguir con este convenio y ya está”, dice por toda razón sor Isabel Cobo Jiménez, la madre abadesa.


El patio de la Huerta durante la entrega del Premio Solienses en 2012.

El episodio me despierta dos reflexiones. En primer lugar, me hace temer por la integridad futura del propio monumento. Parece evidente que una comunidad de tan solo diez miembros (a la que imaginamos no sobrada de recursos) difícilmente va a poder atender el mantenimiento de un inmueble de tal envergadura sin contar con el respaldo de la administración pública. Quizás haya que esperar otros diez o quince años a que alguna de las dependencias del convento esté de nuevo en peligro de derrumbe para que vuelva a firmarse otro convenio. O a que en la dirección de la congregación de religiosas haya alguien con más sensibilidad hacia el patrimonio histórico. Pero mientras tanto se habrán perdido unos años preciosos para ayudar al desarrollo y la promoción de Los Pedroches a través de un recurso artístico de primera categoría.

En segundo lugar, la denuncia de este convenio (que debía haberse negociado y renovado mucho antes de que venciera) pone en cuestión la actuación del Ayuntamiento de Belalcázar, que suma a esta pérdida la de no haber logrado tampoco la cesión del castillo. Está claro que falta ahí capacidad negociadora y habilidad para llegar a acuerdos. El patrimonio de Belalcázar no es municipal y alguien no acaba de entender lo que esto significa.
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El claustro y la columna

Como ya es sabido, durante los días del 10 al 13 de agosto próximos se va a representar en el patio de la huerta del convento de Santa Clara de Belalcázar la obra El halcón y la columna, de Francisco Benítez, interpretada por un grupo compuesto por vecinos de la localidad y dirigidos por Javier Ossorio. La obra gira en torno a la historia de la familia condal de Belalcázar, linajes de Sotomayor y Zúñiga, entre los años 1432 y 1483. La propuesta se presenta por parte de las instituciones como una de las iniciativas culturales más importantes de este verano y se confía en la proyección beneficiosa que puede tener para la villa anfitriona de cara al turismo rural. Según declaraciones del alcalde belalcazareño, con esta representación se pretende "dar a conocer en la actualidad la riqueza histórica, patrimonial y cultural de este pueblo". Y, desde luego, me parece una magnífica ocasión para conseguir este objetivo. Está ya de sobra comprobado que las actividades culturales veraniegas suelen atraer a gran cantidad de gente, que no duda en desplazarse incluso a grandes distancias para gozar de espectáculos de calidad, especialmente si ofrecen el aliciente añadido de cobijarse en lugares de gran interés histórico-artístico. Y, en este caso, no podía haberse elegido mejor marco: el convento de Santa Clara de la Columna, fundado en 1476 por doña Elvira de Zúñiga, constituye uno de los principales conjuntos conventuales de la provincia de Córdoba, habiéndose conservado hasta el presente sin grandes transformaciones en su arquitectura gótica. Uno de sus elementos constitutivos fundamentales es el claustro, que luce dos pisos de galerías abiertas, el primero con arcos carpaneles y el segundo adintelados, con bellos pretiles de labores góticas y vistosos artesonados por sus excelentes lacerías y decoración pintada. Belalcázar cuenta, además, con otros impresionantes monumentos: el castillo de los Sotomayor, la iglesia de Santiago, el convento de San Francisco... todos ellos relacionados con la familia condal y excelentes reclamos para atraer al visitante foráneo a disfrutar de los encantos de la villa.

Por ello me ha sorprendido encontrame en el tríptico y en los carteles anunciadores del evento una fotografía de un claustro y una columna que no reconozco y que, aunque es cierto que la parte del convento que puede visitarse es todavía limitada, aseguraría que no pertenece al convento de Santa Clara ni a ningún otro de Belalcázar ni de Los Pedroches. Puede ser simple ignorancia mía, pero creo haber visitado casi todos los monumentos de la comarca y, al menos, habría oído hablar de él o habría leído algo en cualquier publicación, pues por lo que puede apreciarse se trata de un ejemplar sobresaliente, que no ha podido pasar desapercibido hasta ahora. O sea, una ocasión excepcional que tenemos de divulgar por todo el país nuestra riqueza patrimonial arquitectónica y la desaprovechamos ofreciendo la cartelería a un monumento que ni siquiera sabemos cuál es. Desde luego, desearía muchísimo que alguien me desmintiera, pero me temo que otra vez hemos caído en el papanatismo de recurrir a lo foráneo incluso cuando ni siquiera mejora lo propio.



