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Rioyo y Los Pedroches

Inscripción funeraria árabe encontrada en Pedroche. 

El pasado 15 de abril se celebró en Hinojosa del Duque una jornada literaria dedicada al Marqués de Santillana, en la que participó el profesor Blas Sánchez Dueñas, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba, y el periodista Javier Rioyo Jambrina, de quien desconocemos cuál sea su conocimiento sobre el autor de las serranillas ni el porqué de su presencia en dicho acto. El próximo 28 de abril, por otra parte, dentro del ciclo Liternatura, organizado por la Diputación de Córdoba, se llevará a cabo un coloquio en torno a la película La vida que te espera, de Manuel Gutiérrez Aragón, coloquio en el que intervendrá el propio director y, otra vez, el periodista cultural Javier Rioyo.

Quizás agradecido por tales colaboraciones, que algún sustento supondrán, Javier Rioyo se ha sentido obligado a escribir un artículo sobre Los Pedroches y publicarlo en el medio residual donde ahora colabora. "Los Pedroches y el lado correcto de la historia", lo ha titulado, y en él mezcla los tópicos manidos sobre nuestra comarca con su propia reflexión político-ideológica expresada sin pudor en términos abiertamente reaccionarios.

Javier Rioyo, metiendo de por medio a Los Pedroches como excusa, escribe sobre sus posiciones ideológicas personales con argumentación profundamente ultraconservadora. Dividiendo el mundo en dos, ellos y nosotros, según Rioyo "nosotros" somos los cristianos que, como el Marqués, luchamos "contra las taifas musulmanas, conquistando, devolviendo para nuestro mundo, nuestra historia cristiana, las tierras y los pueblos que habían sido ocupados por otros usos, otras costumbres, otros dioses, otra lengua y otros cultos". Y seguramente no sabe el periodista que Los Pedroches profesan públicamente orgullo de su pasado árabe, tan presente en su toponimia (Belalcázar, Alcaracejos, Añora, Guadamatilla, Guadalmez...) y en el recuerdo y la obra de ilustres paisanos como el oftalmólogo Al-Gafequi, el juez Soleiman El Gafequí o el astrónomo Al-Bitruyi, por citar solo algunos. Porque ellos somos también nosotros, porque antes de Los Pedroches fuimos Fahs al-Ballut.

Habla Rioyo en su artículo de que ha de llegar "el día de la gran restauración", para combatir a quienes quieren "terminar con nuestra manera de ser y pertenecer al occidente", en términos inequívocos de gran reemplazo, mientras derrama mala conciencia (en expresión nietzscheana) contra "esa misa negra de Barcelona" en la que participan referentes políticos internacionales como Lula da Silva y Antonio Costa, y donde, según él, "no queremos estar". Y yo me pregunto quién es él para hablar en nombre de Los Pedroches, para convertir sus frustraciones ideológicas en manchas para nuestra tierra, para implicarnos en sus fobias contra el comunismo y el gobierno legítimo de nuestro país. 

Porque no basta con trotar por la serranía, como hiciera el Marqués de Santillana, para comprender la historia y la cultura de Los Pedroches, fundamentada en la tolerancia y el acogimiento, pretendiendo banalizar la heroicidad de nuestros mitos. Abochorna leer en sus líneas de ajuste de cuentas que Corpus Varga "acompañó a Machado a cruzar la frontera", así, sin mayor matización, como si el poeta se dirigiera ocioso a un balneario en el arenal de Argelès-sur-Mer, como si ocultar la memoria no tuviera una intención premeditada.

Todo esto es como un déjà vu, aunque no quiero volver a aquellos tiempos de hace veinte años. Pero, frente a palabras que ofenden, no podemos permanecer en silencio. Porque cada silencio que abrimos lo llenan otros con su discurso de odio y luego, algún día, nos preguntaremos cómo pudimos haber llegado a esto, cómo fue posible. Pues fue así, cediendo, paso a paso. No debemos callar. Frente a discursos interesados, reivindicamos el uso terapéutico de la palabra. Para que no siempre ganen los que más pueden, los que tienen más altavoces. 

O, al menos, que lo hayamos intentado.

Enlace al artículo de Javier Rioyo.
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Reflexión de domingo en la madrugada

 
Bad Bunny: "Turista" (del álbum "Debí tirar más fotos", 2025).

Benito, hijo de Benito, se fue de Puerto Rico a triunfar en las listas Billboard y Spotify hasta que, con la portada del Times y Rolling Stone en el bolsillo y convertido en Bad Bunny, volvió a la isla para reconocer al fin lo que no había comprendido mientras vivía allí, porque cierta distancia viene bien a veces para observar mejor la realidad que nos rodea. Bad Bunny acaba de sacar un disco que nos enamora y en el que nos vemos reflejados incluso los que nunca gustaron de su estilo musical. Piezas como "Lo que le pasó a Hawai", "Debí tirar más fotos" o "La mudanza" son ya himnos no solo de la música trap contemporánea, sino modelos de recuperación de los sones autóctonos actualizados al nuevo mundo que nos ha tocado vivir, donde asuntos como la gentrificación, la nostalgia por la tierra perdida, la turistificación o el recuerdo doloroso de nuestros antepasados se expresan a través de ritmos ancestrales boricuas como la salsa, la bomba y la plena combinados con estilos más recientes como el techno y el reggaetón. 

Cuando uno sale de su tierra, hay quien sufre un proceso de idealización que transforma su percepción de la realidad, convirtiendo en maravilloso y deseable todo lo dejado atrás. Otros se entregan a un impulso reactivo que niega todo valor a su lugar de origen. Los más, en cambio, desde la distancia son capaces de verlo todo más claro y perfilar con mayor definición los problemas y virtualidades de su pequeña patria perdida. En el proceso de aculturación que inevitablemente se produce, quien no deja de mirar al origen ve realidades distorsionadas que podrían enderezarse, pero el extrañamiento que ha supuesto la ruptura impide casi siempre su adecuada propuesta y aceptación. Por su parte, los que quedaron atrás acaban percibiendo al huido como un germen extraño contaminado ya de extranjería y que nada bueno podría aportar a la comunidad. Conjugar todos estos elementos se convierte en un conflicto humano y existencial que solo alcanza su plena realización a través del arte y la cultura, cuando los elementos simbólicos se imponen a la rastrera realidad cotidiana de las pasiones humanas más viscerales e irracionales. 

