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Intervenir en la cultura

José Manuel Blanco y Antonio Merino durante la entrega del Premio Solienses, en mayo en Alcaracejos [Foto: Agustín Merino].

Desde Solienses no pretendemos solo analizar o divulgar el mundo cultural de Los Pedroches, sino también participar en él. No ser solo observadores, sino también agentes, en la medida de nuestras posibilidades y de las oportunidades que se nos ofrecen. En este año 2022 recién finalizado hemos participado activamente en cinco actividades culturales de la comarca que me gustaría recordar siquiera brevemente.


El 23 de mayo entregamos en Alcaracejos el Premio Solienses 2022 al escritor torrecampeño José Manuel Blanco por su libro Pueblo chico, infierno grande. La entrega se realizó, gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Alcaracejos, en la explanada del Silo de Alcaracejos y contó con la participación de La Banda del Soul, que estrenó una canción con letra de un poema del escritor pozoalbense Hilario Ángel Calero, del que este año se ha celebrado el centenario de su nacimiento. El Premio Solienses reconocía este año la contribución de José Manuel Blanco a la normalización del tema de la homosexualidad en el ámbito rural a través de una novela que presentaba unos personajes abiertamente gays en un ambiente amoroso positivo y sin traumas. Al acto asistieron, como viene siendo habitual, representantes de la cultura, la política y la sociedad de Los Pedroches que apoyan de este modo una iniciativa no institucional que ha logrado consolidarse en el panorama cultural de la comarca.


Acto de celebración del centenario de la creación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Peña de Añora [Foto: Agustín Merino]

El 9 de septiembre intervine como ponente en el acto de celebración del centenario de la creación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Peña de Añora, junto a Jesús Daniel Alonso Porras (vicario episcopal de la ciudad de Córdoba, delegado de patrimonio de la Diócesis de Córdoba y canónigo archivero de la Catedral de Córdoba) y Francisco Benítez López, Hermano Mayor de la Hermandad. En mi intervención hice un repaso por los orígenes del culto a la Virgen de la Peña en Añora y su desarrollo hasta el momento actual, deteniéndome en algunos documentos que delimitan los comienzos de la presencia de esta advocación en la localidad.


Pedro Tébar y Antonio Merino el pasado diciembre en Córdoba [Foto: Agustín Merino].

El 11 de noviembre participé en la presentación de la novela La isla del gavilán de Pedro Tébar, que tuvo lugar en el Teatro Municipal de Villanueva de Córdoba, acto en el que participaron también  el alcalde de Villanueva de Córdoba, Gabriel Duque y el concejal de cultura, Juan Manuel Rísquez, además del autor. Luego, el 13 de diciembre, volvimos a hacer la presentación del libro, pero esta vez en Córdoba capital, en la sede de la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, con la compañía de Juana Castro y Antonio Luis Ginés. En el siguiente vídeo puede verse un fragmento de mi intervención en Villanueva de Córdoba.



Finalmente, el 24 de noviembre intervine también como ponente en el acto conmemorativo del centenario del nacimiento del escritor Hilario Ángel Calero, en un encuentro que tuvo lugar en la Biblioteca de Pozoblanco y que contó igualmente con la participación del historiador José Luis González Peralbo, la hija del autor Catalina Calero García y el concejal de Cultura Juan Bautista Escribano

2023 se nos ofrece ahora también como un horizonte repleto de posibilidades de intervención cultural. Allá vamos.

De izquierda a derecha: Juan Baustista Escribano, José Luis González, Catalina Calero y Antonio Merino, el pasado noviembre en Pozoblanco [Foto: E.C.].
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Lo anecdótico

Detalle de la portada de "Pueblo chico, infierno grande".

Hace unos días Juan Bosco Castilla escribió en su blog una entrada sobre la novela Pueblo chico, infierno grande, ganadora del Premio Solienses 2022. Tras diversas consideraciones en torno a su propia experiencia como lector de una propuesta narrativa que de algún modo le afecta personalmente (su pueblo, su trabajo) y algunos ligeros apuntes sobre la trama, la construcción de personajes o el lenguaje de la obra, Castilla finaliza diciendo: "Para los amantes de lo anecdótico, por último, diré que casi todos los protagonistas son homosexuales". Y, a pesar de que por lo general coincido con las opiniones expresadas por Juan Bosco en casi todos sus artículos, no puedo sino disentir con él en esta ocasión. Que los protagonistas sean homosexuales no es algo anecdótico en esta novela, sino un elemento principal. De hecho, es lo que le concede la entidad, grande o pequeña, que tenga esta obra y sin ese elemento Pueblo chico, infierno grande no tendría nada reseñable.


Lo que distingue a la novela de José Manuel Blanco de tantas otras propuestas similares de literatura ligera son precisamente sus personajes, puesto que ni la trama ni la ambientación resultarían realmente destacables con otros protagonistas. Lo que hace grande a la novela de Blanco es precisamente el hecho de que sus personajes sean homosexuales, porque en esa propuesta -incluso aunque el autor no lo pretendiera de antemano- se contiene un componente reivindicativo para la causa LGTBI en favor de la normalización del colectivo en uno de los últimos reductos donde esta condición no acaba de ser aceptada del todo. Y esto es así porque los personajes gay de Pueblo chico, infierno grande no se someten a los arquetipos tradicionales de tinte negativo con los que el homosexual ha sido presentado habitualmente en la literatura de lo rural. 


Por no salir del ámbito comarcal, en El césped de la luna (2001), de Alejandro López Andrada, aparecen dos personajes LGTBI cargados de todos los tópicos malsanos con los que suelen dibujarse este tipo de personajes: a uno de ellos, Joaquinito, "no le iban mucho los libros y quería ser actriz". Aficionado a vestirse de mujer, todo el pueblo se ríe de él, lo que hace sufrir muchísimo a su padre, hasta el punto de que acaba por provocarle un síncope y una apoplejía cuando, pasados los años, Joaquinito vuelve al pueblo convertido ya en Rosalía. El otro, un tal Carlos Cerezo, era un marica reprimido que "ensayaba poses varoniles" para disimularlo y que violó a su mejor amigo aprovechándose de que estaba borracho.


Los de Pueblo chico, infierno grande no son estos personajes marginales, avergonzados de sí mismos o entregados a la mala vida, sino que, como se dice ahora, se trata de hombres gays empoderados que ocupan un papel sobresaliente en la sociedad a la que pertenecen: dos flamantes abogados de Madrid y un desacomplejado alcalde de pueblo. Son referencias muy diferentes a las que nos tenía acostumbrada la literatura tradicional, donde el mariquita era el hazmerreír de todos y solo podía esperarse de él la mezquindad o la maldad. Parafraseando a Ostriker en su reflexión sobre el Prufrock de Eliot, ¿quién querría sentirse identificado con estos personajes deleznables, que han ido creando paulatinamente una conciencia popular ahora difícil de erradicar? ¿Quién, por el contrario, no querría parecerse a los de Pueblo chico, infierno grande? Este diferente enfoque en el tratamiento de la homosexualidad, los diferentes modelos de representación que ofrece, es lo que hace destacable por novedoso a la novela de José Manuel Blanco, porque, lejos de contribuir a la perpetuación de estereotipos miserables, nos presenta un universo cargado de esperanza, por muy irreal que todavía pueda parecer.

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Así se hizo el arado romano de Ofiarpe

Los tres artesanos que confeccionaron el arado que porta José Manuel Blanco, autor premiado este año [Foto: Solienses].