Catálogo de improperios (IV): Ser despreciable

Adam, en esencia un intelectual literario, no cayó en la cuenta de que estaba ante el típico cuadro de una persona deprimida que acaba de descubrir que es un ser despreciable. [Tom Wolfe, Soy Charlotte Simmons)
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Duelo en la villa de Hinojosa


El teatro es el género que menor representación tiene en la literatura de Los Pedroches. Durante los últimos quince años, en los que -con motivo del Premio Solienses- llevo un registro más o menos exhaustivo de obras editadas, tan solo se han publicado tres piezas dramáticas. La primera fue la recreación histórica Asonada (2009), del madrileño Carlos Boves, en torno a la destrucción del castillo de Pedroche, que fue representada en esa localidad en 2018 y optó al Premio Solienses en 2010. En 2013 el pozoalbense Félix Ángel Moreno Ruiz publicó Pañuelos bajo la lluvia, en torno al asunto candente de los niños robados en las dictaduras militares, obra que obtuvo el accésit del VIII Premio El Espectáculo Teatral y fue candidata al Premio Solienses 2014. Ahora, en 2020, María Dolores Rubio de Medina y Santos Ortega Gómez completan la terna con Duelo en la villa de Hinojosa, un entretenimiento costumbrista en clave de farsa sobre una pelea ocurrida en Hinojosa del Duque en 1631.


A lo largo de todo el siglo XX tenemos también muy pocas referencias teatrales (en comparación con las que disfrutamos en narrativa y poesía). Del villaduqueño Miguel Ranchal conocemos La agonía de los humildes (1922), "cuadro dramático en un acto y cinco escenas", que fue estrenada en el teatro Variedades la noche del 1 de mayo y que, según Francisco Onieva, se encuadraría dentro del "realismo social de ideología socialista". Su argumento gira en torno a la agonía y muerte de un joven que malvive en la pobreza con sus dos hermanos. Del mismo autor sería la obra inédita Amor que triunfa y libertad que camina. En la misma época, su paisano Antonio Rodríguez de León publicó cuatro obras de teatro (Cura radical, Toito es hasta acostumbrarse, Alteración de clases y Responsabilidades), en su mayoría meros retratos costumbristas de ambiente burgués con un ligero filtro humorístico.


Del jarote Antonio García Copado conocemos el título de dos obras teatrales, La voz de la sangre y Sangre gitana, así como la opereta Caritina, que fue estrenada con cierto éxito en los teatros de varias ciudades españolas en los años cuarenta. Más cercano en el tiempo, cabría señalar el Teatro Breve para la Escuela (1986)siete obras cortas de teatro infantil debidas al también jarote Juan Ferrero, autor además de Aprendiz de capitalista (1981) y La oveja negra del redil (1983).


Aunque no es originario de Los Pedroches, no debe olvidarse a Francisco Benítez y sus dos obras de teatro popular que han dado lugar a sonadas representaciones en Hinojosa del Duque y Belalcázar: La vaquera de la Finojosa (1999), basada en tres serranillas del Marqués de Santillana, y El halcón y la columna (2003), en torno al nacimiento y desarrollo del condado belalcazareño.


En esta tradición, en fin, aparece ahora Duelo en la villa de Hinojosa. La peripecia está basada, según han declarado los autores, en unos hechos anecdóticos acaecidos en la Hinojosa del Duque del seiscientos, aunque la ligera trama es una mera excusa para presentar un desfile de personajes de la época representativos de diversos ámbitos y entornos de la vida cotidiana de la localidad: el corregidor y su teniente, el escribano público, el vicario, el zapatero, el padre de menores, la mujer del sastre, el maletilla... La acción está atravesada por una ingeniosa vis cómica que alcanzará todo su esplendor en la puesta escena, prevista nada menos que ante la fachada principal de la Catedral de la Sierra hinojoseña. 


La obra ofrece un argumento muy tenue, porque lo principal es el baile de personajes, en cuyo lenguaje (ligeramente arcaizante) y gesticulación reside en buena parte la comicidad de la representación. El escribano y el teniente se desenvuelven por la plaza interrogando testigos para arrojar luz sobre un suceso que no logra aclararse del todo, en una vana espera godotiana amenizada con analepsis de espadachines y recursos cómicos del cine mudo o del mimo. 