Bad Bunny ha sabido expresar en canciones como "Turista" la realidad de Puerto Rico como no hubiera podido hacerlo probablemente quien nunca hubiera salido de allí, pero no excluyo que se encuentre con la oposición del nativo no emigrado que niegue al hijo pródigo la capacidad de analizar lo que no ha vivido en primera persona. De ese conflicto, tan fieramente humano, debe salir la síntesis de la emoción compartida y la lucha en favor de un mismo objetivo guiado por el amor a la tierra. Muchos de los que allí quedaron solo ansían su apropiación a fuerza de despreciar cualquier solución que implique beneficios comunes porque se consideran dueños de un suelo y una cultura que, sin embargo, no les pertenece y que, de seguir por tales derroteros, está abocada a la despoblación y el abandono. 

Hace unos días, un intelectual de primera fila originario de nuestra tierra, aunque residente en Córdoba, me declaraba su ansiedad por emprender alguna iniciativa que recupere el impulso ilustrado en nuestra tierra, que la saque del páramo cultural en el que anda sumida y que desde dentro no se ve. Por mi parte, me manifesté dispuesto a colaborar en tales proyectos, aunque estimo que la verdadera resurrección debería surgir desde dentro, del corazón de la resistencia interior, apoyada luego por los emigrados que sentimos tal dolor inmenso desde fuera. Se impone un abandono definitivo de la estrategia partidista para alzarse nuevamente desde las raíces con las armas del pensamiento y la reflexión, que jamás podrán renunciar a los fundamentos políticos, éticos, estéticos o religiosos, según ya estableciera Aristóteles para el análisis filosófico, pero sobrepasados por una sublimación melancólica que los torne útiles. Los Pedroches están en peligro y, sin embargo, hay quien solo quiere ver allí lo bonito y no el sufrimiento y las heridas, ni, sobre todo, el porqué de las heridas.
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"Soy Ana y padezco dolor crónico desde los 24 años"



A Ana Castro la conocemos como poeta de nuestra tierra, ganadora del Premio de Poesía Juana Castro en 2016 y del Premio Solienses en 2018 con su único poemario publicado hasta el momento, El cuadro del dolor. Pero Ana es también una ferviente activista en el campo del feminismo y, últimamente, también en la defensa de los enfermos con dolor crónico, como ella misma. Hace unos días ha iniciado una campaña de recogida de firmas en el portal osoigo.com para llevar al Congreso de los Diputados su petición de crear una política estratégica que aborde esta dolencia. 

Ana ha decidido plantear el problema en primera persona, poniéndose a sí misma como ejemplo de una realidad quizás no suficientemente conocida ni comprendida, no solo por la clase política, sino por la sociedad en general. El relato de su situación resulta estremecedor:

A mis 29 años he tenido que resignarme a abandonar mi puesto como Responsable de Comunicación de una gran empresa porque, poco a poco, he ido empeorando y el dolor se ha apoderado de todo. He tenido que aceptar que jamás volveré a ejercer de aquello para lo que me había formado, para el trabajo que me hacía feliz, porque mi cuerpo manda sobre todos y cada uno de los aspectos de mi vida. Ahora soy una pensionista menor de 30 años. Me han concedido incapacidad permanente para mi puesto habitual. Quizás algunos jóvenes soñarían por cobrar sin trabajar. Yo no: quiero aportar al mundo...

Hace unos cinco años, después de llamar a la puerta de muchas consultas, fui diagnosticada de un síndrome de dolor pélvico crónico complejo, cuya evolución, por supuesto, ha afectado a mi salud mental, haciendo constar en mi historial una depresión moderada, una elevada ansiedad y un ingreso en psiquiatría. Por supuesto, también ha afectado a lo físico: suboclusiones intestinales y autocateterismos frecuentes. Sí, he de sondarme para orinar, con los riesgos de padecer infecciones periódicas que ello conlleva y que padezco.

El dolor me ha dañado significativamente y causado un sufrimiento enorme, a mí y a las personas que me quieren. Cuando el dolor es constante un día tras otro... En algunos momentos, cuando el dolor es muy agudo, dejas de existir como persona. He tenido que pasar por un proceso de duelo personal, lo que supone aceptar que la Ana que subía las escaleras del metro a pie, por ejemplo, ya no existe. He tenido que empoderarme en mi dolor y construir una nueva Ana, que, ante todo, más allá de periodista, poeta o escritora, primero es feminista y activista en lo que concierne a la visibilización del dolor crónico y a demandar más investigación en salud femenina.

No tengo problema en reconocer que he sufrido un trastorno de la alimentación porque no entendía por qué había de alimentar a un cuerpo que no paraba de dañarme y jugármela, una y otra vez. Esta ira y rechazo hacia mi cuerpo me ha llevado a desarrollar un trastorno de conversión, una disociación entre mi cuerpo y mi cabeza que me provoca numerosos ataques en los que pierdo la vista, la capacidad de hablar, sufro convulsiones... Sin dejar nunca estar consciente y sentirme atrapada en un cuerpo que no reconozco como mío y que no me obedece.

Ya no creo en la felicidad ni albergo esperanza alguna. Creo en resistir y en hacer visible lo que supone padecer dolor crónico, un mal especialmente femenino. Creo en dar voz a todas esas mujeres que sufren día a día dolor como yo y que ven cómo el silencio se apodera de su cuerpo y en interpelar a la sociedad, a las instituciones y al Gobierno porque sufrir dolor no es normal e importa. Al fin y al cabo, son los demás los que tienen en sus manos tratar de mejorar nuestra calidad de vida un poquito, porque cuando el dolor llega lo hace para quedarse [Leer completo]. 

Ana pide a los políticos del Congreso de los Diputados que se sumen a esta tarea de "visibilización de lo que supone vivir con dolor crónico un día tras otro", sorprendida de que no exista "ninguna política estratégica y transversal para abordar el dolor crónico por parte de ningún partido". Lo que pide Ana es empatía con las personas (mayoritariamente mujeres) que sufren este mal, un cierto grado de comprensión pública e institucional que haga "que nos merezca la pena levantarnos una mañana tras otra a pesar del dolor: no sentirnos solas, sino acompañadas".

Quienes deseen sumarse a esta petición, pueden hacerlo pinchando en este enlace: osoigo.com. Hay que conseguir 1.500 firmas para que la llamada de atención sea efectiva y los políticos interpelados se vean obligados a contestar. Debemos hacerlo por todas las personas que sufren este dolor. Por todas las mujeres que lo sufren. Y por Ana.
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"Que luchen contra esos monstruos internos"


Lectura del manifiesto LGTBIQ+ en Pedroche, este mediodía.