Cada año, cuando entregamos el Premio Solienses, numerosas personas que ven de cerca por primera vez el arado romano de Ofiarpe quedan subyugadas ante su encanto y me preguntan por la singularidad de esta pieza y no falta quien se interesa incluso por conseguir un ejemplar. Por mi parte, siempre les respondo lo mismo: solo se puede conseguir el arado publicando un libro y ganando el Premio. 


Se trata, efectivamente, de una pieza artesanal única que se confecciona cada año expresamente para el Premio Solienses. Solo se fabrica un arado al año, casi siempre al filo del abismo. Solo existen doce ejemplares, todos iguales y todos distintos, porque no hay dos piezas de artesanía idénticas. 


El arado constituye una conjunción de voluntades, una dedicación amorosa de muchas horas de trabajo y un empeño por realizar una obra bien hecha que represente un cierto espíritu de nuestra tierra: el esfuerzo colaborativo, la comarca frente a los localismos. Patricio Moreno, trabajador de la forja en Añora; Santiago Valverde, artesano de la madera en Santa Eufemia; y Eduardo Ruiz, que modela la piedra en Hinojosa del Duque. Son los tres artífices que, en nombre de la asociación de artesanos de Los Pedroches Ofiarpe, han realizado este año la réplica del arado romano que encarna el Premio Solienses y que hace unas semanas entregamos a José Manuel Blanco. No cabe duda de que el arado se erige como un elemento principal de la celebración y la dota de un simbolismo especial. Nuestro agradecimiento humilde a los artesanos de Los Pedroches por tanta generosidad.


 
Así de hizo el arado romano de Ofiarpe.
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Repercusiones

 
Noticia de la entrega del Premio Solienses 2022 en Canal 54.

La noticia de la entrega del Premio Solienses el pasado domingo en Alcaracejos ha tenido también su eco en los medios de comunicación y, sobre todo, en las redes sociales. Hay que agradecérselo a todos ellos, porque la visibilización de actos de esta naturaleza resulta fundamental para su propio mantenimiento en el futuro. Hoy al día habla de "un Premio Solienses que volvió con fuerza" y lo considera "una de las entregas del galardón más especiales". El día de Córdoba, por su parte, reafirma el carácter comarcal de la convocatoria simbolizada en el arado de Ofiarpe, "realizado por las manos de tres artesanos de la comarca expertos en madera, forja y granito, como un compendio de toda la materia esencial de Los Pedroches".



Facebook se llenó el domingo y días siguientes de imágenes del acto. El Quincenal transmitió la ceremonia en directo, en un vídeo que cuenta ya con más de tres mil reproducciones:


 


El Ayuntamiento de Alcaracejos fue el primero que distribuyó varias fotografías del desarrollo de la jornada:


 
Eduardo Lunar publicó sus "anecdotillas":

 
Sebastián Pérez Gallardo, coordinador provincial de IU en Córdoba, también dejó constancia de su paso por Alcaracejos: 

 

La Biblioteca de Pozoblanco:

 




El Centro de Iniciativas Empresariales y Turísticas (CIET) de Los Pedroches:

 
Canal 54, la televisión municipal de Pozoblanco, ha elaborado un reportaje, dentro de su programa "Pozoblanco al día", que incluye el acto completo junto con imágenes de la visita al edificio del silo:
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Dos fragmentos con La Banda del Soul

La Banda del Soul, durante su actuación el pasado domingo en la entrega del Premio Solienses en Alcaracejos [Foto: Solienses].

Mi primer contacto con La Trapera fue en 2010, cuando Rafa Dueñas me mandó una grabación de la nueva versión que habían hecho de su tema "El ajusticiado", basado en la muerte de Pérez Zafra. Su mensaje llegó en uno de los momentos más delicados de toda la historia de Solienses. Yo había decidido cerrar el blog el 22 de julio, justo al cumplir siete años, y desde ese día comenzaron a ocurrir una serie de cosas cuasi mágicas que me llevaron a abrirlo de nuevo el 4 de octubre. Precisamente durante esos dos meses de ausencia llegó "El ajusticiado" y no puedo negar que en parte colaboró a la resurrección. Entonces escribí este artículo que empieza "En septiembre de 1897, uno más entre las decenas de forasteros que llegaban por esas fechas con motivo de su feria de ganado, vino a Pozoblanco Francisco Solano Pérez Zafra, un joven labrador de veinticinco años natural de Montilla que trabajaba como asistente de un matrimonio de feriantes. Terminadas las fiestas y los rodeos, los tres marcharon hacia Villanueva, a donde nunca llegarían" y que Rafa Dueñas leyó al comienzo de la actuación de su nueva banda, La Banda del Soul, el pasado domingo durante la entrega del Premio Solienses en Alcaracejos. En el devenir de los hilos misteriosos de la cultura resulta imposible deslindar el porqué de las cosas, explicar cómo se enredan las emociones y las imprevisibles consecuencias que trae consigo cualquier acción ni siquiera meditada. La Banda del Soul ha hecho ahora una nueva versión de "El ajusticiado", que interpretó al comienzo de su actuación y, mientras todo el público la escuchaba seguramente por primera vez, yo recordaba la versión original y la versión de 2010 y pensaba que todo lo que estábamos viviendo en ese momento no hubiera sido posible si la naturaleza del escorpión fuera otra.



A Hilario Ángel Calero, del que este año se cumple el centenario de su nacimiento, le debemos quizás también en buena parte que La Banda del Soul estuviera actuando en Alcaracejos el pasado domingo. Muchos años después Rafa volvió a escribirme mandándome ahora un tema que habían compuesto basado en un poema del poeta pozoalbense. Me encantó la delicadeza con la que se abordaban los versos sencillos de Calero y le animé a difundir la canción, pero los procesos creativos son complejos y llevan su tiempo y necesitan encontrar el momento adecuado de fructificar y salir a la luz. Y resulta que el momento ha llegado con el renacimiento del Premio Solienses, tras dos años de ausencia, como si la relación entre nosotros se fortaleciera en los intermedios.  


El poema "No se lo dijimos" se publicó originalmente en el libro Mis sueños (1964), donde aparece sin título, numerado como el XXVIII. En la antología Poesía y prosa, publicada por la Diputación de Córdoba en 1990, aparece titulado con el primer verso "Lo sabe la luna". Finalmente, en la recopilación de su obra poética completa editada por el Ayuntamiento de Pozoblanco en 2017 se recoge ya con el título de "No se lo dijimos...". Qué llevó a Rafa Dueñas a poner música precisamente a este poema de entre los centenares que componen el volumen de la Obra poética de Hilario Ángel Calero lo tendrá que explicar él. La mañana del domingo, cuando se cantó en público esta canción por primera vez, entre los asistentes se encontraban dos hijos de Hilario Ángel Calero, Alfonso e Isabel, que sentirían la inmensa emoción de la obra plena, cuando se conjugan letra y música para crear una obra mayor.


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El Premio Solienses reivindica en Alcaracejos su "dimensión comarcal"

José Manuel Blanco, Premio Solienses 2022, con el arado romano de Ofiarpe, junto al editor de Solienses, Antonio Merino [Fotos: Agustín Merino]. 

Un centenar de personas, procedentes de todos los puntos de la comarca, nos reunimos la mañana de ayer al cobijo del Centro Termal y el antiguo silo de Alcaracejos para proceder a la entrega del Premio Solienses en su decimotercera edición, que había sido concedido a la novela Pueblo chico, infierno grande de José Manuel Blanco (Torrecampo, 1989). Tras dos años de ausencia, el reencuentro significó un abrazo del mundo de la cultura de Los Pedroches, especialmente de su universo literario, para reivindicar una vez más el espíritu comarcal que debe primar en las relaciones entre todos nuestros pueblos. 