Dos reparos apenas opondría al texto de Rubio y Ortega, y uno solo lo es en parte. De un lado, el monólogo final del corregidor a modo de conclusión, cuyo carácter moralizante a mi parecer discrepa del tono general desenfadado y festivo de la obra. De otro, su brevedad, pues gustaría continuar disfrutando de la procesión de figurones que enredaran y desenredaran el porqué de la disputa. Aunque lo que el lector realmente desea tras la lectura es asistir de inmediato a la representación -en la que el teatro verdaderamente cobra todo su sentido- y estallar en risas si los actores lograran finalmente el milagro tan difícil de la excelencia. 


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El halcón y la columna 2010

El halcón y la columna
de Francisco Benítez
Dirección: Javier Ossorio
Patio de la Huerta del Convento de Santa Clara de la Columna
Belalcázar
del 11 al 14 de agosto de 2010
[Cartel por cortesía de El halcón y la columna]



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Teatro popular

Si bien los estudiosos y teóricos de la literatura y las artes escénicas parecen haber definido con mayor o menor precisión el concepto de "teatro", no ocurre lo mismo con el término "popular", que todavía anda perdido en el limbo de la intuición. Hay ciertos rasgos definitorios cuyo cumplimiento ayudan a perfilar la noción, pero siempre de la manera evanescente de que gozan las palabras demasiado manoseadas como para tener un significado unívoco y concreto. Teatro popular sería el "escrito, diseñado, montado, interpretado y contemplado por personas ajenas a la profesión teatral y pertenecientes al pueblo". El concepto popular, aplicado al teatro, sería equivalente a "aficionado" o "no profesional". 

Pero no cabe duda de que esta sola definición no abarca lo que intuitivamente entendemos por teatro popular (así, no concebiríamos como tal el puesto en escena por un grupo de amigos no profesionales que monten una obra creada por ellos). Para que un teatro sea popular, en el sentido etnográfico del término, debe implicar, al menos, otros dos elementos constitutivos. En primer lugar, que responda a una celebración ritual de origen festivo, vinculada, por lo general, a ceremonias tradicionales de rango comunitario. En segundo, que el público ejerza el doble papel de actor-espectador, por asistir a un espectáculo que conoce "desde siempre", en cuya realización probablemente ha participado en alguna ocasión y cuya existencia asume como un rasgo de la personalidad cultural de su pueblo. 

La muestra más inequívoca de teatro popular en Los Pedroches la constituye el Auto de los Reyes Magos de El Viso, que contiene todos los elementos anteriormente esbozados (aunque el texto procede de una pieza literaria, el pueblo la ha hecho suya, adaptándola a su gusto y a su ambiente). También se incluirían en esta catalogación las representaciones navideñas de Alcaracejos y las pasionistas del Viernes Santo en Pozoblanco. Recientemente, sin embargo, han surgido dos nuevas iniciativas teatrales en la comarca que desde su nacimiento llevan aparejadas en la publicidad institucional el epíteto de populares, sin más justificación que el hecho de estar representadas por personas del pueblo no profesionales. Se trata de La vaquera de la Finojosa en Hinojosa del Duque y El halcón y la columna en Belalcázar. 

Sin embargo, varios componentes de esas representaciones chocan, en principio, con los atributos básicos que aplicamos al concepto de teatro popular. En primer lugar, se trata de iniciativas inicialmente institucionales, no surgidas de la necesidad del pueblo de expresar sus inquietudes, sino promovidas desde los ayuntamientos de sus respectivas localidades con un fuerte apoyo económico con una clara intención propagandística. La finalidad primaria de las representaciones es la de difundir la imagen del pueblo en el exterior y atraer visitantes a la localidad, ofreciendo a cambio una tradición de nuevo cuño enmarcada en una moda culturalista que aprecia las costumbres populares como objetos de consumo elitista. Los textos teatrales, además, han sido creados ex profeso para la ocasión, bien desde su raíz, bien a partir de creaciones literarias preexistentes, pero siempre elaborados por profesionales, sin que el pueblo-actor hay intervenido en este proceso creativo ni, por tanto, haya podido asumir como propio el resultado. Finalmente, los espectáculos, desvinculados de cualquier ceremonia ritual de la localidad, no gozan aún de una tradición duradera que garantice su continuidad futura: en uno de los casos se habla incluso de teatro popular para referirse a una representación que todavía nunca ha sido puesta en escena. 