En Dos Torres y en Pedroche se han organizado actividades con motivo del Día Internacional del Orgullo LGTBI, con las cuales se pretende ofrecer una mirada más abierta sobre uno de los últimos tabúes que van quedando en el mundo rural. Carlos Moreno, concejal de Festejos en el Ayuntamiento de Dos Torres, habla en El día de Córdoba de lo mucho que aún queda por hacer "para que las personas Lgtbi+ puedan vivir sin miedo a la discriminación". Carlos dice no considerarse activista, aunque lo es. Se fue del pueblo huyendo y ha regresado, en un gesto de radical subversión. Quiere alzar la bandera de la reivindicación desde el PP, olvidando -o no sabiendo- que su partido se opuso con firmeza al mayor logro de normalización en la lucha homosexual en España, la ley 13/2005 que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. El avance fue tan brutal y la actitud de su partido tan retrógrada que es normal que ahora se quiera olvidar aquello, pero la memoria es necesaria para continuar avanzando. Porque los símbolos ayudan, pero lo que realmente importa son las realidades.


Carlos Moreno coloca la bandera multicolor en el ayuntamiento de Dos Torres [Foto: Facebook Ayuntamiento de Dos Torres].

En Hoy al día, Faustino Habas denuncia haber sufrido agresiones ocasionales en Pozoblanco, ("a mi novio y a mí nos gritaron «maricones os vamos a matar»"), pero contempla el futuro con esperanza: "[Hay que] dar naturalidad a que dos chicos o dos chicas puedan besarse. Eso se observa en las generaciones que vienen. Llevo muchos años trabajando con niños y es curioso que en ambientes rurales, donde todo esto va con más retraso, ya lo ven con normalidad. Por ejemplo, tuve el caso de un niño que es adoptado, tiene dos madres y hubo una niña que se quiso reír de eso. El resto de niños la corrigieron y llamaron la atención al instante. Luego hablamos de ese tema. Pero la clave está en la normalización a través de la educación". Después surge el conflicto de quién abandera la reivindicación ("el hecho de que esa ley la aprobara un partido de izquierdas no significa que todo el colectivo sea de esa tendencia ideológica"), pero pretender diluir el mérito no ayuda a la causa, Faustino, porque unos siempre han votado a favor de los derechos sociales y otros en contra, y estas realidades son las que realmente importan.


Alberto Rueda, este mediodía en Pedroche.

Este mediodía, por su parte, Pedroche ha vivido otro de esos momentos emocionantes que dan sentido a la rutina colectiva de un pueblo. El Ayuntamiento había programado la lectura del manifiesto LGTBIQ+ y un acto simbólico de visibilización. Pero, por encima de las celebraciones institucionales, fue el elemento humano lo que, inesperadamente, puso las cosas en su sitio. Un joven de la localidad, Alberto Rueda, relató su experiencia. Solo frente al público, a las puertas del ayuntamiento, en mitad de la plaza pública, en un pueblo como sabemos que son nuestros pueblos, bajo un arco de globos multicolores, Alberto protagonizó un acto de suprema valentía al enfrentarse a sus demonios delante de la gente, hablando entre lágrimas de su infancia en el pueblo, de sus temores a ser diferente, de sus miedos a la reacción de su familia y amigos: "Yo me sentía diferente y no entendía por qué. No sabía quién era el culpable, si mi familia, si el colegio, y yo tenía mucho miedo a contarlo. Esto me obligó a llevar una vida paralela a la realidad durante muchos años. Viví con esa mentira durante años, incluso con el paso de los años yo mismo me creí mi propia mentira y no me daba cuenta de que poco a poco esta se hacía más grande y ocasionaba más problemas dentro de mí. Decidí salir de este pequeño pueblo. No culpo a mi pueblo, ni culpo a mi familia ni culpo al colegio ni a mi grupo de amigos. Sinceramente, culpo a la sociedad en general. En este pueblo la familia tradicional siempre ha predominado y nunca antes nadie me habló sobre orientación sexual o identidad de género. Al menos para mí eran palabras inexistentes. [Irme del pueblo] fue mi pasaporte de salida a la vida de mentira que llevaba hasta entonces. Me costó veinte años dar el paso".

Reconozco que nunca había asistido a una prueba tan honda de compromiso, a una confesión pública que era un grito de rebeldía contra lo vivido, pero no desde el rencor, sino desde el deseo de que lo sufrido no volviera a repetirse. Un ajuste de cuentas liberador. Alberto animó a quienes se encuentren en su situación a "que no tengan miedo a decir lo que sienten, que no tengan miedo al rechazo, que luchen contra esos monstruos internos y que siempre habrá alguna persona que esté a su lado". El público asistente, quizás impactado por la crudeza del momento, por la sinceridad absoluta de lo que allí se estaba viviendo, aplaudió cuando Alberto no pudo contener sus emociones y se abrió en lágrimas. Seríamos alrededor de cincuenta personas, unas amparadas por los toldos del bar, otras al puro sol inclemente de este verano. Cuando todo terminó y el joven se puso a repartir pulseras con la bandera multicolor, un hombre de mediana edad, con las hechuras recias del tremendismo rural, al que uno jamás imaginaría en actos de esta naturaleza, se le acercó y le dijo: "Desde hoy tienes todos mis respetos". Y los de toda la plaza, añadiría yo,
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Lugares para la memoria


Vista de la planta superior del Museo Etnológico de Hinojosa del Duque. A la derecha, reconstrucción del estudio fotográfico de los hermanos Gómez Gil y a la izquierda una tienda de ultramarinos. En primer término, maquinaria del antiguo reloj del ayuntamiento.

El Museo Etnológico de Hinojosa del Duque ha venido celebrando durante toda la semana pasada unas jornadas conmemorativas del Día Internacional de los Museos. Bajo el lema "El Museo, un lugar para la memoria", se han ido publicando en redes sociales diversos vídeos sobre algunos de los temas expositivos que se acogen en la antigua Cámara Agraria Local, contando para ello con el testimonio de diferentes personas de la localidad que han narrado su propia experiencia sobre dichos asuntos. Así, Valentina Tamaral habla sobre sus vivencias relacionada con el mundo de la costura, Pedro Peñas Fernández sobre los ciclos agrícolas y la antigua vida en el campo y Salvador Pérez Jurado sobre el comercio de antaño.