La organización del acto de entrega del Premio Solienses constituye un delicado mecanismo de relojería que se trabaja a ciegas. Nunca se sabe qué va a ocurrir, si las piezas encajarán en el momento definitivo, si todo lo hablado se hará realidad, si lo prometido se cumplirá. Son muchas personas que trabajan a distancia, sin saber unas de otras, con un principio de incertidumbre generador de angustias, siempre al arbitrio de cualquier imprevisto. Pero luego, llega el día y milagrosamente todo se cumple. Las piezas encajan, las nubes se disipan y el sol brilla en una maravillosa mañana de libros y música que justifica todos los temores y previsiones, los momentos de inquietud y desasosiego. 

A las once y cuarto de la mañana, tal como estaba previsto, comenzaron las visitas al edificio del moderno centro termal y del antiguo silo. Ya a esa hora La Banda del Soul, que actuaría para cerrar el acto, tenía ajustados sus instrumentos y el Ayuntamiento de Alcaracejos había hecho gala de un amplio despliegue de instalaciones. Toda la explanada que se abre frente al monumental silo estaba al servicio del Premio Solienses. Unas coquetas carpas morunas aislaban del sol al público que asistiera al acto de entrega del premio y otras nos cobijarían al final para tomar un aperitivo, que resultó generoso. En el interior, los visitantes se sorprendían con las diferentes estancias de termalismo y estética adaptadas a las peculiaridades arquitectónicas de un edificio construido en los años sesenta del siglo XX para uso agrícola. En los diferentes niveles superiores se conserva maquinaria original y la configuración estructural primitiva de un silo para almacenamiento de cereales. Se culmina en la terraza, con impresionantes vistas sobre toda la comarca, a la que puede accederse por su atractivo ascensor externo.

José Luis Cabrera, alcalde de Alcaracejos, durante su intervención.

A las doce comenzamos el acto de entrega del premio propiamente dicho, al que hemos dotado de una estructura fija que nos parece acertada con el paso de los años. El editor de Solienses, Antonio Merino, (hablaré así, en tercera persona de mí mismo, como César, para mejor entendernos) presentó en primer lugar al alcalde de Alcaracejos, José Luis Cabrera, del que destacó el entusiasmo con el que había acogido la idea de celebrar la entrega del premio en aquel lugar tan insólito para este tipo de actos. El alcalde señaló que para Alcaracejos era "un placer albergar este acto cultural consolidado en la comarca de Los Pedroches". Declaró haber leído ya el libro premiado, que le había encantado, y reconoció que "Villanueva de la Encina es el pueblo de cualquiera de los que estamos aquí y somos de Los Pedroches, esa calor de agosto la sufrimos todos y nos encanta, ese olor a tormenta... nuestras verbenas, esa vida en la calle, que nos conocemos todos...". Y añadió: "Es fundamental que contemos a la gente lo bien que se vive aquí, la calidad de vida que tenemos" y alabó el hecho de que el libro colabore a poner en valor el mundo rural. Cabrera terminó elogiando el Centro Termal como un recurso turístico de referencia en la comarca de Los Pedroches y destacó la apuesta de Alcaracejos por el Camino Mozárabe a Santiago.

Vista general del público durante el desarrollo del acto.

Intervino a continuación Antonio Merino, que reivindicó el edificio del silo como integrante de nuestro patrimonio histórico monumental de carácter industrial. Acorde con el acto que allí se celebraba, sugirió su carácter profundamente literario: "Fácilmente podríamos imaginárnoslo como escenario de un crimen que luego tuviera que investigar el inspector Homero de Félix Ángel Moreno. Se trata de un edificio que no desentonaría en la ciudad distópica de Sholombra, tal como nos la describe Juan Bosco Castilla. Resulta, en fin, una obra arquitectónica repleta de melancolía de otros tiempos en la evocación de Alejandro López Andrada, que en Los años de la niebla, se refiere al 'perfil de su silo cabrilleando entre paredes blancas y tejadillos' y destaca 'la silueta fornida y emblemática del silo'". Tras recordar que el acto de entrega del Premio Solienses ha recorrido ya doce de los diecisiete pueblos de Los Pedroches, quiso destacar precisamente su "dimensión comarcal" como una de las esencias del premio, "que no importe cada pueblo individualmente sino la comarca en su conjunto". "Una vez que estamos aquí todos juntos -dijo-, ya no se sabe de qué pueblo somos cada uno de nosotros, si somos jarotes, noriegos, tarugos o mojinos, sino que todos nos reconocemos como vecinos de Los Pedroches, con una historia común, una cultura común y, por qué no decirlo, con reclamaciones sociales presentes también comunes, ya afecten a las comunicaciones, a los servicios públicos o a la economía más apegada a la tierra. De algún modo, este peregrinar por los pueblos de Los Pedroches nos hace ciudadanos de un territorio comarcal que trasciende el localismo, y no importa si estamos en el convento de Santa Clara, en el monasterio de Pedrique o en el yacimiento de Majadaiglesia, porque lo que importa es que estamos en nuestra tierra, en Los Pedroches, y no nos sentimos forasteros si estamos en Alcaracejos, en Hinojosa del Duque o en Villanueva de Córdoba, sino que, estemos donde estemos, siempre nos sentimos en casa, en nuestro pueblo".

En cuanto a la novela premiada ("no creemos ni queremos que sea la obra definitiva de su autor"), señaló el valor de haberse atrevido en ella "a enfrentarse a uno de los últimos tabúes que persisten en el mundo rural, el de la homosexualidad". Merino acabó agradeciendo su colaboración a todas aquellas personas e instituciones que han colaborado para que el acto de entrega del premio hubiera sido posible un año más.

De izquierda a derecha, José Manuel Blanco, Antonio Merino y Sergio Rubio, durante su intervención.

Seguidamente tomó la palabra Sergio Rubio, en nombre del jurado, para describir Pueblo chico, infierno grande como "un libro con un tono divertido, que recoge costumbres de nuestra comarca e idealiza de alguna manera la homosexualidad en el entorno rural". Sergio reconoció la dificultad del jurado para elegir la obra ganadora dada la calidad de las tres novelas finalistas ("los tres libros están cargados de talento, buena escritura y guiños a nuestra tierra"). Reflexionó en torno al concepto de "talento" para concluir que "esta comarca está cargada de talento, de personas que se implican, de una manera u otra, en hacerla crecer y por eso no podemos dejar que se muera, no podemos dejar que nuestros pueblos se vacíen cada año un poco más. Debe haber una solución y tenemos que estar unidos para encontrarla".

A continuación, Antonio Merino entregó a José Manuel Blanco la réplica del arado romano que confecciona expresamente para la ocasión la asociación de artesanos Ofiarpe. Tras recibirlo, el autor premiado definió su obra como "una novela muy de Los Pedroches". Aunque partía de apuntes anteriores, reconoció haberla escrito en buena parte durante el confinamiento. "La novela son Los Pedroches, quise jugar precisamente con eso. Los nombres de los personajes son los de los patrones y patronas de por aquí, está la comida, están los lugares. Se trata también de la historia de alguien que quiere hacer un cambio en su vida y Villanueva de la Encina lo transforma". Blanco finalizó advirtiendo que "tiene algún tipo de simbolismo el hecho de que el reencuentro del Premio Solienses tras la pandemia sea con una novela que hable tanto de Los Pedroches".

El acto siguió con la actuación de La Banda del Soul (a la que dedicaremos una entrada aparte mañana) y con un aperitivo por cortesía del Ayuntamiento de Alcaracejos, durante el cual pudimos compartir inquietudes, proyectos, quejas y alegrías con la gente de la cultura, la política y la sociedad de Los Pedroches. 

El escritor premiado junto a los alcaldes de Los Pedroches que asistieron al acto.