Todas estas consideraciones son meramente teóricas y no prejuzgan la validez de las intenciones ni la pertinencia de su realización. Al contrario, pienso que se trata de importantes iniciativas de cara al desarrollo cultural y la promoción exterior de la comarca, pero que han querido ser presentadas con un arraigo popular del que, al menos de momento, carecen.

La vaquera de la Finojosa

El halcón y la columna
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Vuelve "El halcón y la columna"

Del 10 al 13 de este mes de agosto va a representarse en el Patio de la Huerta del Convento de Santa Clara de Belalcázar la obra El halcón y la columna, una recreación histórica del condado de Belalcázar original de Francisco Benítez. Será la cuarta vez que se ponga en escena esta representación (pueden leerse mis crónicas de las ediciones de 2006, 2010 y 2014). En el montaje escénico participan más de 150 vecinos de la localidad, actores y actrices noveles dirigidos por Javier Ossorio. Entre las novedades de este año figura una orquesta barroca que interpretará música en directo.

Hasta ahora, El halcón y la columna venía representándose cada cuatro años, aunque en esta ocasión se ha adelantado un año la puesta en escena, quizás para no coincidir con las representaciones de La vaquera de la Finojosa, que Hinojosa del Duque pone en pie también cada cuatro años (la próxima representación será del 2 al 5 de agosto de 2018). Ambas obras fueron escritas expresamente para estas representaciones por el dramaturgo cordobés Francisco Benítez, que falleció el pasado mes de mayo.

En esta misma línea de escenificación de algún suceso (real o legendario) de la historia local como modo de crear una seña de identidad colectiva para el pueblo y un atractivo cultural de carácter singular, el Ayuntamiento de Pedroche ha convocado a los vecinos y colectivos de la localidad que deseen participar o colaborar en la puesta en escena de la obra Asonada: toma y destrucción del castillo de Pedroche, una iconoclasta recreación histórica escrita por Carlos Boves a partir de un encargo del propio Ayuntamiento y que en 2010 fue finalista al Premio Solienses.
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Donde dije digo

Fragmento del cartel anunciador de El Halcón y la Columna
Fragmento del cartel anunciador de "El halcón y la columna".

"Desearía muchísimo que alguien me desmintiera", dije ayer, y, bueno, pues ya hubo alguien que me desmintió. Por mediación del amigo Paco Carrasco y a través del propio alcalde de Belalcázar hemos sabido que la fotografía que aparece en los carteles y trípticos anunciadores de las representaciones de "El halcón y la columna", cuyo origen belalcazareño yo ponía en duda, sí pertenece a las dependencias del amplio conjunto conventual de Santa Clara. En concreto, parece que se trata del propio lugar donde van a celebrarse las representaciones, el patio de la huerta, un lugar aún no visitable para el público en general. Asumiendo mi desconocimiento absoluto de que dicho claustro o galería porticada se encontrara en nuestra comarca, me felicito de que todavía quede patrimonio monumental desconocido incluso para los que presumimos demasido vanidosamente de conocerlo casi todo. Por lo que puede apreciarse vagamente en la fotografía, se trata de al menos dos lienzos de galería, formada en uno de ellos por arquería simple y en el otro por doble piso. En éste, los arcos son de ladrillo sujetos sobre columnas de granito. El conjunto, de acentuado aire mudéjar, forma una composición sobresaliente, que cuesta pensar que haya permanecido oculta hasta hoy (por no hablar de la columna, que podría haber sido todo un símbolo de la villa y sin embargo nadie había fotografiado hasta ahora). Se trata, por tanto, de un aliciente más para asistir a las representaciones programadas: no sólo podremos gozar de buen teatro histórico-popular, sino que dispondremos de una ocasión magnífica para conocer rincones monumentales de nuestro patrimonio artístico hasta ahora incomprensiblemente desconocidos.
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Un verano de "teatro popular" en Los Pedroches

Representación de "Asonada" en 2018 [Foto: Francisco Rubio Misas].

Hace tiempo que la entrada "Teatro popular", escrita en 2006, viene siendo una de las más visitadas y de las que aparece con mayor frecuencia en el top 5 de "Lo más leído en los últimos días". Allí reflexionaba en torno a ese concepto cultural a propósito de algunas representaciones teatrales que comenzaban entonces a despuntar en Los Pedroches y que hoy parecen propuestas más o menos consolidadas (La vaquera de Hinojosa y El halcón de Belalcázar).