Me ha gustado especialmente el testimonio de Carmen Díaz Gil, que cuenta su historia como maestra desde que empezó a estudiar el bachillerato en "la academia de don Adelaido y de doña Antonia" en Hinojosa (aunque iban a examinarse a Puertollano, quizás al Instituto Fray Andrés) hasta completar sus tres años de Magisterio en la Escuela Normal María Díaz-Jiménez de Madrid, aprovechando que una hermana suya vivía en la capital. Carmen Díaz, que goza de buena memoria, recorre sus primeros destinos, desde "La Micro" en Hinojosa, como interina, hasta su primera "plaza en propiedad", como se decía entonces, en la escuela rural de Guadalmillo Guadahornillos, un cortijo en la provincia de Jaén. Tras una experiencia no demasiado grata en aquel lugar, después de dos años regresó a su tierra, primero en Alcaracejos durante cinco años y luego a Hinojosa, donde ha permanecido hasta su jubilación ejerciendo en diversos colegios. "Cada vez me siento más orgullosa de haber sido maestra. Cuando me casé y tuve a mis hijas, cuando ya me quedé sola con ellas, yo lo que les dije es que tenían que estudiar. Lo que quisieran, pero sacar una carrera", explica Carmen al finalizar su relato.



También me ha parecido significativo para la cultura comarcal el homenaje rendido a la fotografía a través de la figura de los hermanos Gómez Gil, pioneros de la fotografía documental y artística en Los Pedroches. En el Museo Etnológico de Hinojosa del Duque se conserva una muestra de su estudio fotográfico (trabajos, máquinas y materiales de laboratorio) transmitido a través de varias generaciones dedicadas a esta ocupación, incluyendo, por ejemplo, una antigua cámara de fuelle con placa de vidrio y trípode. Pedro Gómez Amat es descendiente de esta familia de fotógrafos hinojoseños y, fotógrafo también él, había conservado los útiles profesionales y los trabajos más destacados de sus abuelos, que en 2016 fueron donados al Museo. Los hermanos Gómez Gil fueron, además de fotógrafos, pintores y tallistas. Obra suya es la imagen actual de la Virgen de Guía, una vez desaparecida la original durante la Guerra Civil. A Pedro Gómez Gil, por su parte, corresponde la autoría de una copia de la llamada "Inmaculada de Soult" de Murillo, que se conserva en el Convento de las Concepcionistas de Hinojosa del Duque. Inclinados por la imaginería religiosa, elaboraron también numerosos adornos para diferentes iglesias y desde principios del siglo XX publicaron fotografías de Hinojosa en revistas y periódicos de la época, como una impresionante vista de la calle Corredera durante una procesión de la patrona aparecida en la revista Blanco y Negro a página completa en mayo de 1936. La vida y la obra de los hermanos Gómez Gil ha sido estudiada recientemente por María Dolores Rubio de Medina en un interesante trabajo titulado "Los hermanos Gómez Gil: 'los pintores' de Hinojosa".

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La Fragua y el mundo que no volverá



La residencia de artistas La Fragua durante uno de sus actos.

Digámoslo claro: el mundo tal como lo conocíamos hasta ahora se ha ido a la mierda en tres días y no sabemos aún cómo será el que está llegando. No he podido dejar de acordarme en estas circunstancias de la Trilogía de Occidente de Juan Bosco Castilla, que retrata ese mundo futuro al que nos dirigimos en medio de la incertidumbre distópica (los tres libros pueden comprarse en Amazon o descargarse gratuitamente en la web del autor). Resulta conmovedora hoy, casi despierta ternura, la preocupación por lo de cada día, cuando todo ha volado ya por los aires y nada realmente importa al modo en que importaban antes las cosas.

En medio del silencio de tanto aislamiento, han llegado, como de otro tiempo, las palabras dolorosas de los creadores de la residencia de artistas La Fragua, a propósito de lo acaecido en torno al convento de Santa Clara de Belalcázar y en torno al porqué de todo lo que está sucediendo ahora en el mundo. De lo particular a lo general.
"Lo advertimos con nuestra presencia: los espacios para el cambio están llenos de cambios mínimos. Una década después de la apertura en el Convento (diciembre de 2010) nada queda. Allí potenciamos la biodiversidad del espacio natural, flotamos junto a ella seres de todos los continentes, nos mezclamos con la comunidad apreciando sus saberes populares, participamos de sus economías, llegamos incluso a entender que existen espiritualidades igualmente válidas y a veces no tan lejanas al pensamiento contemporáneo. Un aparato de “poder” mezquino nos hizo la zancadilla hasta que un día perdimos la ilusión. Pero esta crisis está desenterrando los sentimientos positivos más profundos y vamos a seguir luchando para que de una vez se entienda que los trabajadores de la cultura estamos aquí para “mover” los árboles de la consciencia, hoy tremendamente subyugada".
La Fragua se fue de Belalcázar calladamente, sin decir una palabra. Era un final predecible, hasta yo lo adiviné:
Algún día empezaremos a darnos cuenta del fecundo estímulo (cultural, económico, territorial) que supone la actividad impagable -todavía silenciosa y silenciada- de los artistas rebosantes de fiebre creadora que desfilan por la residencia. Quizás cuando las administraciones -tardas siempre en reaccionar- quieran darse cuenta sea ya demasiado tarde, pues la experiencia nos demuestra que las ilusiones no son eternas, que llega un día, finalmente, en que el entusiasmo cesa y se apaga o se traslada a otras emociones, en otros lugares.
Meses después, cuando advertí que La Fragua no volvía de sus vacaciones invernales, les escribí para una oferta de explicaciones sobre causas y motivos, pero el correo debió perderse entre los mil recovecos de la ingeniería digital. La herencia que nos dejó la residencia de artistas fue tan grande, tan indescriptiblemente intensa, tan inolvidable, tan de otro lugar que no era el nuestro, que duele -a pesar de haberlo previsto- que todo se fuera en nada, como un soplo, como una lágrima. Leer de nuevo sus palabras, en las que se percibe el orgullo de lo realizado y el desconsuelo por el daño recibido, ha aflorado recuerdos sobre un proyecto inmenso que nunca fue suficientemente valorado por quienes pudieron disfrutarlo más de lo que lo hicieron y, sobre todo, por quienes pudieron mantenerlo y no quisieron.

En estos momentos de encierro nos embarga la melancolía, aunque no debemos dejarnos vencer por la tristeza. Otros días vendrán que nos harán felices. Pero el zapateado de Israel Galván sobre el entarimado del patio de la huerta del convento de Santa Clara, como el mundo que conocíamos hasta ahora, esos no volverán.

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Opina y corre


Los Simpson contemplan el mapa con los estados de los que han sido expulsados.