No es irrelevante conocer quiénes nos acompañaron en este acto, porque su presencia significa un apoyo a esta iniciativa y una garantía de que pueda mantenerse en el futuro. Allí estuvieron representantes de la política comarcal: el presidente de la Mancomunidad de Municipios y alcalde de Pedroche, Santiago Ruiz; el alcalde de El Viso y delegado de Cohesión Territorial de la Diputación de Córdoba, Juan Díaz; la alcaldesa de Villanueva de Córdoba, Dolores Sánchez; el alcalde de Hinojosa del Duque, Matías González; la alcaldesa de Torrecampo, Paqui Alamillo; el propio alcalde de Alcaracejos, José Luis Cabrera; los concejales de Cultura de Pozoblanco, Juan Bautista Escribano; de Villanueva de Córdoba, Juan Manuel Rísquez; de Pedroche, Pedro de la Fuente y de Alcaracejos, María José Romo; el concejal de Hinojosa del Duque Juan Felipe Flores; el de Añora, Juan Gómez, y la de Alcaracejos Paula de la Torre. También asistió el coordinador provincial de IU en Córdoba, Sebastián Pérez, que es natural de Hinojosa del Duque.

José Manuel Blanco acompañado de algunos ganadores del premio en ediciones anteriores.

Del mundo de la cultura, destacamos la presencia de anteriores ganadores del Premio Solienses, como Juana Castro, Pedro Tébar, Juan Bosco Castilla y María Pizarro. También asistieron los escritores Isabel Romero (finalista al premio de este año), Juan Ferrero y Alfonso Cantador, que se desplazó expresamente desde Sevilla para acudir a este acto. No faltaron amigos que han colaborado con Solienses en anteriores ocasiones, como los fotógrafos África Villén, Rafa Sánchez y Moisés Vargas; miembros del jurado, como José Luis González, Antonio Morillo, Teresa León, Teresa Madrid, Teodora López, Sebastián Madrid, Feliciano Casillas, Angélica Cabello y Rafaela Redondo; los artesanos de Ofiarpe autores del arado romano, Patricio Moreno, Santiago Valverde y Eduardo Ruiz; periodistas y comunicadores, como Julia López (Hoy al Día), Rosa García (El Día de Córdoba), Pedro García (El Quincenal), Nacho Solaz (Canal 54) y Manolo Marín (Los Pedroches de mi corazón); los investigadores locales José López Navarrete y Sebastián Muriel, así como Juan Madrid, del grupo Alcaria; y, por supuesto, nuestra anfitriona de las reuniones del jurado Daría Romero, presidenta del CIETY muchos otros que ahora no puedo recordar. A todos ellos, gracias, porque sin vuestra asistencia días tan inolvidables como este no serían posibles.


Con La Banda del Soul.

El autor firmando libros en el stand de la librería 17 pueblos.

José Manuel Blanco muestra el arado de Ofiarpe a sus padres.

Un grupo de visitantes en la terraza superior del silo de Alcaracejos.

Vista general del público.

Otra vista del público asistente.
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Demasiadas emociones

De izquierda a derecha, Antonio Merino, editor de Solienses, José Manuel Blanco, Premio Solienses 2022, y José Luis Cabrera, alcalde de Alcaracejos, esta mañana [Foto: Agustín Merino].

Son demasiadas emociones para un solo día, así que dejaré la crónica detallada para mañana. La entrega del Premio Solienses de hoy en Alcaracejos ha sido uno de esos actos que dejan huella, que no olvidaremos fácilmente. O nunca.


 
La Banda del Soul interpreta "Aunque tú no lo sepas", esta mañana durante el acto de entrega del Premio Solienses 2022.
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Así será la entrega del Premio Solienses 2022

Entrada a Alcaracejos por la calle Pozoblanco, con el Silo a la derecha [Fotos: GoogleMaps].

LUGAR


Antiguo Silo de Alcaracejos (hoy Centro termal).

Calle Pozoblanco, 37. 


Cómo llegar: No tiene pérdida, su presencia es imponente. Viniendo desde Pozoblanco o Añora, está en la calle por la que entramos a Alcaracejos, a la derecha. Si venimos desde Córdoba o desde El Viso, al llegar al cruce de los semáforos hay que girar en dirección a Pozoblanco y ahí lo tenemos enseguida, a la izquierda. Si venimos desde Villanueva del Duque, Hinojosa, Belalcázar, al llegar a los semáforos hay que seguir de frente, en dirección a Pozoblanco, y el Silo queda a la izquierda.



PROGRAMACIÓN


11:15 h. Visita guiada al edificio del Silo, a cargo de Antonio Calvo García, técnico de Cultura del Ayuntamiento de Alcaracejos.


12:00 h. Acto de entrega del Premio Solienses 2022 a José Manuel Blanco por su novela Pueblo chico, infierno grande. Intervendrán Antonio Merino, editor de Solienses; José Luis Cabrera, alcalde de Alcaracejos; Sergio Rubio, en nombre del jurado; y José Manuel Blanco, autor premiado, quien recibirá el arado romano de Ofiarpe. El acto se desarrollará al aire libre (tranquilos: habrá sombra).


12:45 h. Actuación de La Banda del Soul


13:05 h. Copa y conversación.


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Diez protagonistas en la entrega del Premio Solienses

Tendrá lugar el próximo domingo 22 de mayo en Alcaracejos.


El autor

José Manuel Blanco es natural de Torrecampo y autor de varias obras de narrativa y reportajes publicadas en Amazon. Justamente estos días acaba de ver la luz su última producción, Seis colores y ocho ciudades, una especie de guía de viajes por ciudades que han inspirado relatos en los que la comunidad LGBTIQ+ se cuenta y se explica a sí misma cómo es su mundo.


La obra

Pueblo chico, infierno grande es la segunda novela del autor, con la singularidad de situar la acción en un pueblo imaginario pero que nos resultará muy familiar. El jurado del Premio Solienses destacó en su fallo "la ruptura que Pueblo chico, infierno grande supone en cuanto al modo costumbrista habitualmente utilizado para contar historias sobre nuestros pueblos, así como el tono divertido y jovial que recorre toda la narración". Igualmente señaló que la novela "contribuye, desde su plasmación idílica y, por tanto, irreal, a la normalización del tema de la homosexualidad en el ámbito rural".


Ofiarpe

La Asociación de artesanos de Los Pedroches Ofiarpe es la artífice de la réplica del arado romano que simboliza el Premio Solienses. Es una obra de creación colectiva, con partes de hierro, de madera y de granito trabajadas por diferentes personas para crear un resultado común. 



El Silo

El silo de Alcaracejos es el edificio más alto de la localidad. Fue inaugurado en 1970 como almacén de cereales y recientemente ha sido transformado parcialmente en centro termal. Presenta una construcción grandiosa que lo convierte en una muestra representativa de la arquitectura industrial de Los Pedroches y, por tanto, del patrimonio monumental comarcal. Sebastián Muriel ha investigado sobre su historia en esta entrada de su blog. A partir de las 11:15 h. se podrá conocer el edificio del Silo en una visita guiada por Antonio Calvo García, técnico de cultura del ayuntamiento de Alcaracejos.



Alcaracejos

La localidad de Alcaracejos está situada en el principal cruce de carreteras de la comarca. Con sus 1.481 habitantes ofrece al visitante recursos turísticos destacados, como el propio centro termal del Silo, el Museo de la Matanza o el Camino Mozárabe a Santiago. Entre sus tradiciones más celebradas destaca el Día de la Matanza, la Romería de la Virgen de Guía y las representaciones de los Coloquios de la Infancia de Jesús, que se celebran cada cuatro años y que tienen el 5 de enero de 2023 su próxima cita.


