Educación, patrimonio y literatura
Cruz de San Gregorio de Pozoblanco, fotografía premiada en el certamen escolar "Patrimoflash literario".La propuesta formada por una fotografía de la Cruz de San Gregorio de Pozoblanco junto con un texto alusivo perteneciente al libro Costumbres y recuerdos de mi tierra de A. Cecilio Márquez Tornero ha obtenido uno de los premios del VIII Concurso de Patrimoflash literario organizado por el IES San Álvaro de Córdoba. El certamen iba dirigido al alumnado de 6ª de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Ciclos Formativos de centros educativos de la provincia de Córdoba y admitía textos en castellano, inglés y francés.
El autor de la propuesta era Ángel Cabanillas Vigara, alumno del IES Ricardo Delgado Vizcaíno de Pozoblanco. Desde el centro han destacado que "este certamen tiene como objetivo fomentar el disfrute y conocimiento de nuestro patrimonio histórico y cultural a través de la lectura y reinterpretación de obras literarias que han contribuido a engrandecer nuestra historia mediante las palabras", además de señalar que "la obra elegida por Ángel Cabanillas ha cobrado además especial relevancia este año, coincidiendo con el 50.º aniversario de su publicación y con la reciente difusión de un artículo dedicado a ella en el blog cultural de Solienses".
En el texto que acompaña a la imagen seleccionada Márquez Tornero evoca la antigua costumbre que había en Pozoblanco de hacer hogueras junto a las cruces de piedra de cada barrio el día dos de mayo (tradición que el autor vincula a la invasión francesa) y recuerda cómo los niños y jóvenes intentaban robar leña a las hogueras de las cruces rivales, entablándose por ello peleas con piedras entre unos y otros.
"Para recordar la lucha popular contra los franceses se organizaban el dos de mayo unas monumentales hogueras, al pie mismo de cada cruz. De acopiar la leña se ocupaban con diligencia los chicos y mozalbetes de cada barrio, que iban durante la mañana, de puerta en puerta, pidiendo toda clase de combustible útil. Por la tarde, ya formada cada pira y antes de prenderle fuego, empezaba la lucha, que consistía para los chicos más aguerridos en destacarse a las Cruces rivales a robarles la leña para aumentar la propia hoguera. Ello daba lugar a serias batallas a base de piedras, de las que entonces estaban llenas las calles, y eran lanzadas con la mano o por medio de buenas hondas (perigallos), que los expertos hacían zumbar con fuerza de verdaderos proyectiles. Más de cuatro salían descalabrados y en ocasiones hubo que lamentar lesiones de consideración".
👉"La Cruz de mayo", en Costumbres y recuerdos de mi tierra de A. Cecilio Márquez Tornero.














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