Hay un capítulo de Los Simpsons, titulado "Mata al cocodrilo y corre", en el que la familia amarilla viaja a Florida y allí golpean accidentalmente (e inicialmente dan por muerto) a un cocodrilo que resulta ser la mascota de la ciudad. El juez los condena a no volver a pisar el estado de Florida. A Homer no le importa demasiado porque dice que en muchos estados estarían gustosos de recibirlos, pero al final, ante un gran mapa de Estados Unidos, se dan cuenta de que solo los aceptarían ya en Dakota del Norte y Arizona, puesto que han sido expulsados de todos los demás estados por una u otra razón. No sé por qué, pero leyendo los comentarios que ha generado mi entrada "De tradición e innovación" (donde se me invita a no pisar Cardeña, como antes, por distintos asuntos, lo hicieran en Dos Torres, Torrecampo o Belalcázar), me he sentido identificado con esta secuencia.

Hay una preocupante propensión por parte de algunas personas a erigirse en portavoces de todos los demás, sin haber requerido antes su consentimiento. Cualquiera se cree autorizado para hablar en nombre de todo su pueblo, decidiendo por su cuenta quién puede y no puede acudir a él, simplemente porque no le ha gustado una opinión expresada. Deciden, por su cuenta, quién ha de ser bienvenido y quién no. Es, en pequeña escala, una forma de separatismo, de exclusión, de xenofobia. De intolerancia. Y da miedo.
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Función social de la crítica

Esta mañana he visitado un pueblo de Los Pedroches y lo he visto sucio. Sucias las calles, sucios los edificios particulares y sucios también los públicos. Quizás haya tenido algo que ver la tormenta de ayer, que limpió tejados y manchó suelos. Al pronto he pensado tomar fotos y colgar la denuncia en Solienses, pero enseguida me he retraído. ¿Tiene algún sentido airear estas situaciones? Hay personas que me acusan de plasmar aquí aspectos poco brillantes de nuestra realidad que convendría mejor ocultar, porque tal revelación, al parecer, nos perjudica. Hay (pero no es cosa de ahora, sino que ya trae historia) como un deseo de acallar cualquier crítica, lanzando en tromba la artillería contra todo el que se atreva a levantar el dedo.

Considero un error esta negación a la visión crítica de nuestra realidad. Entiendo que, por ejemplo, a los alcaldes les guste que sus vecinos elogien la gestión realizada, pues a todos nos apetece que nos valoren. Pero encerrarse exclusivamente en las opiniones de quienes nos rodean y atender solo a su criterio puede derivar en un alejamiento de la situación real que en nada beneficia a la gestión pública. Hay pueblos en los que la oposición política está dormida, neutralizada, y un plácido conformismo se ha instalado entre los ciudadanos, quizás escarmentados en cabeza ajena, o en la propia, y entregados ya a la rendición.

A la larga, esto se paga. Si no hay una exigencia externa, el gobernante no se estimula a emprender nuevos proyectos y se complace en un estado alcanzado que todos sus consejeros le aplauden, por convicción interesada o estrategia. La crítica, por el contrario, actúa como aguijón para permanecer alerta y no dormirse en el conformismo de lo conseguido. Es probable que al alcalde de este pueblo al que me refiero nadie le diga que sus calles están sucias y que la imagen que ofrecen es de decadencia y abandono, y dormirá tranquilo pensando en el éxito de su gestión, pues no escucha opinión contraria. Y si algún abejorro aparece, se le aplasta con la paleta y a seguir con la siesta. Pero quien llegue con ojos no contaminados verá la cruda realidad y quizás no vuelva. Y todos saldremos perdiendo.

Con frecuencia, algunos lectores me espetan: "Es que criticar es muy fácil". No es cierto. Lo fácil es adular. Se obtienen muchas más recompensas y aplausos diciendo lo bien que está todo en un pueblo que señalando lo que se podría mejorar. Las jaurías de perros rabiosos solo se lanzan contra el que disiente, no contra el que pasa la mano por el lomo. Criticar no es fácil. Tiene riesgos. Podría señalar algunos.
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El vigía

Va a hacer falta un buen otoño, tras un verano tan largo, canta Silvio, el cubano. Desde el pasado 9 de agosto solo he escrito una entrada en Solienses. Razones de ocio, primero, y de trabajo, después, han impedido una mayor dedicación. Ha sido una lección de humildad: nadie me ha echado en falta. Me consuela suponer que este abandono relajará tensiones y dejaré de ser diana, no siendo ya destino. Las fotos con gatitos suman miles de likes y las filosofías de Coelho sobre fondos arcádicos se comparten por millones. No hay cuidado, el horizonte está despejado. Apuntad a otro lado los cañones.


Los Mejía, en la Noche Blanca del Teatro de Pozoblanco.

Durante este mes de retiro no cesó la cultura en nuestros pueblos. Con el calor agosteño se reunieron el Belalcázar escritores de Los Pedroches y alrededores, aunque me enteré de ello por la prensa. Acudieron, fieles a su cita, los piostros de Pedroche, que se debaten ya entre la pureza y el espectáculo. En Pozoblanco celebraron, acompañado de gran pompa y circunstancia, el décimo aniversario de El Silo. Brilló la estrella de Rossi y la de los grupos teatrales y musicales de la localidad en una animada y aplaudida noche blanca, como el pozo. A los postres, aprecié mucha complacencia y escasa crítica, siendo esta última también consustancial a la cultura, aunque no esté de moda en nuestra tierra, donde la moda es abandonar a su suerte a quien la practica. La primera quincena septembrina finaliza con la grata noticia del Premio Literario Jaén que ha obtenido Alejandro López Andrada, otro exiliado de la cultura en Los Pedroches, con su novela Los perros de la eternidad, que esperamos leer próximamente. Y todo lo que está por venir.

Y en fin, que el verde se esta secando y el viento sur se demora, pero yo sigo esperando que lleguen cantando la lluvia y mi hora. Aunque a la mayoría le gusten más los gatitos. Hay abismo para todos.
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Paseando entre cruces por las calles de Añora


Pedro de la Fuente, Antonio Merino y José Cortés, el sábado de la Cruz en Añora.

Debo reconocer que este año he vivido la fiesta de la Cruz de Añora con gran intensidad. Entiendo que durante estas semanas se celebran en nuestros pueblos muchas fiestas populares, con mucho encanto y gran tradición todas ellas, pero comprenderán que me dedique especialmente a la de mi pueblo, que es la que uno ha vivido desde niño, a la que se siente atado de por vida aunque nunca llegue a comprenderla del todo.