Sergio Rubio

Sergio Rubio participará en el acto de entrega del Premio Solienses como representante del jurado que lo otorgó. Personaliza el mundo de las redes sociales y la influencia que estas tienen en la cultura y en la sociedad contemporáneas. Sergio puede presumir de ser el instagrammer con más seguidores de la comarca. Su perfil "Relatos en números romanos", en el que publica pensamientos positivos de autoayuda emocional y crecimiento personal, cuenta con 107.000 seguidores. Su página de Facebook mantiene 241.000 seguidores.


La Banda del Soul

La Banda del Soul, de Pozoblanco, cerrará el acto de entrega del premio con un pequeño concierto en formato acústico. Heredera de otros grupos anteriores de la localidad, la Banda representa el espíritu musical pop-rock que siempre ha existido en Pozoblanco. Interpretará cuatro temas, entre ellos un estreno absoluto basado en un poema del poeta local Hilario Ángel Calero.



Hilario Ángel Calero

Natural de Pozoblanco, donde fue bibliotecario y Cronista Oficial. Escritor polifacético, publicó varios libros de poesía donde Los Pedroches estaban siempre presentes y alcanzó cierta fama popular con sus "hilariadas", frases humorísticas al modo de las greguerías de Gómez de la Serna. Este año se cumple el centenario de su nacimiento y desde Solienses, con la generosa colaboración de la Banda del Soul, queremos rendirle este pequeño homenaje para recordar su figura.


17 pueblos

La librería virtual 17 Pueblos asumió hace ya años el reto de poner a disposición de los lectores todos los libros publicados por autores de Los Pedroches o cuya temática esté relacionada con la comarca. Es un instrumento importantísimo de divulgación cultural, porque permite el acceso a obras cuya difusión generalmente es muy reducida y que sería difícil o imposible encontrar de otro modo. La librería 17 Pueblos nos acompaña en el acto de entrega poniendo a disposición de los asistentes el libro ganador de este año y también las obras candidatas y premiadas de ediciones anteriores.


El mundo de la cultura

Durante todas las ediciones anteriores, el acto de entrega del Premio Solienses ha sido una cita para el encuentro entre representantes del mundo de la cultura en Los Pedroches. Escritores, artistas, políticos, asociaciones, periodistas, lectores y público en general acudimos allí para compartir nuestra inquietud y manifestar nuestro compromiso con la comarca. La mera asistencia a este acto constituye un gesto de apoyo a esta iniciativa de promoción de la literatura comarcal y esperamos que así lo siga siendo en el futuro. Gracias Juana Castro por representar este espíritu.


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La Banda del Soul actuará en la entrega del Premio Solienses

La Banda del Soul actuando el verano pasado ante la Catedral de la Sierra en Hinojosa del Duque [Foto: La Banda del Soul]. 

La Banda del Soul es el resultado de la evolución de la histórica Banda Trapera de Pozoblanco, llamada luego simplemente La Trapera. Hace un tiempo tomaron este nuevo nombre conservando varios de sus componentes originales junto a nuevas incorporaciones y ya ofrecieron algunos conciertos el verano pasado en Pozoblanco e Hinojosa del Duque. Juan Manuel Giménez (Lele), Rafa Dueñas, Pepe González, Angélica Pérez, José Manuel Cote (Toti), Mª Ángeles Dueñas, Antonio Jiménez y Miguel Márquez son sus componentes actuales. 

La Banda del Soul nos acompará este año en la entrega del Premio Solienses el domingo 22 de mayo en Alcaracejos, manifestando así también su compromiso con la cultura de Los Pedroches. Interpretará en formato acústico cuatro temas, entre ellos uno especialmente significativo. Se trata de una canción basada en un poema del poeta pozoalbense Hilario Ángel Calero, del que se cumple ahora el centenario de su nacimiento y al que queremos homenajear humildemente de esta sencilla manera. También es posible que escuchemos la nueva versión de "El ajusticiado", un tema inspirado en la ejecución de Pérez Zafra que ya conocimos a través de Solienses hace algunos años. Sin duda, será un magnífico cierre para este reencuentro con la literatura de nuestra tierra.


 
La Banda del Soul interpreta "El sitio de mi recreo" (Antonio Vega).
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Invitación a celebrar la literatura de Los Pedroches


En una fragua de Añora suena un martillo golpeando a su ritmo un hierro sobre el yunque. En Santa Eufemia un artesano de la madera lija y alisa un trozo de encina. En Hinojosa del Duque una maza y un cincel pulen un bloque de granito. El arado romano del Premio Solienses está a punto de nacer, recién confeccionado estos días expresamente para la ocasión feliz que nos aguarda el domingo 22 de mayo a mediodía en el silo de Alcaracejos.


Allí, un año más, nos reuniremos para rendir homenaje a la cultura de Los Pedroches y, singularmente, para celebrar su literatura. José Manuel Blanco recibirá el galardón otorgado a su novela Pueblo chico, infierno grande y le acompañaremos en este día gozoso para él quienes pensamos que la literatura debe ser también un instrumento para cambiar la sociedad en la que vivimos y hacerla mejor en todo aquello que no nos gusta demasiado. En un lugar tan extraño y sorprendente como un silo, que ayer fue almacén de cereales y hoy se ha transformado en centro termal, un híbrido tan extraordinario como la propia naturaleza humana, el Premio Solienses marcará una nueva estación en su peregrinaje anual por los pueblos de la comarca.


Los próximos días iremos avanzando algunos atractivos que acompañarán al acto de entrega del premio. Mientras, en esta primavera tan repleta de ritos y ceremonias que vivimos en nuestra comarca, apunten esta fecha en sus agendas. No se necesita invitación. Tan solo acercarse y entrar al fabuloso mundo literario de Los Pedroches. El de hoy y el de quienes nos precedieron. Bienvenidos.

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El Premio Solienses se entregará en el Silo de Alcaracejos

El silo de Alcaracejos, ayer [Fotos: Solienses].

Desde la terraza superior del silo de Alcaracejos se ven casi todos los pueblos de Los Pedroches. Es el privilegio de estar en el centro de la comarca. "Allí está Villanueva del Duque, Fuente La Lancha, Hinojosa del Duque y en los días claros se distingue perfectamente el castillo de Belalcázar", me dice José Luis Cabrera, alcalde de Alcaracejos, mientras me va indicando. Y, por el otro lado, Villaralto, El Viso, Añora, Pozoblanco... "Este silo es uno de los edificios más elevados de Los Pedroches. No sabemos exactamente cuál es su altura, pero probablemente lo tengas que incluir en el ranking de los edificios más altos de la comarca que publicaste hace algún tiempo".


Hemos acudido a visitar el edificio del silo para ver las posibilidades de realizar allí este año la entrega del Premio Solienses. Buscamos siempre muestras relevantes del patrimonio monumental de Los Pedroches, donde habitualmente no se realizan actos de esta naturaleza, precisamente con la intención de llamar la atención sobre estas construcciones y darlas a conocer entre los asistentes a esta cita de la cultura comarcal en la que se ha convertido la ceremonia de entrega de nuestro Premio. El silo es un ejemplo muy destacado de arquitectura industrial, un ámbito monumental al que generalmente no se presta atención, quizás porque nos cuesta reconocer los valores históricos y artísticos de edificaciones relativamente recientes y que obedecen a principios estéticos contemporáneos. 


