Oficios en peligro y otros peligros
Últimamente triunfan en las redes sociales perfiles que divulgan una imagen romántica y melancólica del viejo mundo rural, añorando el regreso de unos tiempos idealizados y unos modos de vida embellecidos en los que identifican unos valores esenciales que la sociedad actual habría perdido. Por lo general, sus responsables son los nietos de quienes vivieron aquella vida y el conocimiento les viene principalmente a través de los recuerdos edulcorados de sus abuelos, quienes, según es propio en la naturaleza humana, han olvidado en buena parte las penalidades que vivieron y únicamente refieren ya los momentos felices y las situaciones placenteras. Solo así puede entenderse, por ejemplo, la reivindicación del arduo ejercicio de la trashumancia que realiza el tuitero e instagrammer soriano David Ortega, centrada exclusivamente en los componentes poéticos y sentimentales de una actividad tan penosa y esforzada como el traslado de rebaños a pie durante semanas enteras en condiciones climáticas extremas y con una absoluta falta de recursos de todo tipo.
He citado a David Ortega porque hace pocos días se celebró, y él ha contribuido eficazmente a su difusión, la actividad Somos trashumantes, organizada por la Mancomunidad de Tierras Altas y el Ayuntamiento de Oncala (Soria) y en cuya programación figuraba un "acto de hermanamiento con la comarca de Los Pedroches", sin que haya trascendido su contenido. En esa actividad colaboraba Trashumancia y Biodiversidad, una asociación con sede en Hinojosa del Duque, que también en sus redes sociales presenta esta imagen amable y complaciente de la antigua vida en el campo, abogando, entre otras, por la recuperación de especies autóctonas identificativas del "genuino genio español", según escribía su responsable el año pasado en cierta revista.
Precisamente esta asociación colabora también en el proyecto denominado "Salvemos la alfarería" (4-10 de agosto), junto al Ayuntamiento de Hinojosa del Duque. La actividad, que se anuncia como "un encuentro por un oficio en peligro con el Maestro Alfarero hinojoseño Hipólito Escudero, último alfarero de Los Pedroches", parece ser una iniciativa de la cantante pozoalbense María José Llergo (que también suele citar a su abuelo en las entrevistas) y del perfil de Instagram Viento de Pueblo, centrado en Belalcázar, con las mismas características ya definidas en la búsqueda de unas raíces poetizadas y una ruralidad idílica, en la que pudiera traslucirse cierto deseo de regresión a formas de vida y pensamiento que creíamos felizmente superadas. Debe ser una característica propia del espíritu millennial, frente a quienes jamás querríamos de vuelta aquellos antiguos modos de trabajo y de existencia, con su carga de penuria, discriminación, machismo y explotación laboral.
Uno asume el componente estético y sentimental que subyace en estos proyectos y el amor sincero al propio pueblo que los impulsa. Pero, leyendo ciertas argumentaciones y comprobando la ligazón de algunos de estos perfiles a formas ideológicas ultraconservadoras, nos preguntamos también qué es lo que reivindican exactamente estas iniciativas de nostalgia pastoril y llegamos a plantearnos, en consecuencia, si con este impulso no se pondrán realmente en peligro muchas otras cosas (logros sociales, conquistas ciudadanas) además de los propios oficios tradicionales.
































