Los días previos colaboré a su difusión, en la modesta medida en que uno puede, a través de las redes sociales de Solienses, presté ayuda anónima a algunos medios y participé en un programa de radio provincial invitando a los forasteros a que se dieran una vuelta por el pueblo la noche de la velá, que es la noche de la fiesta. También escribí un artículo en la revista promocional editada por el Ayuntamiento (no hay versión on line), que titulé "Diez preguntas sobre la fiesta de la Cruz de Añora", y publiqué el resultado de los premios ya en la madrugada del domingo, al poco de conocerse, como corresponde a un medio de comunicación.

Pero lo que realmente importa es la vivencia personal de la fiesta, el entramado de sensaciones que se despiertan la noche del sábado, cuando se descorre el telón y quedan a la vista las maravillas que, un año más, han elaborado las cruceras de Añora. Este año quise compartir estas emociones con algunos amigos, a los que invité a recorrer las calles del pueblo y deternerse brevemente en estas estaciones de belleza y resplandor singulares. Dejo a un lado los particulares y cito solo a los que tienen alguna proyección social.


Antonio Merino, Juana Castro y Pedro Tébar, el domingo de la Cruz en Añora.

El sábado acudieron Pedro de la Fuente y, por un significativo azar, José Cortés, ambos pioneros en el mundo de las páginas web sobre Los Pedroches. Paseando entre cruces recordamos una primera reunión que tuvimos en Añora (¡hace ya doce años!) los fundadores de lo que luego se llamaría Coordinadora de páginas web de Los Pedroches, cuando todavía hacer un censo de sitios era posible. Una década en internet equivale a una era glacial en otros ámbitos de evolución y hoy parece ingenuo todo aquello, pero pienso que los tres nos alegramos de haberlo vivido.

El domingo el pueblo se mostró también muy animado por la gran afluencia de visitantes y por la tarde tuve el placer de recibir a Juana Castro y Pedro Tébar, a los que en ameno paseo acompañé en un nuevo recorrido por las cruces, cuya contemplación nunca cansa. Luego comimos bacalao en el bar y churros en la plaza. El encuentro, que supo a poco, habrá de tener continuidad en próximas celebraciones.

Y así pasó un año más esta cita anual con la primavera, un rito que engrandece al pueblo de Añora y nos reafirma a los noriegos como portadores de una identidad forjada durante siglos gracias a las manos primorosas de nuestras madres y abuelas.
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Balance y perspectiva

Durante este año 2015 se han publicado en Solienses solamente 163 artículos, muy lejos de los 253 publicados en 2014 y a gran distancia de los 319 de 2013, 349 de 2012 o 385 de 2011 (¡más de uno al día!). Este ritmo decreciente de publicaciones ha sido debido básicamente a una tarea que me ha mantenido ocupado durante estos últimos años y que culminó felizmente el pasado jueves con la lectura y defensa en la Facultad de Filología de la UNED en Madrid de mi tesis doctoral “La mitología clásica como instrumento para la construcción de una nueva identidad de género en la poesía española del siglo XX escrita por mujeres”, que ha sido dirigida por el profesor Juan Antonio López Férez y codirigida por la profesora Rosa Pedrero Sancho. Han sido años de gran dedicación, especialmente estos últimos meses, que me han obligado a abandonar casi por completo mi entrega a Solienses para centrarme preferentemente en poner el punto final a este largo trabajo del que ahora, visto ya desde la placidez de lo terminado, puede decirse que me ha colmado de aprendizajes y satisfacciones. Pero uno alcanza el título de Doctor y se siente más predispuesto a continuar aprendiendo, a seguir indagando en el mundo de la cultura desde todos los puntos de vista que abarcarse puedan y, entre ellos, con la fuerza innata de la profundidad telúrica, el que se refiere a su propia tierra, a su propia gente, siempre tan cercana y tan ajena. Aquí estoy, pues, de nuevo. Itur in antiquam silvam.
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Altura de miras


Vista de Los Pedroches desde la sierra de Santa Eufemia.

Juan Bosco Castilla publica hoy en su blog Tratado de lo que ignoro un artículo en el que reflexiona sobre nuestra situación y nuestras responsabilidadees individuales. Reproduzco un fragmento y enlace al artículo completo:

"Altura de miras", por Juan Bosco Castilla [fragmento de artículo tomado del blog Tratado de lo que ignoro].

[...] El domingo pasado anduvimos por los montes de Santa Eufemia y vimos desde arriba Los Pedroches y las comarcas que la rodean y ahora, que me enfrento a la página en blanco para escribir sobre el paseo que dimos, me he acordado de esa entrevista, quizá por la escasa altura de miras que tienen quienes nos dirigen y nos lideran, quienes piensan, quienes opinan (opinamos) públicamente y quienes influyen en la opinión de los otros y, en general, la escasa altura de miras que tenemos todos, y en ese todos meto a casi todos los seres humanos, pero especialmente a los ciudadanos de España y, más especialmente aún, a los habitantes de ese territorio que se ve desde las alturas a las que me refería, Los Pedroches.

Me duele decir esto, porque siempre es injusto generalizar, porque el tiempo viene malo este año y hay muchos agricultores y ganaderos al borde de la ruina, me duele porque hay mucha gente buscando trabajo, gente que se ha preparado a conciencia y que no encuentra una ocupación con la que ganarse el sustento, porque hay algunos pequeños emprendedores que han depositado sus ilusiones vitales en una empresa y que luchan cada minuto para salir adelante, porque hay estudiantes que estudian y trabajadores que trabajan, porque hay políticos de buena fe y sindicalistas que quieren defender a los trabajadores, y hay líderes que se sacrifican y pensadores que proceden con honradez, me duele porque yo soy de aquí, y de aquí es mi familia, y mis amigos, y mis vecinos, y a todos los señalo (y me señalo) cuando afirmo lo que afirmo, y lo que afirmo es que, vistos desde arriba, en Los Pedroches falla el material humano. No es la tierra, por pobre que sea y lejos que esté, la que nos hace pobres, ni es el clima, por extremado y seco que sea, lo que nos priva del bienestar, todo eso contribuye a nuestro escaso nivel de desarrollo, sí, pero no es la causa principal, porque la causa principal está en nuestras propias carencias.

No hay más que vernos desde fuera para darse cuenta de los errores que hemos cometido y cometemos, de lo aferrados que estamos a la nostalgia y de lo poco que miramos al futuro, lo que hemos hecho con nuestros pueblos (especialmente en Pozoblanco), el escaso valor que le damos a lo que compartimos, lo poco que trabajamos unidos y lo mucho que nos separa, el caso que le hacemos a los que nos que vienen a vendernos la moto con palabras huecas, lo poco que aprendemos de los que van por delante de nosotros y el crédito que le seguimos dando a los que nos engañan [...].