El silo de Alcaracejos fue inaugurado en 1970 con una capacidad para 4.000 toneladas de grano, por lo que está considerado el mayor de Andalucía. Pertenece al tipo D, según la clasificación establecida para estudiar todos los silos de España, que combina funcionalidad, sencillez y economía. Se trata de un silo de recepción del que existen 393 unidades construidas por todo el territorio nacional, siendo la tipología más extendida. Está formado por celdas de sección cuadrangular y muros de fábrica de ladrillo armado. Las filas de celdas laterales están apoyadas sobre el terreno, dejando un pasillo central de maniobra sobre el cual se sitúa otra fila de celdas de menor capacidad. La torre está situada en el frontal del edificio, quedando diferenciada del resto del cuerpo de celdas. Desde el punto de vista arquitectónico, se distingue una línea racionalista, inspirada por el International Style, que se introdujo en España en los años 50 y pasó a convertirse en el estilo arquitectónico dominante hasta los años 70. Se caracteriza por un énfasis en volumen sobre masa, el uso de materiales industriales ligeros, producidos en serie, el rechazo de todo ornamento y color, formas modulares repetitivas y el uso de superficies planas. 


Pasillo central de una de las plantas intermedias del silo y estructuras metálicas originales para la conducción del grano.

El silo de Alcaracejos, como los de Pozoblanco (1956), Hinojosa del Duque (1956) y Villanueva de Córdoba (1968), pertenecieron a la Red Nacional de Silos y Graneros, un proyecto impulsado por el Servicio Nacional del Trigo durante la etapa autárquica de la dictadura franquista para dotar a las zonas agrícolas españolas de una serie de almacenes de cereal. Los objetivos del proyecto eran posibilitar la compra de toda la cosecha de trigo a los agricultores, conservar una reserva nacional para garantizar el consumo, permitir la recepción en puerto del trigo de importación y eventual exportación y la adecuada manipulación del grano y selección y tratamiento de semillas. Los silos constituyen edificaciones monumentales, que sobresalen en el perfil urbano de los pueblos en los que se ubican y que sugieren, como se ha dicho en muchas ocasiones, un aspecto catedralicio por su grandiosidad y altura.


Tras su cesión al Ayuntamiento de Alcaracejos por parte de la Junta de Andalucía en 2010, la planta baja del silo de Alcaracejos ha sido reformada y adaptada como centro termal, configurándose como un gran atractivo turístico en Los Pedroches. Pero el resto de la construcción mantiene su estructura y forma primitiva y conserva muchos elementos de la maquinaria original, una parte integrada en las nuevas instalaciones balnearias y otra aislada todavía en su contexto inicial. La visita al silo constituye, por tanto, un viaje en el tiempo hacia unas formas de economía agrícola que tuvieron gran importancia en Los Pedroches del siglo XX, ahora combinado con las tecnologías más modernas (como su ascensor exterior que lleva hasta la terraza).


Todo esto lo podremos ver el domingo 22 de mayo, cuando nos reunamos allí para entregar el Premio Solienses 2022 a José Manuel Blanco por su novela Pueblo chico, infierno grande. El lugar no puede ser más adecuado y conviene plenamente a la obra premiada: ambos, el libro y el lugar, ofrecen una ocasión para el ocio y el esparcimiento, un chute de positividad con un punto disruptivo, una ofrenda rural al feel good. Y desde la terraza se ven todos Los Pedroches.

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El Premio Solienses se entregará el domingo 22 de mayo


Numerosos seguidores de Solienses me preguntan sobre cuándo y dónde será la entrega del Premio Solienses este año. Es cierto que cuando se proclamó el fallo del jurado adelanté que la entrega sería en el mes de abril, pero luego he ido viendo la imposibilidad de realizarlo según lo previsto. En resumen: todos los domingos de este mes están copados de actividades y celebraciones. El primero iba a realizarse la manifestación en la estación del AVE (luego suspendida); el segundo y el tercero los absorbe la Semana Santa y su ceremonial inmenso, y el cuarto trae consigo la romería de la Virgen de Alcantarilla de Belalcázar y la Feria Agroganadera en Pozoblanco. Mayo se presenta igualmente intenso: el día 1 tenemos las Cruces de Añora, la romería de la Virgen de Veredas en Torrecampo, la Virgen de Guía en Hinojosa del Duque, la Virgen de Loreto en Dos Torres, la Divina Pastora en Villaralto. El 8 es la romería de la Virgen de la Antigua en Hinojosa del Duque, las fiestas de San Gregorio en Pozoblanco y Conquista y la Feria del Pastoreo en Villaralto. El 15, San Isidro en casi todos los pueblos...


En fin, me ha parecido encontrar un oasis el domingo 22 de mayo y ahí vamos a volcar nuestro esfuerzo. Próximamente informaremos del lugar donde se realizará el acto, que intentaremos que sea, como siempre, un espacio relevante del patrimonio monumental de Los Pedroches, aunque este año quizás le demos un giro de contemporaneidad. La ceremonia de entrega del premio irá acompañada también de actividades complementarias, con música en directo, un homenaje y una exposición. Y hasta ahí puedo escribir de momento.


Todos los seguidores de Solienses y del Premio Solienses están invitados desde ahora al acto, que es una ceremonia de convivencia para quienes se sientan partícipes de la cultura en Los Pedroches. Reserven hueco en su agenda para el domingo 22 de mayo a mediodía. 

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El Premio en los medios







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El Premio Solienses reconoce la contribución de José Manuel Blanco a la normalización del tema de la homosexualidad en el ámbito rural

José Manuel Blanco, la semana pasada en Torrecampo [Fotos: Solienses] 

La novela Pueblo chico, infierno grande, de José Manuel Blanco, ha sido galardonada esta tarde con el Premio Solienses 2022, que reconoce al mejor libro publicado por un autor de Los Pedroches durante el año anterior y que alcanza ya su decimotercera edición. El jurado ha destacado "la ruptura que Pueblo chico, infierno grande supone en cuanto al modo costumbrista habitualmente utilizado para contar historias sobre nuestros pueblos, así como el tono divertido y jovial que recorre toda la narración". Según el fallo, la novela de José Manuel Blanco "recoge, de una forma desenfadada y con gran sentido del humor, algunas de las costumbres y usos tradicionales de la comarca y contribuye, desde su plasmación idílica y, por tanto, irreal, a la normalización del tema de la homosexualidad en el ámbito rural".

El autor se suma así a una larga nómina de escritores de Los Pedroches que han recibido el Premio Solienses con anterioridad, en la que se encuentran autores como Juana Castro, Alejandro López Andrada, Pedro Tébar, María Antonia Rodríguez, Francisco Antonio Carrasco, Félix Ángel Moreno Ruiz, Francisco Onieva, María Pizarro, Juan Bosco Castilla y Ana Castro. 

José Manuel Blanco (Torrecampo, 1989) es periodista y escritor. Pueblo chico, infierno grande es su segunda novela, tras Dónuts, barbas y mancuernas (2020) y su cuarto libro, después de la colección de relatos Revolución en la Red (2018) y el libro de viajes Río 21 grados (2019), publicados todos ellos en Amazon. Es divulgador en redes sociales de literatura y cine sobre temática LGTBI. 

La novela ganadora cuenta la peripecia de un abogado homosexual madrileño que acude a un pequeño pueblo buscando a los herederos de un cliente. El choque entre la vida de ciudad y el mundo rural, unido a un inesperado encuentro, desembocará en una imprevisible historia de amor. Pueblo chico, infierno grande constituye una comedia romántica de temática gay con tendencia feelgood, que busca básicamente entretener haciendo que el lector se sienta bien. 