Estas iniciativas de empuje institucional han gozado de cierta fortuna durante los últimos lustros y han conseguido bastante arraigo en la programación cultural de sus respectivas localidades, hasta convertirse no solo en hitos muy marcados de promoción turística, sino también en elementos constitutivos de la identidad local. Ello ha animado a otros pueblos a levantar propuestas semejantes (obras de carácter histórico representadas de modo coral por los propios vecinos), hasta el punto de que en los últimos días se han presentado dos nuevos proyectos de montajes teatrales que se pondrán en escena este próximo verano.


Por un lado, el Ayuntamiento de Pedroche ha presentado a los medios de comunicación la segunda edición de Asonada, una propuesta escénica sobre la destrucción del castillo de Pedroche que se estrenó con éxito en 2018. La intención era haberla representado de nuevo en 2020, con motivo de la celebración del 500 aniversario del comienzo de la construcción de la torre parroquial (emplazada en el mismo lugar donde se ubicó en su día el castillo), pero la pandemia de covid-19 lo impidió. Ahora volverá a llenar su escenario al aire libre del 25 al 28 de agosto de este próximo verano. Dirigida por Emilio Escribano, la obra cuenta con la participación de 120 personas (90 de ellos actores), en su mayoría naturales del propio Pedroche. La representación de Asonada tiene como base la obra homónima de Carlos Boves (candidata al Premio Solienses en 2010) y está inspirada en el episodio de toma y destrucción del castillo de Pedroche a manos de los propios vecinos de la localidad en tiempos de los Reyes Católicos.


En Belalcázar, por su parte, se ha dado a conocer también estos días la intención de llevar a cabo la representación de La leyenda de la Cueva de la Mora de Gafiq durante los días 5, 6 y 7 de agosto. La iniciativa parte de la Asociación Cultural Turdulia y persigue el estreno de una obra teatral escrita por el Cronista Oficial Joaquín Chamero Serena en torno a los amores prohibidos entre un caballero cristiano, que es apresado por los moros, y la hija del juez de Gafiq, una joven árabe que cae rendidamente enamorada de él y se ve por ello enfrentada a su familia. La versión local de esta leyenda castellana está apoyada por la existencia de determinados lugares en los alrededores del pueblo que la dotan de un marco físico transmitido oralmente durante generaciones. El alcalde de Belalcázar ha adelantado que si la nueva propuesta teatral tuviera éxito podría representarse periódicamente cada cuatro años, alternándose cada dos con la otra obra de carácter histórico que ya se pone en escena en la localidad, El halcón y la columna. Francisca Jiménez González será la encargada de la dirección.


No hay que olvidar que este verano corresponde también la representación cuatrienal en Hinojosa del Duque de La vaquera de la Finojosa, basada en una famosa serranilla del Marqués de Santillana. La puesta en escena, que alcanza ya su octava edición, estará en esta ocasión dirigida por Pedro Calvo Díaz y se llevará a cabo del 2 al 5 de agosto en el majestuoso escenario de la Plaza de la Catedral .


El propio alcalde de Hinojosa del Duque, Matías González, representará este año al Marqués de Santillana y Mónica González a la Vaquera (ambos en la foto durante la presentación de la obra realizada el asado 5 de febrero) [Foto: Ayuntamiento de Hinojosa del Duque].
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Conventos recuperados

Este verano estamos recibiendo buenas noticias para los conventos de Los Pedroches, es decir, para el patrimonio artístico-monumental comarcal. A la recuperación de una parte hasta ahora desconocida del convento de Santa Clara de Belalcázar se unen ahora las informaciones difundidas desde varios medios sobre la próxima rehabilitación para su uso público del convento de la Concepción de Pedroche (objeto en otro tiempo de extraños vaivenes informativos). Al parecer, un taller de empleo recuperará la capilla, el coro y alguno de los claustros, que podrán visitarse cuando finalicen las obras. Posteriormente, se pretende seguir actuando en el refectorio, celdas, patios y zonas comunes, todo ello propiedad del Obispado, del que se confía conseguir una cesión al Ayuntamiento. El consistorio, por su parte, intentará comprar a las monjas, que desde 1998 no ocupan el convento, la parte que conservan del edificio, de modo que se puedan realizar actuaciones globales en el conjunto. En cuanto a la dedicación futura del convento, Pedro de la Fuente, concejal de cultura de Pedroche, declara en el último número del Boletín Informativo de la Asociación Bitraws que "los usos que se le podría dar estarían desde la creación de salas de exposiciones (o museo) a la adaptación de diferentes salas para el uso por parte de asociaciones y colectivos. Aunque para nosotros, el orientar su uso al turismo rural sería fundamental. Ya en marzo de este año, el Presidente de la Diputación hizo público su compromiso y apoyo en la transformación del convento en un alojamiento rural para potenciar el empleo y la actividad económica en la zona".