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Vigorra en Alcaracejos

Dentro del ciclo de conferencias que bajo el título de "Alcaracejos por y para la formación" se viene desarrollando en la Fundación Alfima, el pasado viernes intervino el periodista jarote Jesús Vigorra, director-presentador del programa “El Público” del Canal Sur Radio y presentador de “Pido la palabra” de Canal Sur TV, que habló sobre la influencia de los medios de comunicación en la sociedad actual.

Jesús comenzó hablando de la influencia de los medios de comunicación a partir de su propia experiencia personal: relató sus orígenes en el periodismo de la mano del también jarote Justo Molinero, creador de Radio Taxi en Barcelona, que fomentó la creación de la radio local en Villanueva de Córdoba en 1983, y recordó la gran repercusión que tuvo entonces la iniciativa en los pueblos de la comarca. Se refirió luego al difícil momento que vive el periodismo actualmente en España desde el punto de vista laboral y empresarial y la menor influencia social que los medios ejercen en la actualidad. En una charla muy amena, salpicada de anécdotas personales, Jesús Vigorra defendió a los medios de comunicación públicos, los únicos, a su parecer, que realmente atienden al ciudadano y le dan voz, mientras que los privados se esfuerzan "en competir siempre por lo bajo". Afirmó que la figura del periodista como profesional, sin embargo, no está en crisis y resaltó la necesidad de su presencia para contar lo que pasa, aunque no eludió la autocrítica al preguntarse "dónde estábamos mirando los periodistas cuando estaba pasando lo que estaba pasando, cuando se vendían preferentes, cuando se entrampaban los ayuntamientos, qué contábamos, se nos estaban yendo las mejores". En esta tensión entre el periodismo y los poderes, Jesús finalizó definiendo la libertad de expresión como "poder decir lo que no quieren oir".

En el siguiente vídeo puede verse y escucharse la intervención completa:

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Chamizo en Alcaracejos

Dentro del interesante ciclo de conferencias que bajo el título de "Alcaracejos por y para la formación" se viene desarrollando en la Fundación Alfima, el próximo viernes le corresponderá el turno al periodista jarote Jesús Vigorra, director-presentador del programa “El Público” del Canal Sur Radio y presentador de “Pido la palabra” de Canal Sur TV, quien hablará sobre la influencia de los medios de comunicación en la sociedad actual .

Con anterioridad ya han participado en este ciclo personalidades tan relevantes como Manuel Gracia Navarro, Presidente del Parlamento Andaluz (25 de enero) y José Chamizo de la Rubia, Defensor del Pueblo Andaluz (14 de marzo). La intervención de este último, que habló sobre "Respuestas a los problemas de la sociedad actual", puede verse completa en el siguiente vídeo:

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Aurelio Teno: "No pienso en mañana, existe el presente, el momento que estás realizando tu deseo"


Aurelio Teno [Foto: eldiario.es].

"Cuando llegué a París me asusté, cuando vi a los monstruos de aquella época, Picasso, Dalí, todos los grandes, el cuerpo se te revuelve, tuve que adelantar todo lo atrasado". Así, con humildad y sencillez se expresa Aurelio Teno en esta conversación, mantenida en Radio Hinojosa Cadena SER en mayo del año pasado con Mª Ángeles Aranda, quizás una de sus últimas intervenciones públicas, puesto que, como él mismo confiesa, apenas concedía entrevistas. En la charla se hace un recorrido por su trayectoria vital y artística, sus viajes por todo el mundo, su incursión en la orfebrería, los reconocimientos internacionales...

"Yo no soy quién para definir mi obra, cada una que lo interprete a su manera, yo lo hago para mí, es una necesidad mía", contesta al ser preguntado por sus motivaciones. En el futuro prefiere no pensar: "Todos mis amigos han soltado ya la cuchara... No pienso en mañana, existe el presente, el momento que estas realizando tu deseo". Y su deseo en estos últimos tiempos se satisfacía gozando del entorno privilegiado de Pedrique: "Cuando me levanto doy gracias a todos los dioses del mundo por estar rodeado de esta naturaleza virgen impresionante. Yo no podría vivir hoy en Nueva York ni en Japón". Reflexiona sobre el carácter predeterminado de su existencia: "Nací en las minas de El Soldado y me pusieron Aurelio, que significa 'envuelto en oro'; después de recorrer el mundo entero, vuelvo a un sitio donde hay una mina de oro, de la época de los romanos, es el destino". Y termina con un consejo a los jóvenes: "Que salgan fuera y que se formen y vuelvan luego a su tierra, para que lo que han aprendido lo transmitan a futuras generaciones".

Aurelio Teno fue enterrado el sábado en Villaharta.


Entrevista con Aurelio Teno (mayo, 2012). Audio: Radio Hinojosa
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Héctor Maravall en el CAMF de Pozoblanco


Residentes y trabajadores del CAMF homenajeados con motivo del 25 aniversario [Fotos: CAMF].

El Centro de Atención a Personas con Discapacidad Física (CAMF) de Pozoblanco es un centro de ámbito estatal gestionado por el Imserso destinado a la atención integral de personas con discapacidad física que, careciendo de posibilidades razonables de recuperación profesional a consecuencia de la gravedad de su discapacidad, encuentran serias dificultades para conseguir su integración laboral o atender en su entorno familiar o domiciliario las necesidades básicas de la vida diaria. El año pasado se cumplió el 25 aniversario de la inauguración del Centro y, con tal motivo, durante todo 2012 se está desarrollando un programa de actividades conmemorativas que se inició el 1 de junio. Desde entonces han tenido lugar exposiciones, conciertos y actos singulares como un certamen de juegos tradicionales y adaptados, una conferencia a cargo de Francisco Salinas Martínez, atleta paralímpico, y Salvador Navas Rueda, campeón de España de esquí, o una noche flamaneca. De aquí a fin de año está previsto todavía un concierto del alumnado del Conservatorio de Música de Pozoblanco «Marcos Redondo» y una jornada de puertas abiertas (días 29 y 30 de noviembre), para finalizar el 3 de diciembre (Día de las personas con discapacidad) con un acto de clausura que incluye la presentación del lip-dub que ha realizado en el centro el Instituto Ángel de Saavedra de Córdoba.