El jurado, que se reunió este domingo en el Cortijo Rural El Mohedano, en plena dehesa de Los Pedroches, ha estado formado en esta ocasión por José Jurado Gómez, artista visual y profesor de Educación Plástica (que asistió de forma telemática); Teresa León Gómez, presidenta de la Asociación 'Piedra y Cal' de Pozoblanco; Teodora López Caballero, profesora de Lengua y Literatura Española; Teresa Madrid Gil, responsable de la Biblioteca Municipal de Añora, y Sergio Rubio Muñoz, autor del perfil en redes sociales "Relatos en números romanos". Ha actuado como secretario, con voz pero sin voto, Antonio Merino Madrid, editor del blog Solienses que organiza el Premio. 

El autor premiado recibirá una réplica a escala de un arado romano realizada por la Asociación de Artesanos de Los Pedroches Ofiarpe en el curso de un acto público que tendrá lugar durante el mes de abril.

Jurado del Premio Solienses 2022, reunido hoy en el cortijo rural El Mohedano.çç

Parte del jurado junto a Daría Romero, anfitriona del encuentro.

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El Premio Solienses se fallará el próximo domingo

Los tres autores candidatos al premio, el pasado sábado en Pozoblanco [Foto: Solienses]. 

Tras algunos contratiempos, será finalmente el domingo 13 de marzo por la tarde cuando se emita el fallo del jurado y conozcamos cuál es el libro ganador del Premio Solienses 2022. Sabremos entonces qué nombre de escritor o escritora de Los Pedroches debemos sumar a una larga nómina en la que ya se encuentran Juana Castro, Alejandro López Andrada, Pedro Tébar, María Antonia Rodríguez, Francisco Antonio Carrasco, Félix Ángel Moreno Ruiz, Francisco Onieva, María Pizarro, Juan Bosco Castilla y Ana Castro. 

El pasado sábado se celebró el "Café con Letras" que organiza la Biblioteca Municipal de Pozoblanco dedicado a los candidatos del Premio de este año, al que asistieron José Manuel Blanco, Gloria Cambrón Pimentel e Isabel J. Romero. Durante los últimos días hemos publicado también sendas entrevistas con cada uno delos autores finalistas:


Quienes deseen adquirir los libros de Gloria Cambrón e Isabel J. Romero pueden hacerlo a través de la librería virtual 17 pueblos y el de José Manuel Blanco en Amazon.


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José Manuel Blanco: "Ojalá en la vida real todo fuera tan idílico como he contado en este pueblo"

Entrevista a los candidatos al Premio Solienses 2022



José Manuel Blanco, el pasado sábado en Torrecampo. [Fotos: Solienses].

De la entrevista con José Manuel Blanco he aprendido que hay que planificar mejor las cosas. Una entrevista hay que realizarla tranquilamente, sentados ambos frente a frente, atento uno a la respuesta del otro para dirigir mejor la pregunta. En esta ocasión, por una conjunción de circunstancias adversas, alguna de ellas muy dolorosa, no pude llevar a cabo la entrevista que el entrevistado se merecía, ni en el lugar que le corresponde ni con la atención que su figura requería. El proceso rozó en momentos lo esperpéntico, siempre por culpas achacables a mí, y queda en mi memoria como una peripecia que no se debe repetir. Te pido disculpas, José Manuel. El resultado, sin embargo, ha merecido la pena.

José Manuel Blanco (Torrecampo, 1989) es periodista y escritor. Pueblo chico, infierno grande, la obra con la que opta al Premio Solienses 2022, es su segunda novela, tras Dónuts, barbas y mancuernas (2020) y su cuarto libro, después de la colección de relatos Revolución en la Red (2018) y el libro de viajes Río 21 grados (2019), publicados todos ellos en Amazon. Es divulgador en redes sociales de literatura y cine sobre temática LGTBI.

Pueblo chico, infierno grande puede considerarse, por un lado, una comedia romántica de temática gay y, por otro, una novela feelgood, ese subgénero reciente que persigue una literatura cargada de connotaciones positivas, que busca entretener haciendo que el lector se sienta bien. Es una historia amorosa entre hombres que se desarrolla en cualquiera de nuestros pueblos con una naturalidad que pasma y que quizás sin pretenderlo abre un horizonte inesperado en la literatura rural de la despoblación.


Pregunta. ¿Cuál fue tu intención al escribir esta novela? ¿Buscabas meramente entretener al lector o persigues algún objetivo reivindicativo?


Respuesta. Mi intención era entretener. Después de conocer la anécdota de ese abogado extranjero que fue a Torrecampo buscando los herederos de un cliente empecé a imaginar algo divertido con eso, una persona que se metiera en un ambiente totalmente opuesto al suyo y a partir de ahí generar comedia, el pez fuera del agua. Construí la novela con el objetivo de que quien la leyera se divirtiera, que fuera una novela agradable, feel good. Y yo también pasé un buen rato escribiéndola.


P. Sin embargo, este asunto de la búsqueda del heredero, que inicialmente parece el leit-motiv de la novela, finalmente queda algo desdibujado, porque te centras más en la historia amorosa, a pesar de que aquel tema proporcionaba una cierta intriga a la narración.


R. Sí, ese era el tema de partida para hablar de una persona que quiere cambiar de aires o cambiar de vida. De hecho, inicialmente tenía pensado un final más parecido al real, es decir, que el abogado regresa a Madrid, pero con un cambio de vida, puesto que él se había transformado. No había conseguido el objetivo laboral, pero personalmente había cambiado. Por tanto, ese era el punto de partida para que el personaje se transformara. Pero luego el tema herederos se convirtió como en el macguffin de las películas de Hitchcook, un elemento que activa el que le pasen otras cosas al protagonista y se realice su transformación.  Pero la novela no va sobre la vida rural o sobre algunos herederos, sino que los temas son el pasado, el perdonarse a sí mismo, etc. 


"Construí la novela con el objetivo de que quien la leyera se divirtiera, que fuera una novela agradable, feel good".


P. Tu novela plantea, entre otros dilemas, el enfrentamiento entre la vida en el pueblo y la vida en la ciudad. Tú mismo conoces las diferencias entre ambos ámbitos. ¿Qué ventajas e inconvenientes ves en cada sitio?


R. En la ciudad tienes una mayor diversidad cultural, laboral, de ocio, para conocer gente, y luego en el pueblo tienes la tranquilidad, el aire puro. En mi novela, el protagonista, Beltrán, vive en el pueblo ese cambio, el salir de una vida que le ahoga y poco a poco, a pesar de que le horroriza la idea al comienzo, le va atrayendo incluso hasta para quedarse a vivir allí.


P. ¿Hay en tu novela una reivindicación de la vida en el pueblo?


R. Yo creo que no era mi intención inicial, no era tanto una defensa como sí sacar lo bonito o lo que a mí más me gusta del pueblo, pero finalmente sí que puede ser que haya una defensa sin haberlo pretendido, hasta el punto de que el protagonista se enamora de eso. 


P. De hecho aunque en la novela se plantea el choque entre los comportamientos de los urbanitas y los naturales del lugar, se percibe sin embargo una mayor simpatía hacia las cosas del pueblo, tanto hacia los personajes como hacia la forma de vivir.


R. Ahí sí que había como más cariño. Por ejemplo, el personaje de Jacobo es como más caricatura, cuando a él le da tanta repulsa el pueblo yo miraba para que siempre ganara lo local y Beltrán, al irse enamorando poco a poco y aceptar las cosas del pueblo, también se convierte en un personaje al que cogerle más cariño.


P. ¿Podemos decir que tu novela es literatura rural?


R. Pues si literatura rural es la literatura ambientada en un entorno rural, supongo que sí. Había desde luego una intención de reivindicar ciertas comidas, ciertos olores, ciertos sabores, es decir, cosas que a mí me gustaban de donde vengo. No tanto reivindicar la vida rural como ciertas cosas aisladas de la cultura popular.