Precisamente estos últimos días del verano estoy leyendo un libro de Mª Ángeles Jordano Barbudo titulado El mudéjar en Córdoba (editado por la Diputación de Córdoba), en el que se hace un recorrido por la arquitectura mudéjar de la provincia de Córdoba (por cierto, un recorrido por TODA la provincia de Córdoba y no, cómo es habitual en libros de este tipo, sólo por la capital y la campiña; al hacerlo así, la autora ha descubierto la riqueza arquitectónica del norte cordobés, donde ha encontrado notables ejemplares de edificios mudéjares -algunos incluso de estructura única en toda la provincia, como la parroquia de San Sebastián de Añora-).

El libro se detiene en los dos conventos a los que nos referimos, aportando datos de interés. Del de Pedroche se reproducen unas fotografías que nos descubren un lugar absolutamente encantador, de una rusticidad constructiva que le proporciona un singular atractivo. Su gran extensión, sin un trazado claro que responda a un orden preconcebido, se debe, según información de la madre priora, a que la formación del convento fue fruto de la sucesiva donación de casas por parte de los familiares de algunas novicias, lo que provocó la adición de nuevos patios con habitaciones sobre el núcleo original.

Al de Santa Clara de Belalcázar la autora lo considera "el conjunto de mayor valor de la provincia" desde el punto de vista artístico. En él trabajaron "un nutrido grupo de maestros y artesanos, procedentes del norte, quizás de la zona toledana, que desarrollaron una frenética labor en un corto período de tiempo, sembrando el conjunto arquitectónico de obras importantes en piedra sillar y, sobre todo, de una colección de techumbres sin igual en Córdoba" (pág. 306).

En El mudéjar en Córdoba se aporta un interesante plano del convento de Santa Clara, que nos proporciona una visión global del conjunto y nos avisa de cuántas sorpresas puede deparar todavía este macroedificio. El plano se debe a los arquitectos colaboradores de la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía, y lo reproduzco abajo en atención al interés de los lectores de Solienses. Por cierto, la autora del libro alude como de pasada a la sala de columnas y al "claustro de ladrillo con arcos de piedra" donde se llevaron a cabo las representaciones de El halcón y la columna, de donde deduzco que tampoco la investigadora tuvo acceso ni pudo estudiar con detenimiento esta parte del convento.

Plano del convento de Santa Clara


Plano tomado del libro El mudéjar en Córdoba, de Mª Ángeles Jordano Barbudo (Diputación de Córdoba, Córdoba, 2002), página 288. Pinchar sobre él para verlo a mayor tamaño.
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Columnas

Sala de columnas. Convento de Santa Clara de Belalcázar
Sala de columnas que servía de acceso al patio de la representación.

La representación de El halcón y la columna nos ha permitido, de paso, descubrir una parte del convento de Santa Clara de la Columna que nos era hasta el momento totalmente desconocida. En su momento incluso dudé (enseguida supe que sin razón) de que esas fotografías que anunciaban el acontecimiento correspondieran realmente al monumento belalcazareño, pues resultaba increíble pensar que tales maravillas se escondieran tras los altos muros sin que hasta ahora nadie las hubiera fotografiado ni mostrado a los ciudadanos interesados. Finalmente sí, todo estaba allí: la columna y el patio, con sus elegantes galerías porticadas. La noche y la ocasión no permitieron una adecuada contemplación de los detalles, por lo que espero que esta parte del convento se incorpore ya a las visitas públicas y estos nuevos elementos arquitectónicos puedan admirarse detenidamente. Con ellos, el pueblo gana un atractivo turístico más y, sobre todo, un magnífico lugar para este tipo de espectáculos. Y... ¿cuántas maravillas más ocultan aún los muros de tan vetusto convento?.