De izquierda a derecha, Francisco Salinas, atleta paralímpico, Raquel Castro, animadora socio-cultural del centro, y Salvador Navas, campeón de España de esquí durante su conferencia en el CAMF el pasado mes de julio.

El pasado miércoles tuvo lugar una mesa redonda sobre el tema "25 años en los Servicios Sociales Públicos", con la participación de Héctor Maravall Gómez-Allende, abogado laboralista, asesor sindical en CCOO, ex-Director General del IMSERSO y ex-consejero RTVE. Héctor ha escrito en su blog una crónica del acto en la que ofrece su visión sobre este cuarto de siglo de historia y los retos que va a exigir el futuro a los centros asistenciales públicos de esta naturaleza.

Muchos de los residentes llevan 25 años en el centro. Todos tienen una gran dependencia física y en determinados casos también mental. La edad media es superior a 60 años. Hay una parte sin familia real o de hecho. No quieren marcharse de allí, quieren vivir hasta el final en ese centro. Al despedirme había unos cuantos que estaban en el porche cantando, (estaba lloviendo a mares fuera). ¿Cómo es posible? Hay tres explicaciones, en primer lugar porque ellos, a pesar de todo, tienen confianza en sus posibilidades; porque están activos gracias, entre otras cosas, a que es un centro publico que tiene diversos servicios, actividades y talleres; y porque tienen el apoyo las 24 horas del día de unos profesionales, dignos, cualificados, solidarios.

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El noriego Vidal Barrios, trabajador del CAMF, durante su actuación en la Noche Flamenca en septiembre.
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Beatus ille

En Córdoba capital ha nacido un nuevo medio de comunicación digital, Cordópolis. De la provincia no se ocupan mucho (la etiqueta "provincia" de su nube es más pequeña que la de, por ejemplo, "bomberos") y quizás por ello una de las blogeras del apartado Blogópolis haya decidido dar contenido a su sección con los testimonios de la gente de los pueblos que vive en la capital, y ha comenzado, en sus dos primeras entregas, por Los Pedroches.

Ya en otras ocasiones hemos comentado que la distancia mental que separa a Córdoba capital de Los Pedroches es inmensamente mayor que la física. Para los cordobeses de la capital Fuente La Lancha, que alcanzó su privilegio de villa en 1601, es una "aldea" y Dos Torres un pueblo de la "Sierra de Córdoba", porque para los capitalinos el Muriano es el finisterre más allá del cual sólo hay una incierta nebulosa de desconocimiento inexplorado.

Alejandra Vanessa, se acerca a los pueblos con el candor literario de tantos siglos de topicidad y esa visión arcádica de la realidad alcanza su cénit en los siempre añorados tiempos pasados. "La mayoría de sus habitantes era gente muy humilde y honrada que se ganaba la vida trabajando en el campo. Todos se conocían y todos se echaban una mano cuando lo necesitaban (...) Parecía que cuanto menos bienes poseían más hospitalarios y afables se mostraban. Eran buenos con cualquiera que se acercase al pueblo. Por ejemplo, cuando un comerciante aterrizaba con su burro o su motillo, lo recibían con honores y almuerzo abundante. Los niños lo rodeaban, y le cantaban, como si ofreciesen sus juegos al forastero". Para los capitalinos, a quienes resulta necesario explicarles que los tórtolos son "los hijos de las tórtolas", la vida en los pueblos era "entonces" muy feliz. Con nueve o diez años las niñas se pasaban la mañana lavando la ropa familiar, porque escuela no había, ni maestros, ni libros, con suerte podía encontrarse una revista de las que "tiraban los señoritos", pero nada de eso impedía vivir "felices como perdices" y pasarse bailando toda la tarde en la plaza durante las fiestas.

Alguna pista debió darle a Alejandra, para dudar de tan idílico bienestar, el hecho de que todos sus protagonistas tuvieran que emigrar "entonces" de sus pueblos. Quizás no le hablaron de jornadas laborales de sol a sol desde la tierna infancia, de analfabetismo, de fiestas de misa y sacristán, del infierno de los diferentes, del desamparo eterno de los santos inocentes, de la tiranía de los señoritos, de las muchas lágrimas de quien debía mandar a sus hijos a la cama sin cenar...

Los comentaristas de Alejandra -capitalinos, quizás, también- ahondan el sentir: "La gente era más feliz con mucho menos, todo era más sano", "qué retrato más bello de una época donde lo que importaba entonces se parece poco a lo que importa ahora"... A estos nostálgicos de la vida en los pueblos durante los años cincuenta y sesenta les pido que no se preocupen en exceso, porque las políticas actuales se han propuesto enmendar la desgracia de los tiempos presentes y es muy probable que pronto lleguemos de nuevo a ser tan "felices" como "entonces".
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Los Pedroches: incultura, marginalidad y subdesarrollo.

Es la sensación que pudieran difundir ciertas presencias destacadas durante las últimas semanas en los medios de comunicación de ámbito nacional y que contribuyen a propagar una imagen de Los Pedroches en los límites de la marginalidad, de eso que se llama despectivamente la España profunda. Manifestaciones que transmiten la estampa tópica del subdesarrollo rural, poblada de credulidad, incultura y crueldad, tan lejana de la imagen que queremos divulgar de nuestra tierra. El periodista Arturo Luna debatiendo en compañía de María Patiño en uno de los más execrables programas de la televisión nacional en torno a la muerte de Paquirri en Pozoblanco y sus entresijos amorosos con la Pantoja, alimentando el sambenito y la basura. Un catedrático mallorquín que parece haber encontrado su agosto editorial en propagar la pamema del niño lobo que él mismo inventó con cuatro recuerdos mal hilvanados de una víctima de su tiempo. Y, en fin, Alejandro, nuestro escritor más conocido, que ahora desvela al mundo y a nosotros la tremebunda visión del gigante monje vagabundo en la sórdida noche ennieblada de los difuntos. Cada cosa aislada produce una sonrisa condescendiente y hasta conmiseración por su simpleza. Pero todas juntas, en tan poco tiempo, invitan a la reflexión desnuda de que grandes esfuerzos por transmitir una imagen de modernización pueden ser tan fácilmente contrarrestados con cuatro testimonios rudos que ahondan en los yacimientos viscerales más retrógrados del ser humano, y ahí vamos todos, en el mismo lote.

I. Arturo Luna en el programa "DEC" de Antena 3.

II. La historia del niño-lobo en el programa "Cuarto milenio" de Cuatro.

Segunda parte | Tercera parte


III. Alejandro López Andrada y su visión del monje en el programa "Milenio 3" de la SER.