"En esa expresión libre de la sexualidad hay también espacio para meditar sobre cómo nos relacionamos con otras personas."


P. Cuando leemos tu novela, aunque le has puesto un nombre ficticio, reconocemos tu pueblo o cualquier otro de Los Pedroches. ¿Por qué no has conservado los nombres originales?


R. Me gustaba más presentar un pueblo ficticio, porque además no es solo Torrecampo. Por ejemplo, cuando escribía sobre la plaza del ayuntamiento tenía en la mente la de Dos Torres y luego los apellidos son típicos de Torrecampo, pero también de otros pueblos de la comarca, y la "manta de viaje" es típica de Pedroche. Quería hacer un pueblo anónimo, que no se identificara con una localidad en concreto, sino que englobara a todos. Aun así, hay algunos guiños específicos para Torrecampo, como el nombre del personaje Sebas, que se llama como el patrón de la localidad, y el hecho de que los personajes coman tales cosas o que haya tal olor era una forma de homenajear, o apreciar, o estimar, o valorar eso que forma parte de mí.


En una calle de Torrecampo, con el campanario de la iglesia al fondo.


P. Hay algunos pasajes que a los que conocemos la vida en el pueblo nos parecen un tanto inverosímiles, como la figura del alcalde gay, vaquero de profesión y con esa casa tan de loft madrileño. Tú conoces la vida en el pueblo, por lo que deduzco que esta aparente incongruencia es voluntaria, buscada.


R. Exacto. Es una situación buscada, forzada a propósito. Se trataba de construir un entorno superidílico, que no es la vida real. Se trata de una ficción en la que pretendo crear un ambiente muy amable. Lo del loft ya te digo que sí es posible, incluso yo en mi pueblo he visto desde la calle alguna casa que se le parece bastante, pero en todo momento he sido consciente de que en la vida real probablemente tal situación no existiría, que no lo tenemos aún en Los Pedroches, pero podría pasar. 


P. En la novela hay una aceptación natural de la orientación sexual de los personajes, incluso por parte de los tipos que podríamos considerar más reaccionarios. De algún modo has convertido el pueblo en un paraíso gay. Sin embargo, todo se expresa con naturalidad, sin subrayados artificiosos, de modo que, si te metes en la trampa que la novela plantea, todo resulta natural y congruente. ¿Has querido con tu novela reflejar más bien un deseo antes que una realidad?


R. Claro, no se trata de un novela realista. Se trataba de construir un mundo idílico, en el que todo es perfecto, a pesar de que los personajes obviamente tienen sus conflictos. En todo momento buscaba crear un mundo maravilloso para leerlo y disfrutarlo, no pretendía hacer un reportaje ni una no ficción que podría presentar una realidad más cruda. A partir de esa idealización, de querer construir una novela feelgood, de sentirse bien y pasar un rato agradable, un género muy relacionado con la comedia romántica, y a partir de ese entorno idílico, superficticio, me propuse desarrollar otros temas, y que el personaje principal tuviera ese cambio. En realidad he comprobado que en casi todos mis escritos el tema principal es el pasado, me obsesiona en la vida real ese saldar cuentas con el pasado y poner paz, y este es un libro sobre uno mismo y sobre cómo poner paz en uno mismo.


P. Porque sabemos bien que el mundo rural es todavía un ámbito donde no está del todo normalizada la aceptación de la orientación sexual o la identidad de género que no sea heterosexual. ¿Crees sin embargo que se ha avanzado en este sentido o que aún hay mucho camino por recorrer?


R. Todavía hay muchísimo que hacer, aunque se ha avanzado bastante. Con el ascenso de ciertos tipos de discurso de odio todavía hay mucho que hacer, sin duda.


P. ¿Hay en tu novela algún componente reivindicativo en este sentido?


R. Creo de alguna manera que al presentar este pueblo tan idílico se podría pensar: ojalá todos los ambientes rurales fueran así, porque no es lo mismo poder desenvolver tu orientación sexual en una ciudad que en un ambiente rural, lógicamente. Por tanto, podríamos plantear que ojalá que en la vida real fuera todo tan idílico como he contado en este pueblo, por lo que de algún modo ahí está ese componente reivindicativo.


P. Tu anterior novela también tenía un protagonista gay y tú mismo eres un divulgador de la literatura LGTBI en redes sociales. ¿Estamos ante un subgénero narrativo en la literatura actual? ¿Hay un público lector que busca específicamente estos temas?


R. Hay un debate en torno a las etiquetas, pero la veo adecuada para clasificar el género, porque te permite, si eres una persona del colectivo, encontrar esas lecturas con las que identificarte, o sobre tu historia o las personas que te antecedieron y gracias a las cuales estamos aquí. Y hay un público que busca estos temas, hay librerías especializadas, como la Berkana en Madrid, donde siempre te encuentras gente, bien miembros del colectivo o personas que quieren saber más sobre este tipo de libros.


P. ¿Crees que, como ocurre con la literatura rural, hay un componente de moda?


R. Yo no creo que haya un componente de moda, la librería Berkana va a cumplir treinta años ahora. Yo creo que la sociedad cada vez es más abierta y el público busca cada vez más esos libros, aparte de que hay editoriales que apuestan por esos textos.


José Manuel y el editor de Solienses en Torrecampo.

P. ¿Qué libro recomendarías de esta temática que pudiera interesar al público en general?


R. A mí me gusta mucho recomendar, porque cuando en Solienses hablaste de mi libro dijiste que era una "novela frívola", a mí me gusta mucho recomendar otra novela frívola que se llama Nueva York de un plumazo, de Mateo Sancho. El autor es periodista y profesor de universidad, ahora vive en Nueva York y cuando se mudó allí para trabajar como corresponsal de la agencia EFE su vida dio un giro porque comenzó a disfrutar más de su sexualidad o a disfrutarla de otra manera. En ese libro, que es de autoficción, él cuenta la historia de otro periodista y todas las ventajas que Nueva York ofrece para el hombre gay, blanco, de cierta posición social, pero también habla de las frustraciones o de la homosexualidad en la vejez. Es un libro que se lee muy bien y se disfruta con él, pero a la vez te sirve para reflexionar, porque en esa frivolidad, en esa expresión libre de la sexualidad hay también espacio para meditar sobre cómo nos relacionamos con otras personas.


P. Lo de frívolo yo lo dije como un valor de la novela, en el sentido de que presenta unos personajes gay pero sin insistir demasiado en ello, ahí se lanzan, son así, y ahora que defiendan ellos como puedan su conflicto amoroso en un medio hostil.


R. Sí, sí, si yo estoy de acuerdo en lo de frívolo y desacomplejado. Lo mismo pasa en Dónuts, barbas y mancuernas, mi anterior novela. No son novelas de iniciación, de personas que descubren su sexualidad, sino que ya hemos salido del armario, tenemos equis vida, nuestros conflictos ahora son otros, que nos podemos enamorar de una persona que no nos haga caso, ese conflicto de amor-desamor, que es el mismo que puede tener una persona hetero.


P. En todos los años del Premio Solienses, y llevamos ya trece ediciones con esta, es la primera vez que aparecen personajes LGTBI en los libros candidatos (salvando algunos poemas  de Verónica Moreno). ¿Puede ser esto un reflejo de que el tema de la homosexualidad no está tan normalizado como a veces tendemos a creer?


R. O por lo menos no tan normalizado entre los autores y las autoras de Los Pedroches, habría que preguntar a ellos. Sin embargo, en términos generales, cada vez hay más literatura con personajes LGTBI, hay librerías especializadas, hay editoriales especializadas, aunque quizás en nuestro ámbito tan reducido no está tan normalizado. Ojalá poco a poco se vaya corrigiendo.