Columna situada en el huerto del conventoPor cierto, la columna con la enigmática cruz circular, que ha sido restaurada y colocada en el centro del huerto, guarda al parecer una emotiva leyenda. Según se dice, a ella se acercaba en oración con frecuencia Sor Felipa de la Cruz, hija de Alonso de Sotomayor y Felipa de Castro y Portugal, III Condes de Belalcázar. Sor Felipa nació dentro del castillo-palacio de los Sotomayor en 1509 y, al morir su madre, con tan sólo 13 años solicitó a su padre permiso para ingresar de monja en el convento de Santa Clara. Allí vivió de forma humilde y piadosa, dedicándose a los más necesitados y desprotegidos de la villa. Murió, con fama de virtuosa, en 1537, a los 27 años de edad.
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Asonada se hace mayor

Ensayo de "Asonada" anoche en Pedroche [Fotos: Solienses].

El Ayuntamiento de Pedroche me invitó ayer, junto a otros medios de comunicación, al ensayo general de la obra Asonada, la representación de teatro popular que dramatiza la destrucción del castillo de Pedroche por parte del propio pueblo. El ensayo transcurrió con una perfecta ejecución técnica y actoral y tan solo el lobo no pareció estar a la altura de las circunstancias. El nuevo espacio escénico en el convento de la Concepción gana en amplitud lo que pierde en autenticidad y permite duplicar el aforo de público. La obra se estrenará esta noche a las 22:00 horas con la asistencia de autoridades provinciales y de los alcaldes de las antiguas Siete Villas de Los Pedroches.

En cuanto al contenido de la obra y lo que significa levantar un proyecto así por parte de un pueblo ya escribí en 2022 con motivo de la anterior representación y a ello me remito. Tan solo matizar que lo que entonces nos pareció una propuesta con "el encanto de lo pequeño, de la flor que surge indecisa", en esta edición se ha hecho mayor de repente y, por ambición y logro, se presenta desafiante haciéndole cara a representaciones más veteranas como La Vaquera de la Finojosa o El halcón y la columna, con cuya altura se mide.

En cuanto a las innovaciones, se ha introducido una nueva escena que simula un encuentro de los enviados de Pedroche con el rey Fernando el Católico en La Bienvenida. Realmente, nada aporta a la obra, aunque estéticamente se ha logrado un momento visualmente muy atractivo, y añade algún nuevo anacronismo a la representación, que ya goza de varias licencias históricas. Creo que ha quedado algo desdibujada la historia amorosa e incluso el intento de abuso por parte de Alfonso de Aguilar. Asimismo, me parece que han perdido relevancia en la obra las figuras de ambos nobles, a pesar de los dos magníficos actores que los encarnan y que hubieran merecido mayor protagonismo. En cuanto al personaje principal, el pueblo, carga firmemente con el peso de la representación, tanto en las escenas de figurante como en las que ocupa el centro de la acción (el concejo abierto sobre si debe destruirse el castillo, la marcha hacia el derrocamiento, el regreso...). En la discusión, hay potenciales buenos actores, a pesar de ser todos aficionados, aunque en algún caso debe cuidarse el riesgo de caer en el histrionismo. Un exceso de patetismo en el regreso de los vencidos puede provocar también -por equivocación entre el público- algunas risas que rompen la tensión dramática de la escena, plásticamente muy conseguida.

Asonada se ha hecho mayor en esta edición y se pone a la altura de las más significativas muestras de teatro popular de nuestra comarca. Se ha asentado institucionalmente y goza de un grupo de actores envidiable y de un conjunto coral de niños y jóvenes que garantizan la continuidad. Constituye un orgullo que proyectos así salgan adelante en los pueblos de Los Pedroches, porque en ellos está la semilla de un futuro para nuestra tierra asentado en modelos de colaboración y solidaridad y no en inquietantes intentos de división y enfrentamiento. En 1478 Pedroche supo vencer a los nobles y a la corona, pagando un altísimo precio por ello, a cambio del premio de la libertad. Tal vez no lo consiguiera, pero en el intento reside la fortaleza de una existencia compartida, un objetivo común y una meta en la que depositar la esperanza colectiva.

Los Reyes Católicos presidiendo la escena.
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"El Nazareno" se une al teatro popular de Los Pedroches

Jesús (Daniel Moreno) es conducido por los soldados romanos [Todas las fotos: Solienses].

El Ayuntamiento de Villanueva del Duque tuvo la gentileza de invitar anoche a medios de comunicación y divulgadores culturales al ensayo general de la obra Poder, miedo o venganza. El Nazareno. Un inocente condenado a muerte, que se representará en el Pabellón Municipal de Villanueva del Duque desde hoy viernes hasta el domingo. Allí estaba el inmenso escenario en diversos niveles, el decorado realizado con materiales reciclados, las decenas de entusiastas actores aficionados locales, el coro y los músicos, los responsables de sonido y luminotecnia... Pero faltaba un elemento consustancial en el espectáculo teatral que condicionó notablemente su percepción: el público, ese que da calor a la representación y que transmite la vibración emocional de lo que está pasando en el escenario. Y, ciertamente, anoche se notó esa ausencia.

María y Magdalena socorren a Jesús con la cruz.

El Nazareno nace con vocación de continuidad, con el deseo de unirse a las diversas representaciones escénicas populares que ya tienen su hueco en el calendario teatral y festivo de Los Pedroches: el Auto sacramental de los Reyes Magos de El Viso, los Coloquios sobre la Infancia de Jesús de Alcaracejos, La vaquera de la Finojosa de Hinojosa del Duque, El halcón y la columna de Belalcázar o Asonada de Pedroche. De hecho, la nueva propuesta escénica que vimos anoche en Villanueva del Duque cuenta con la colaboración de los Ayuntamientos de El Viso, Alcaracejos e Hinojosa del Duque, que incluso han prestado parte del vestuario que lucen los actores en esta nueva representación, como si quisieran de esta forma acogerla simbólicamente desde su inicio. Su director, José Caballero, es también un gran conocedor de este tipo de teatro multitudinario, al haber dirigido en varias ocasiones La vaquera de la Finojosa.

La crucifixión.

La obra recoge, como es habitual en este tipo de escenificaciones pasionistas, los últimos días de la vida de Jesús, su pasión y muerte, por lo que la representación se extiende inevitablemente durante dos horas y media que, sin embargo, no se hacen largas. Es verdad que a veces se aprecia cierta lentitud en el desarrollo, que se podrían haber eliminado algunas escenas y que, al menos en el ensayo, resultaban algo tediosos los cambios de decorado (muchas veces innecesarios), pero el conjunto de la representación ofrece un espectáculo luminoso donde el trabajo coral destaca por encima de las individualidades y en el que logra transmitirse con sinceridad el empeño de una propuesta nacida del entusiasmo popular de toda la localidad por crear una nueva seña de identidad cultural, una estrategia social que contribuye al mismo tiempo a cohesionar la población.

El planteamiento de la obra subraya el enfrentamiento entre las enseñanzas de Jesús, interpretado por el docente Daniel Moreno, y los representantes del poder en sus diversos estamentos, que ven gran peligro en un Mesías que ofrece al pueblo "una nueva fórmula que da respuesta a sus esperanzas", según dice un componente del sanedrín. Se potencian los conflictos humanos, como el del personaje de Judas, encarnado por Miguel Ángel Pérez Pimentel. La ambientación musical y el juego de luces contribuyen a crear los climas emocionales necesarios para el desarrollo de una trama que, por lo demás, sigue fielmente el relato evangélico y que tiene su punto culminante en la saeta al pie de la cruz magistralmente interpretada por Gloria Romero.

Un montaje, por lo demás, capaz de ofrecer escenas de gran plasticidad, con momentos de emotividad y patetismo, como corresponden a los comportamientos humanos allí presentes, la nobleza, el valor, la traición, la cobardía... Este tipo de espectáculos, en fin, que tienen en su origen histórico una intención pedagógica y proselitista, podrían también en algún momento correr el riesgo de convertirse en una sucesión de estampitas religiosas para ilustrar devocionarios litúrgicos, por su temática y su escenificación de acuerdo con los patrones clásicos incrustados en el subconsciente cultural colectivo. El público, que hoy llenará las gradas anoche vacías, dirá si se ha sorteado adecuadamente ese peligro.

Jesús con las mujeres.

Entrada triunfal en Jerusalem.

El sanedrín.

La última cena.

Jesús se enfrenta a sus fantasmas.

Judas (Miguel Ángel Pérez).

Ecce homo.

María y Magdalena socorren a Jesús con la cruz.

Jesús en la cruz.

Jesús al pie de la cruz.